Comida real: qué es, qué no es y cómo identificarla.


Imagen sacada de Pixabay
El movimiento Realfooding es una creación del nutricionista-dietista Carlos Ríos que, con gran trabajo, mucha dedicación y cierto arrojo, ha conseguido situarlo como referente en las RRSS, sobre todo en Instagram, teniendo hoy día miles de seguidores —realfooders— que se han convencido de sus beneficios.

Pero ¿qué es Realfooding? Realfooding surgió como reacción al avasallamiento por parte de medios de comunicación y publicitarios, de supermercados y grandes superficies varias con respecto al consumo sin fin de alimentos ultraprocesados, presentándolos a veces como saludables y equilibrados, algo que no se ajusta a la realidad. Carlos Ríos mostraba en sus imágenes y comentarios qué ingredientes se esconden detrás de productos ultraprocesados habituales, como  galletas, cacaos solubles, bollos, comida preparada…, mostrando cuales no son recomendables como producto de consumo habitual y cómo identificarlos. En contraposición, este experto nos muestra alimentos naturales o con poco procesado y cómo combinarlos para poder llevar una alimentación sana, variada, amena-apetecible y saludable.

Ello nos lleva a la pregunta que, casi siempre, el consumidor se hace cuando les presentamos ciertos conceptos: ¿qué es ultraprocesado?, ¿qué es procesado y en qué se diferencian de los alimentos frescos-naturales? Aquí es donde se genera el lío de términos para quienes no están acostumbrados a su uso. Lo primero que debemos entender es que casi todos los alimentos que consumimos frescos o elaborados, conllevan cierto grado de procesado o manipulación, los frescos también; la cuestión es lo que se le quita o se le añade en ese proceso, de resultas de los cuales el alimento sea saludable o no; este es el auténtico quid de la cuestión
Empecemos clasificar a los alimentos en base a su procesado (1)

(1)  Clasificación basada en la de Carlos Ríos, 16 enero 2017, ¿Qué es comida real? La nueva clasificación de la alimentación. Realfooding. Disponible en https://realfooding.com/queescomidareal/

Alimentos frescos o mínimamente procesados: son aquéllos que nos llegan al mercado tal cual se recolectan o que han sido manipulados al mínimo, pero que su aspecto final en el mercado los hace fácilmente identificables: 
  • Verduras, hortalizas y frutas —entre las que se encuentran el aguacate y el tomate—
  • Frutos secos crudos
  • Legumbres: entre los que también encontramos guisantes, cacahuetes, soja y altramuces.
  • Pescado y marisco sin procesar 
  • Tubérculos: patatas, boniatos y batata frescos.
  • Cereales 100% integrales o de grano entero: trigo, avena, cebada, centeno, arroz, pseudocereales como quinoa y semillas como maíz
  • Huevos
  • Carnes sin procesar, animal entero o sus fracciones, limpias o no. 
  • Leche fresca —no la que ha sido desnatada o semidesnatada ni la que le han añadido vitaminas—
  • Hierbas, especias y semillas: pipas, sésamo, pimienta, pimentón, cominos, laurel…
  • Café e infusiones, te, manzanilla…
Procesados: En este caso el alimento original ha sido elaborado de alguna forma a nivel industrial de tal forma que el alimento original no se identifica de forma visual o su composición inicial ha sido modificada en cierta medida. Ha sido laminado, triturado o licuado de tal forma que se eliminen partes no comestibles. Suele estar envasado y en su etiqueta no lleva más de uno a cuatro ingredientes. Bien en este grupo podemos encontrar procesados saludables y procesados menos saludables:


En general, los buenos procesados no tienen exceso de azúcar y el que contengan, como en una conserva de tomate, la leche o un yogur natural, será derivado de los azúcares propios del alimento de origen. Debemos acostumbrarnos a mirar la etiqueta y comprobaremos que se trata de un procesado saludable si por cada 100 g de producto no tienen más de 10 g de azúcares. Lo ideal es que no superen los 5 g de azúcares por cada 100 de producto, que en muchos casos son los azúcares propios del alimento. Al día no debemos sobrepasar los 25 g de azúcar: 6 terrones de azúcar o 5 cucharaditas de azúcar… ¡al día!

