miércoles, 20 de junio de 2018

Croquetas de arroz



Hoy, nuestra amiga Ana del Grande, nos trae una receta diferente y muy apetecible. Me ha contado que la original lleva también una cebolla, 300 g de salsa boloñesa y mozarella. Su abuela, que era de Sicilia, las llamaba Arancini, plato originario de la ciudad de Mesina, de donde era ella.
Y después de este poquito de historia pasamos a la receta de Ana:

Ingredientes para 4 personas:

  • 500 gr de arroz
  • 1.200 ml de agua
  • 30 gr de mantequilla o margarina vegetal
  • 75 gr de guisantes (remojo)
  • 1 berenjena grande (remojo)
  • 100 gr de queso parmesano
  • Huevo y pan rallado para rebozar
  • Aceite de oliva suave

Elaboración:

Hervir el arroz a fuego medio hasta que se haya evaporado toda el agua. Quedará un arroz tierno y un poquito pegajoso.
Derretir la mantequilla y dejarla enfriar.
Hervir los guisantes y asar la berenjena (tipo escalivada).
Rallar el parmesano.

Una vez el arroz se haya enfriado, en un cazo aparte,  mezclarlo con la manteequilla o margarina derretida, los guisantes, la berenjena cortada a trocitos y el parmesano rallado. Mezclarlo bien, con la ayuda de un tenedor, hasta que quede una pasta.

Luego formaremos las croquetas (yo me ayudo con dos cucharas)
A continuación, las pasamos por pan rallado, seguidamente por el huevo batido, y luego otra vez por pan rallado. Es decir, le hago un doble rebozado.
Seguidamente se fríen en aceite de oliva .

Realizado por : Ana del Grande

¿Lo sabías? Como ya he comentado muchas veces, el arroz, junto a la pasta, constituyen unos de los platos principales para un enfermo renal y se pueden comer de mil maneras diferentes. Tener una dieta renal no tiene por qué ser aburrida, como muestra esta receta. Si estás en diálisis o eres trasplantado es conveniente que comas este plato con algo de proteínas. Si estás tomando medicamentos quelantes del fósforo, no olvides de tomarlo.


Ana Hidalgo



miércoles, 13 de junio de 2018

Personas y vidas. Xenia: "Vivir bonito, vivir con I.R.C."


Mi nombre es Xenia, tengo 29 años pero mi historia comienza hace 17 años,  cuando una mañana mi mamá fue por mí a la escuela porque los análisis que me habían realizado resultaron preocupantes y era necesario ingresar al hospital para practicar estudios especializados y obtener un diagnóstico preciso.
Fue así como, de repente, la Insuficiencia Renal Crónica en etapa terminal llegó a mi vida, así sin más, sin ni siquiera avisar que algo andaba mal en mí, sin síntoma previo alguno, sin decir “agua va”.

Me trasladaron a Nefrología donde me sometieron a diálisis peritoneal de manera urgente ya que mi cuerpo era una bomba de tiempo, intoxicado por las sustancias que mis riñones ya no podían filtrar.
En un principio no entendía nada de lo que pasaba, no comprendía la magnitud de la enfermedad, no sabía siquiera que la enfermedad tenia varias etapas, desconocía la palabra “terminal”; sin embargo, las visitas constantes al médico, sobre todo, las sesiones diarias de diálisis me hicieron ver que mi vida era diferente a la de los demás niños.

Doy gracias a Dios porque mi mamá era una candidata perfecta para ser donante.
Y llegó el día del trasplante, un 14 de febrero de 2003, día del amor en mi país, una fecha doblemente especial, donde tuve la oportunidad de vivir lo que es el amor más grande que existe, cuando una madre es capaz de dar la vida por un hijo, y a la vez, una fecha en la que me di cuenta de lo que estaba viviendo. Fue ahí donde observé que solo tenía dos caminos, que aunque los dos me llevaban al mismo destino, vivir con IRC; tenía que elegir el más fácil para mí. El primero era lamentarme por mi enfermedad, vivir como una enferma, autocompadeciéndome o... vivir bonito, disfrutando de cada detalle que la vida nos regala, de manera optimista y feliz por tener otra oportunidad de vivir. Por su puesto elegí la segunda opción.

Claro que no es fácil mantener una actitud positiva todos los días, pero es una lucha diaria y constante, cuando digo vivir bonito no me refiero a tener una sonrisa todos los días en la cara, vivir bonito también es caer, rompernos de vez en cuando, cansarnos, conocer nuestros límites, pero siempre debemos afrontar los golpes, seguir adelante y aprovechar la vida que tenemos de la mejor manera.

