martes, 1 de mayo de 2018

Personas y Vidas. Mónica, enferma renal: Mis mejores decisiones



Cuando leí el blog de Ana fue un disparador para empezar a tomar conciencia de otra manera de todo lo vivido hasta hoy.
Como no me conocen aquí va mi presentación: ¡Hola! Soy Mónica, Argentina, madre, esposa, hermana, amiga y Enferma Renal Crónica. Tengo 46 años y nací con esta enfermedad que ya sabemos que es para siempre.

Si bien nací con E.R.C.,  la enfermedad me dijo: "¡Aquí estoy!" a los 8 años, y me empezó a enseñar “que las agujas no son tan terribles”, que los remedios se toman a horarios, que nos tenemos que cuidar mucho del calor, que el agua es vida, que las frutas y verduras son buenísimas, que los chocolates no tanto... ¡Qué las proteínas se controlan!... así, entre colegio, figuritas, amigos, e ingresos hospitalarios, llegó la adolescencia, y con ella mi primera cirugía.
Me intervinieron el riñón izquierdo y sucedió cuando tenía 16 años; fue muy larga, con muchos días en la clínica y una recuperación lenta, pero valió la pena. Me permitió un tiempo de mejoría y bienestar.

Terminé el secundario, empecé la universidad, el amor llegó y con él la necesidad de formar una familia.

A los 22 años llego Santi, el embarazo fue muy controlado y muy duro físicamente para mí, el aumento de peso, los edemas, la tensión arterial, los dolores, los meses de calor, no fueron fáciles de llevar.


Cuando supe del embarazo, junto con la alegría de la noticia, comenzó la preocupación, así que comenzamos a trabajar juntos, con el equipo médico, para tomar todas las precauciones, para poder prevenir, estar preparados y solucionar, cada situación nueva que pudiera presentarse. Llegué a término con mi embarazo, los últimos meses, haciendo mucho reposo, controlándome con el doble de ecografías y análisis.
Santiago llegó en enero del 95 y mi vida en ese momento cambio para siempre.

Tres años después, mi riñón, como era previsto, dejó de funcionar y tuvieron que sacarlo. Así que, a enfrentar otra situación nueva, sabiendo que mi riñón derecho también estaba afectado y había bajado mucho su función renal.  No les voy a contar sobre dolores, ingresos, diálisis, proteínas, anemias, cansancio, doble J, dietas y lo que cada uno sabe que trae consigo la I.R.C, ¡pero si les voy a contar sobre decisiones! Las mías en este caso.

La primera fue no dejar que la I.R.C. fuera un límite; ni ser una espectadora de lo que me estaba sucediendo, para eso tuve que estudiar, estudiar e instruirme mucho sobre ella.
La segunda fue aprender a convivir con las molestias constantes que genera la enfermedad renal; saber cuándo parar a tiempo, saber escuchar no solo a mi cuerpo, sino a los médicos que me ayudan (algo que continuo aprendiendo y es lo que más me cuesta a veces).


¡Intento disfrutar plenamente de la vida y de cada momento que me toca vivir, de los buenos y de los no tan buenos también!

Así que, cuando puedo, hago caminatas, trepo a alguna montaña, juego al paddle, me tiro en tirolesa, voy al gimnasio...  siempre con el consentimiento del médico (aunque muchas veces a regañadientes).

Pasaron cinco años y volvió en mí, nuevamente, la necesidad de ser mamá, decisión que fue muy cuestionada por los médicos, argumentando posibilidades ciertas con las cuales convivo hoy.
Lo primero que plantearon era la pérdida de función renal (que de todas maneras iba a suceder), dolores más intensos (que estaban pronosticados también). Posibilidad de diálisis/trasplante (a causa de deterioro irreversible de la función renal).
Así que, frente a ese panorama, con 28 años en mi haber y un solo riñón, tomé la decisión de un segundo embarazo.


¡Fue sorprendentemente maravilloso! Solo subí 6 kg en todo el embarazo, no sufrí muchos dolores, los edemas no fueron tantos, trabajé hasta último momento, siempre cumpliendo las horas de descanso, reposo, caminatas, alimentación, cuidados prenatales para la beba, ecografías, análisis y todo lo que sugerían los doctores para mí.

Clara llego a los 8 meses de gestación, pequeña pero muy sana gracias a Dios, nació por cesárea para poder realizarme una ligadura de trompas consentida, esta vez a regañadientes por mí.

Después de un par de años de la llegada de Clara, comenzaron las complicaciones nuevamente. Pero esta vez eran un poco más duras; mi riñón derecho perdió mucha más función renal y eso trajo otros panoramas a mi vida.
Tengo días duros unos más que otros, continuo aprendiendo a convivir con esta enfermedad, soy consciente de lo que va a llegar, pero no vivo pendiente de eso.

Estoy siempre controlada, atenta y alerta a cada situación nueva, agradecida a mi médico de tantos años ¡Que siempre respetó mis decisiones!

¡PODER DECIDIR!, sigue siendo muy importante para mí.
A PESAR DE LA I.R.C TENGO UNA VIDA PLENA. ¡LA VIDA QUE ELEGÍ LLEVAR!

Monica Gauna.

Gracias, Mónica, por compartir tu historia con nosotros. Seguro que más de uno o de una, se sentirá identificado y el leer tu experiencia les servirá de apoyo y ayuda moral.

Ana Hidalgo



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