Con respecto a la sal, no deberíamos consumir más de 5 g de sal al día, que equivale a una cucharadita de café (más o menos); insisto: esta cantidad de 5 g es para todo el día. Al mirar la etiqueta puede que no indique la cantidad de sal por cada 100 g de producto, pero a veces lo pone en forma de sodio. (La sal es cloruro de sodio o NaCl) Para saber cuánta sal es, Sal=sodio × 2.5, es decir, para calcular el contenido en sal de un alimento hay que multiplicar por 2,5 los gramos de sodio que indica la etiqueta. Una buena opción es poner a remojo los encurtidos o las conservas de vegetales enteros o de legumbres para reducir lo más posible ese exceso de sal que supone el proceso de elaboración.

Donar un riñón en vida. Mi experiencia. Por Lola Montalvo


El hecho de donar un riñón en vida supone que una persona sana decide, de forma libre y sin coacciones de ningún tipo, que quiere dar uno de sus riñones a una persona que lo precisa. En España, líder mundial de donaciones en general, este proceso es extremadamente escrupuloso en lo que se refiere a la selección de estos donantes y en el protocolo que lleva a consumar este tipo de trasplante. En esta colaboración para el blog de Ana Hidalgo, «Vivir con insuficiencia renal», me voy a limitar a contar mi experiencia.

¿Cómo se toma la decisión de donar un riñón en vida? Esa decisión se toma cuando alguien muy cercano a ti enferma de una ERC, que deriva en IRC y debe empezar con diálisis. En mi caso el enfermo es mi pareja.

Cuando el médico os dice que su situación se ha agravado, que está peor, que la dieta —dieta horrible, restrictiva, monótona, sosa…— y la medicación no han podido impedir que su creatinina esté fatal y su urea se encuentre niveles imposibles, que debe empezar con la diálisis. El miedo es tan poderoso en ese momento —por el miedo a lo desconocido o por el miedo a lo ya vivido— que suele ayudar a decidirse. Además, mi pareja, al principio de su enfermedad, recibió un trasplante que se complicó y casi le cuesta la vida. A partir de ese trasplante fallido sus posibilidades de recibir otro riñón se redujeron en un 95%... Sus posibilidades de recibir otro por la lista habitual eran casi nulas y su mejor opción siempre fue una donación de vivo, eligiendo un donante que fuera lo más compatible posible.

Me decidí a dar ese paso y, desde el mismo momento que tomé esa decisión, empezó el vértigo.

Sí, no voy a negar que, desde el mismo instante en que tomé la decisión de donar un riñón para que mi pareja tuviera una oportunidad, un runrún me atenazó el estómago, un cosquilleo sordo y constante de miedo ante lo desconocido. Cierto. Así fue, quiero ser honesta. Ese miedo lo tuve que sufrir con altibajos durante más de cuatro años, porque en mi caso no era una donación directa de mí a mi pareja; como no somos compatibles, nos incluyeron en la lista de trasplante cruzado —yo dono un riñón a una persona y el donante-pareja de ese donante, le dona su riñón a mi pareja— que rige en España y tuvo que pasar este espacio de tiempo tan largo hasta que se encontró a alguien compatible para que el trasplante se formalizara.

Sí, pasé miedo y no voy a negar que a veces me preguntaba si no sería mejor que le llegar un riñón adecuado para trasplantar por la lista normal de trasplante, la lista de fallecidos que son donantes. El miedo es poderoso, te roe y te atrapa hasta en el momento menos esperado… pero aún así, nunca me eché a atrás. Tuve miedo, pero mi decisión era firme. Quería hacerlo. Quería que mi pareja tuviera una oportunidad de tener una vida mejor, salir de la diálisis que le tenía preso desde hacía tanto tiempo. Mis hijos nunca conocieron a su padre sin diálisis.