Personalmente creo que vivir bonito es olvidar mi enfermedad cada vez que estoy disfrutando al lado de mi familia, cuando estoy cumpliendo mis metas, cuando disfruto de un viaje, cantar y bailar cada vez que tengo oportunidad; no sentir que una enfermedad es una limitante para vivir de la manera más normal posible. Aunque por momentos, cuando estoy a solas, puede llegar esa sensación de tristeza y, ¿por qué no?, ese sentimiento de frustración, pero, a pesar de ello, siempre las ganas de vivir y seguir disfrutando de la vida salen a flote. Vale la pena cada día vivido, ganar cada día esa batalla al despertar y sentirte vivo, eso es una victoria más allá de la enfermedad.

Actualmente tengo 15 años de trasplante. En 2015 tuve que pasar por terapia de plasmaféresis ; dos años después tuve un segundo tratamiento de plasmaféresis pero un poco más agresivo por lo que mi injerto ha sufrido daño.
Hace un par de días me realizaron una biopsia para ver el daño del injerto y estoy en espera de los resultados. Estas situaciones son las que me hacen flaquear como enferma renal, no obstante, no pierdo la fe de que todo estará bien e independientemente del resultado trato de tomar fuerza para afrontar lo que venga y seguir viviendo bonito.

Xenia Martinez

Gracias, Xenia, por dejar tu testimonio y por tus palabras llenas de vida y de fuerza. Seguro que muchos enfermos se sentirán un poco más acompañados y con menos temor en este camino de la enfermedad renal.


Ana Hidalgo






domingo, 10 de junio de 2018

Pollo al ajillo


El pollo al ajillo es un clásico de la cocina tradicional española y rara es la persona que no lo cocina alguna vez o que no lo ha probado nunca. El ingrediente estrella es el pollo, y os animo a que la preparéis porque además de muy sencilla y rápida, queda riquísima y no se echa en falta para nada la sal.

Ingredientes:

  • 1 pollo a trozos pequeños
  • 8 o 10 dientes de ajos 
  • 1 hoja de laurel
  • 300 ml de vino blanco (si tienes de Jérez, mucho mejor)
  • 1 ramita de romero y otra de tomillo (al gusto)
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra
  • Perejil picado 

Elaboración

En una cazuela ancha echamos el aceite y se añaden los dientes de ajo sin pelar; yo les hago un corte para que se hagan mejor. Se dejan que vayan haciéndose a fuego medio, teniendo cuidado de que no se nos quemen. La idea es que dejen el aceite bien aromatizado para luego freír el pollo. Cuando vemos que están blanditos, más o menos unos 5 minutos, se retiran y se reservan.

Los trozos de pollo se sazonan con pimienta y se añaden al aceite aromatizado, junto con la hoja de laurel, la rama de romero y el tomillo.
El pollo debe quedar bien frito y doradito. Se deja hacer a fuego medio y le iremos dando la vuelta a los trozos según vayamos viendo que se van dorando. Para que quede bien hecho tardará unos 15 o 20 minutos. Pensad que no se trata solo de dorarlo, sino de cocinarlo para que quede bien hecho por dentro y tostadito por fuera.

Cuando vemos que el pollo está casi listo, se le quita el aceite sobrante, dejando sólo un poco, y se añaden los ajos que teníamos reservados y a continuación agregamos el vino.
Dejaremos cocer hasta que el vino haya reducido casi por completo. Cuando apagamos el fuego se añade el perejil picadito.
Este plato se puede acompañar con un arroz blanco, un puré de patatas o una simple ensalada.
¡Qué aproveche!

¿Lo sabías? Las hierbas aromáticas sustituyen a la sal aportando mucho sabor y aroma a los platos. Es un plato ideal para trasplantados y para los que están en diálisis. Si estás en prediálisis y tienes que reducir las proteínas, come una pequeña porción y controla durante el día la ingesta de proteínas.


Ana Hidalgo


domingo, 3 de junio de 2018

Cómo me cuido yo y como cuido mi riñón



Mucha gente me pregunta que qué hago para llevar con mi riñón más de 26 años. Me dicen que les cuente cómo me cuido, qué hago, que tipo de vida llevo... Ya publiqué hace un tiempo un artículo, "Cómo cuidar nuestro injerto renal", donde explicaba los cuidados que hay que tener cuando se está trasplantado, pero hoy voy a contaros cómo me he cuidado y cómo me cuido yo, incluso ahora que ya no está en las mejores condiciones.