En todo este tiempo que tuvimos que esperar me hicieron decenas de análisis, de pruebas, de consultas en nefrología, urología, psicología, trabajo social… Algunas pruebas las llevé mejor que otras y no siempre me trataron bien. Nunca digo que soy enfermera, nunca, porque creo que eso puede condicionar la atención que recibo, algo así como que espero algo que de verdad no espero en absoluto. Un día me citaron en el hospital para una prueba concreta con contraste; reconozco que me puse un poco nerviosa porque tengo ciertas alergias y me daba miedo el contraste —que nunca me habían administrado—. Mi nerviosismo me llenó los ojos de lágrimas, me suele pasar… y el enfermero que me puso la vía, lejos de tranquilizarme, se burló de mí y me dijo con muy poco tacto: «si te da miedo esto, pues verás cuando te operen… deberías planteártelo». Salí llorando de la sala de Rayos sin una sola palabra amable que me acompañara.

Aún así, mi decisión fue firme en todo momento, porque siempre me planteé que la vida de mi pareja debía mejorar, merecía una oportunidad, porque con su vida también cambiaría la mía y la de mis hijos. Le veía sufrir, le veía sacrificarse en la comida, en los líquidos que podía beber, la fruta que no podía comer, limitando nuestra vida social, la de nuestros hijos, pensando que jamás recibiría un trasplante. Cuando salía el tema, él me decía siempre que no lo hiciera si tenía la más mínima duda, que no lo hiciera. Porque él nunca me lo pidió. El presentarme como donante para trasplante cruzado fue idea mía al leer en una publicación sanitaria que se empezaban a incluir parejas en la lista de espera diseñada a tal fin. Y yo sabía que él tenía miedo por mí, que temía que me pasara algo.

El tiempo corrió y el día llegó. Mi miedo ya era un algo tangible, real. Pasé por la cita del Comité de ética de nuestro hospital de referencia y por la cita con el Juez, en dos días distintos, y a todos ellos les manifesté que sí, que tenía miedo pero que sabía lo que hacía, que estaba convencida de que deseaba hacerlo y que mi pareja jamás me había instigado para que me ofreciera a donar. Cuando salí de allí me sentí bien, me sentí fuerte. Sabía que eso es lo que debía hacer. Porque, además, entendí que en otra parte de España había otra pareja igual que nosotros, que estaba dado los mismos pasos, sufriendo los mismos requisitos, con los mismos temores y eso me hacía comprender que con mi acto de donación estaba ayudando a dos familias a tener una nueva oportunidad de una vida «normal», una vida fuera de la diálisis: la del receptor y la mía. Este pensamiento me acompañó desde que firmé ante el juez y me acompaña aún hoy día, casi cinco años después.

Uuuuffff, la operación y mi estancia en el hospital fue una experiencia llena de luces y sombras en las que prefiero no ahondar en este momento, porque es cierto que en los servicios de los hospitales no siempre están los que deberían y yo tuve la mala suerte de tropezar con algún mal ejemplo de lo que jamás debe ser la enfermería.

Pero todo pasó casi en un suspiro, con pocas molestias y ninguna complicación. Desde el primer momento el riñón que recibió mi pareja funcionó a la perfección, su función fue más que adecuada y todo fue magníficamente bien. Cada día que pasaba me daba cuenta de que había hecho lo correcto y me sentía muy orgullosa de que el miedo no me hubiera hecho cambiar de opinión. Y no dejaba de imaginarme a otra familia, en otro punto de España, que vivía la misma sensación y esperanza que nosotros. Ahí radica la magia de esto: alguien lleva una parte de mí y eso le ayuda a vivir una vida mejor, espero que le dure toda una vida y sea feliz. Todo ha merecido la pena sin duda alguna, cada día que pasa, cada control de nefrología satisfactorio que pasa mi marido me llena de alegría y me hace entender que hice lo que debía hacer.

La ciencia avanza a una velocidad de vértigo; las máquinas de diálisis cada día son más pequeñas y eficaces, se están ensayando riñones biónicos y un día se diseñarán injertos a la carta que cumplan los perfiles antigénicos de cada persona que lo precise. Un día, estoy segura de ello, no serán necesarios los trasplantes. Lo sé. Pero hoy día siguen siendo imprescindibles, hoy todavía hace falta que alguien done tras su muerte para que otras personas tengan una oportunidad de vida o se hace preciso la donación de vivo de alguien cercano al que le mueve, no solo la solidaridad, sino el cariño y el amor. Creo que pocos actos de generosidad humana se pueden comparar con las donaciones… muy pocos.

Ana Hidalgo es de las personas que más campaña hacen en favor de la donación de órganos y tejidos. El que me pida este artículo para su blog es muestra de ello y le doy las gracias por contar siempre conmigo y prestarme su espacio para expresarme. El bloguero Keko Iglesias también hace una maravillosa labor con su espacio y ha creado un eslogan que me gusta mucho: «Disfruta de la vida y luego dónala». Y eso mismo os pido yo como colofón a este texto.


Gracias por todo. Un abrazo.


Lola Montalvo
19 abril 2019

Lola Montalvo. Enfermera 
Lola Montalvo. Escritora 




Ana Hidalgo 



Cuatro trasplantes

Foto de: Pedro Soriano y #FFpaciente
Son muchas las preguntas que me hacen en torno a este último trasplante... y debo aclarar que cada persona es un mundo y en la misma persona, cada trasplante, puede transcurrir de manera diferente: edad, condición física, rechazo agudo, post-operatorio fácil o complicado... Yo voy a explicar un poco cada uno de ellos, porque ninguno fue igual, ni siquiera parecido.

El primero de mis trasplantes sucedió cuando yo contaba con 17 añitos. Era una adolescente presumida y muy preocupada por los amigos e ir a bailar. Por aquella época me realizaba hemodiálisis. Era joven y fuerte y la operación transcurrió sin complicaciones. Estuve en una habitación aislada durante algo más de una semana (no lo recuerdo exactamente) y de ahí me dieron el alta y para casa y la calle (sin mascarilla). Pero... aquí hay un pero muy grande. El uréter del riñón no estaba funcionando como debía y a los pocos meses del trasplante me tuvieron que ingresar y operar dos veces más (arreglos y al final unir mi uréter con el del riñón trasplantado)... total, el riñón me duró apenas un par de años.

 El segundo, fue de mi padre. Esta vez estaba con diálisis peritoneal. Tenía 20 años. Los dos entramos a la vez en quirófano, quitaron y  pusieron riñón. Una semana en aislamiento y para casa y la calle (sin mascarilla). Desgraciadamente, este riñón no quiso ir desde el principio como debía y a los 4 años dejó de funcionar.

Volví a hemodiálisis y a los 26 años me volvieron a llamar. El tercer trasplante fue muy complicado, yo tenía una gran anemia y no estaba en muy buenas condiciones. Intentaron ponerlo en la parte delantera derecha y no pudieron, así que me abrieron por detrás y me lo colocaron en el sitio habitual de los riñones. Estuve aislada durante un mes y mi riñón tardo 21 día en funcionar. Pero, por contrapartida, este es el que más tiempo me ha durado ¡¡27 años!!  Aquí podéis leer con más detalle como fue la operación.

Y llegamos al cuarto trasplante, que como la mayoría sabe, se realizó hace 15 días. No he llegado a entrar en diálisis, aunque estaba a punto, y tenía todavía una pequeña función renal del 11%. Yo estaba en una perfecta condición física y anímica, y la recuperación está siendo bastante buena. He estado una semana en el hospital ingresada en una planta normal, con puerta abierta, con la única condición de que el que entrara se pusiera una mascarilla. A la semana me han dado el alta y ... para casa y la calle (sin mascarilla). Me encuentro bien, bastante fuerte, con hambre (de hecho, nunca la he perdido) y con intención de cuidarme y quererme mucho y cuidar y querer mucho este maravilloso regalo.

Gracias a todos por vuestro interés y fuerte abrazo.