Siempre he sido una persona que me ha gustado cuidar mi físico y mi salud, y me ha interesado aprender todo lo relacionado a mi enfermedad para poder cuidarme mejor. Si tienes esas ganas de cuidarte y ese deseo de encontrarte mejor, ya tienes mucho camino recorrido. Todo es cuestión de ponerlo en práctica, ser constantes y no rendirse.

Llevar una alimentación sana, equilibrada y adecuada a cada etapa de la enfermedad es una de las cosas más importantes. Como yo comencé mi enfermedad desde muy niña, mi madre se acostumbró a hacerme la comida sin sal y sin grasas... y así hemos comido siempre toda la familia. Eso no quiere decir que si salgo a comer fuera, o me voy de vacaciones no cometa algún que otro exceso... es normal. Lo que sí hago es compensarlo al día siguiente, o en cuanto vuelvo de mis vacaciones.

Otra de las cosas muy importantes para mantener una buena calidad de vida y mi riñón en unas condiciones óptimas, ha sido y es que siempre me ha gustado hacer ejercicio. Desde bien jovencita empecé a ir al gimnasio; he cambiado de actividad física mucha veces: aeróbic, fitness, danza del vientre, máquinas, yoga, baile español... hasta la actualidad que hago Zumba y Pilates. Esta actividad física que he realizado y que sigo manteniendo, ha logrado mantener mis huesos y mi sistema cardiocirculatorio en buenas condiciones, a pesar de la diálisis, de la cortisona, de los inmunosupresores... No es necesario matarse a realizar ejercicio. Solamente con caminar media hora diaria a buen ritmo, estamos consiguiendo un efecto muy positivo para nuestra salud.

Importante e imprescindible es, también, tener la agenda bien controlada, donde anotar todas las visitas médicas y citas que tenga, ya que no solo acudo al nefrólogo, también lo hago al dermatólogo, oftalmólogo, dentista, citología, colonoscopia... en fin, que hay que estar pendiente de todo nuestro organismo, sobre todo porque tomamos inmunosupresores y corticoides con una cantidad enorme de efectos colaterales.


Y por supuesto, los cuidados corporales y faciales. Siempre lo digo, pero el cuidarme y arreglarme, ir bien peinada y maquillada, hace que me sienta mucho mejor, me ilumina la cara y me sube la autoestima. Siempre que puedo, cuando el bolsillo me lo permite, voy a realizarme algún tratamiento facial o corporal, o algún masaje que me relaja o me da más energía según el momento.
Soy muy constante en la aplicación de cremas y lociones para mantener mi rostro y cuerpo hidratado. Tengo mucho cuidado de la exposición al sol, ya que debido a los inmunosupresores tengo la piel sensibilizada a la luz solar. Por ello me aplico, todos los días, una crema de alta protección solar en la cara, aunque esté nublado, y otra, en el cuerpo, en las partes expuestas al sol.

El estado de ánimo ayuda enormemente a encarar mejor todos los problemas que se me presentan. Soy una persona positiva, tenaz, persistente y con mucho empuje para seguir luchando. Esas cualidades las he ido forjando poco a poco, comprendiendo que la vida es lo que yo quiero que sea y creciéndome ante cada obstáculo y problema. Tengo mis épocas malas, eso es normal, pues tiene que haber un equilibrio entre las emociones buenas y malas, pero sé que no va a durar y hago todo lo posible para salir de esa situación.

Ahora se me presenta una época en la que tengo que volver a cuidar mi alimentación con la dieta especial (potasio, fósforo, proteínas) y lo hago con tranquilidad, buscando nuevos platos que me ayuden a mí y a otras personas a sentir que se puede comer bien, aún llevando esta dieta. Sigo cuidando mi riñón con más esmero, si cabe, para que me dure todavía un tiempo más.

Esto es, a grandes trazos, más o menos, lo que hago para cuidar mi riñón. Espero que todos los que hayáis sido recientemente trasplantados toméis buena nota y os dediquéis a cuidar vuestro injerto y a cuidaros vosotros mismos, sin obsesionaros, pero sabiendo que, en vuestro interior, tenéis un "regalo" precioso que os ha salvado la vida.


Ana Hidalgo


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