Ana Hidalgo 



Día Mundial del Riñón 2019


El 14 de Marzo se celebra el Día Mundial del Riñón y, como cada año, se intenta concienciar a la población de la importancia de cuidar los riñones. Esta vez, la campaña se centra en hacer saber que hay una cantidad cada vez mayor de personas en todo el mundo con una enfermedad renal, y la necesidad de que se lleven a cabo estrategias para su prevención y tratamiento.

"Salud renal para cualquier persona en cualquier lugar" 

La detección precoz de la enfermedad renal se considera una prioridad sanitaria para poder prevenir y para poder evitar la progresión a estadios avanzados de la enfermedad, reduciendo también las complicaciones cardiovasculares.
Actualmente hay 850 millones de personas en todo el mundo que padecen una enfermedad renal.

CUIDA TUS RIÑONES, SON PARA TODA LA VIDA


DIA MUNDIAL DEL RIÑON 2019. DIPTICO



Ana Hidalgo



Palabras que me dedican desde la revista Alcer nº 187



Acabo de recibir la revista Alcer nº 187 y me ha sorprendido gratamente al comprobar que en uno de sus artículos hablan de mí.
El 13 de Diciembre acudí a la Fiesta del Socio colaborador, en la sede de Alcer Barcelona. Era un homenaje a los socios voluntarios que ponen su esfuerzo en ayudar en la campañas de Donación de órganos que se realiza a lo largo del año. Por este motivo, se entregaron diplomas de agradecimiento a todos ellos.
Entonces, fue cuando me hicieron la mención especial que paso a copiar de la revista para compartirla con vosotros:

"Este año quisimos destacar y homenajear a una de nuestras socias más queridas, Ana Hidalgo, que con su blog "Vivir con insuficiencia renal" y el libro que ha editado con el mismo título, ayuda desde hace muchos años ya, a todas las personas con enfermedad renal que se encuentran en un mar de dudas sobre su enfermedad. Ana Hidalgo consigue transmitir además de un profundo conocimiento de la enfermedad renal, gracias a su experiencia como paciente, una manera positiva y valiente a la hora de afrontar el reto de la enfermedad. Por todo ello, se le hizo entrega a Ana de un diploma de honor en reconocimiento de su gran labor divulgadora de la enfermedad renal y a la vez de su gran ayuda como paciente experta que es.

Ana Hidalgo con su blog "Vivir con insuficiencia renal" es toda una "influencer" con más de 16.000 seguidores en todo el mundo, que comparte todos los trucos y consejos para sentirse mejor con la enfermedad, divulga la importancia de la dieta y el ejercicio fisico en la ERC, con su propio ejemplo, y nos explica mil y un detalles sobre la enfermedad en las diferentes fases de la misma prediálisis, diálisis, trasplante, etc.  Es muy de agradecer, por tanto, todo este trabajo que tanto ayuda al resto de pacientes. Si todavía no tenéis su libro, os recomendamos mucho que os hagáis con un ejemplar para entender todo lo necesario sobre la enfermedad renal crónica.... "

Solo digo... Buf... me quedo sin palabras.

Podéis seguirme también en Facebook  y en Twitter 



Ana Hidalgo



Macarrones con atún



La pasta es un plato que los pacientes con enfermedad renal suelen comer a menudo ya que aportan energía y apenas contienen, por regla general, potasio,sodio o fósforo según sea su preparación.
Hoy os traigo unos macarrones con atún que se preparan en un santiamén y resultan deliciosos.

Ingredientes para 4 personas:

  • 300 gr de macarrones
  • 1 bote de 1/2 kilo de tomate entero pelado
  • 2 dientes de ajo
  • 1/2 cebolla. (Si tenéis cebolla congelada mucho mejor).
  • Un trozo de pimiento verde y un trozo pimiento rojo. (si los tenéis congelados, mejor)
  • 2 latas pequeñas o una grande de atún bajo en sal.
  • Hierbas aromáticas: orégano, hierbas para pasta, pimienta
  • Aceite de oliva
  • Opcional: unas aceitunas sin hueso picadas. 

Preparación: 
Se cortan a trocitos las verduras y se ponen a remojar cambiando el agua varias veces. Si son congeladas se ponen a remojo también para que pierdan más potasio. El tomate se saca de la lata y también se pone a remojar. Si vas a poner aceitunas también se ponen a remojo ya cortaditas.


Elaboración:
Primero pondremos a cocer la pasta con abundante agua y un chorrito de aceite hasta que esté al dente. Una vez hecha se escurre y se añade un chorrito de aceite, para que no se pegue y se reserva. Si la pasta se va a comer varias horas después, es mejor que se remoje con abundante agua fría después de cocerla.





Mientras tanto se pone un poco de aceite en una cazuela o sartén grande y hacemos un sofrito poniendo primero la cebolla y los pimientos picados. Cuando vayan  a tomar color se añaden los ajos laminados y se deja pochar unos minutos. A continuación añadimos el tomate picadito.
Añadimos las especias al gusto (pimienta, orégano, albahaca..) y dejamos reducir y espesar la salsa. Cuando esté en su punto añadimos el atún ligeramente desmenuzado y las aceitunas.
A continuación mezclamos la pasta con la salsa y servimos...


¿Lo sabías? Aunque el atún contiene potasio (248) y fósforo (200) la cantidad que representa al comer una ración de macarrones no es grande, ya que dos latas pequeñas para 300 gr. de macarrones no es mucho.
El tomate pelado es el que menos cantidad de potasio tiene (193), y si lo remojas cambiando el agua varias veces, reduces mucho más la cantidad de este mineral.



Ana Hidalgo




¿Ejercicio en la enfermedad renal? ¡Por supuesto!


Muchos de vosotros me preguntáis si se puede hacer ejercicio con la enfermedad renal y os sorprendéis del ritmo que llevo yo. Todo es cuestión de acostumbrarse y de conocer bien hasta dónde puede llegar cada uno. Por supuesto, que cada persona es un mundo y que cada etapa nos condiciona de diferente forma.

Sé que es difícil comenzar a realizar algo de ejercicio cuando estás muy cansado o cuando no tienes ánimo. Pero si me haces caso, comprobarás que el ejercicio te ayuda a estar menos cansado y a tener más energía. Te ayuda a ser más resistente y a causa de las endorfinas te sientes muy bien, con una sensación de felicidad, que además funciona como un analgésico natural y reduce la ansiedad y el estrés.
 El corazón se fortalece,  algo muy importante para los enfermos renales, ya que ambos órganos, corazón y riñones, están conectados.  También el sistema respiratorio mejora y se aprende a respirar de manera más profunda y a oxigenar nuestros pulmones.

Los huesos y los músculos son una parte de nuestro esqueleto que también sufren mucho debido a las diálisis y las potentes medicaciones contra el rechazo. Con el ejercicio se fortalecen y es una gran ayuda en la prevención de la osteoporosis, de las fracturas y otras dolencias.

La cantidad de beneficios que tiene realizar algo de ejercicio en los enfermos renales de forma continua está comprobado. Sea cual sea la etapa en la que te encuentres, la actividad física aportará calidad en tu vida .
No me valen las excusas, si estás muy cansado, un pequeño paseo o un poco de baile suave a diario,  te hará mucho bien. Y podrás comprobar que a medida que van pasando los días, te vas encontrando con más fuerza y lo que antes era un pequeño paseo, poco a poco se irá convirtiendo en una caminata.

Podemos decir que el mejor circulo vicioso es el del ejercicio: cuanto más ejercicio haces más endorfinas generas y más energía, más bienestar y más vitalidad obtienes. Con el resultado de que más ganas de hacer ejercicio tienes. 

Si no has hecho nunca ejercicio lo mejor será que consultes con el médico y comiences con alguna actividad suave. No es recomendable comenzar un ejercicio de intensidad moderada al principio, porque lo que puedes conseguir es que te lesiones y/o acabes con unas agujetas tan tremendas que no quieras oír hablar más de hacer ejercicio. Todo lleva su tiempo.


Ana Hidalgo




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