miércoles, 25 de abril de 2018

A ti, campeón. A ti, mi riñón querido


A ti, campeón. A ti, que has formado parte de mí durante la mitad de mi vida. A ti, que he cuidado y he mimado, y que cuido y mimo con tanto cariño todavía. A ti, que has cumplido con tus obligaciones de manera impecable durante todos estos años, y que ahora estás ya tan cansado, que te vas apagando poco a poco... Todavía estás ahí, luchando por darme lo mejor de ti, trabajando, aunque con tropiezos y obstáculos. Ya no puedes controlar que el potasio y el fósforo estén en los niveles correctos y la proteína, esa dichosa proteína,  se te escapa por la orina, como si de la espuma de una cerveza se tratara.

Pero, ¿sabes?. No estoy triste, ni siquiera enfadada contigo, porque estás haciendo más de lo que me hubiera podido imaginar. Me has dado, más de 26 años de una calidad de vida estupenda, he vivido contigo muchos acontecimientos, unos buenos y otros no tanto, pero ahí estabas tú, cuidando de mí. Y espero que sigas estando durante un tiempo más.

¿Te acuerdas de nuestros comienzos? Tú estabas muy mal cuando entraste en mi cuerpo, y yo pensaba que no te pondrías en "marcha", que había sido un completo fracaso. Pero después de 21 días de desesperación, comenzaste tímidamente a funcionar y ... ¡mira! ... hasta hoy que sigues con tu función, aunque ya más lentamente.

Por eso te escribo, para darte ánimos, para que sigas conmigo un tiempo más y sigamos cumpliendo nuestras metas y objetivos. Yo intento facilitar esa maravillosa tarea del filtrado y la eliminación de toxinas y orina, lo máximo posible, con una buena dieta, realizando ejercicio y cuidándome... y cuidándote.

En fin, que quiero que sepas que estoy muy orgullosa de ser tu compañera de vida, y muy agradecida al donante que me hizo tan grandioso regalo.





Ana Hidalgo



martes, 17 de abril de 2018

Arroz con alitas de pollo


El arroz es uno de mis platos preferidos y me gusta hacerlo de muchas formas. Para los enfermos renales es un plato que no debe faltar en nuestro menú semanal.  Hoy lo he hecho, un poco "inventado" por mí y que ha salido muy bueno, por lo que lo añado a la lista de mis platos frecuentes. Se trata de un arroz con alitas de pollo. Y aquí os dejo la receta.

Ingredientes para 4 personas:

  • Alas de pollo (2 o 3 trozos de alas por persona)
  • 300g de arroz
  • 700 ml de caldo casero (el doble de arroz y un poquito más)
  • 1 pimiento verde
  • 1/2 pimiento rojo
  • 2 dientes de ajo
  • 100g de habas congeladas
  • 75g de guisantes congelados
  • Romero seco. Pimienta negra
  • 2 cucharadas de tomate frito
  • 1 cucharadita de pimentón
  • Aceite de oliva
Preparación:

La noche antes cortaremos a trocitos los pimientos y los pondremos a remojar. También se pueden poner en remojo las habas y los guisantes. Cambiaremos el agua varias veces durante el tiempo del remojo.
Se tendrá preparado el caldo casero con antelación (puedes poner un muslo de pollo y pavo, o una carcasa, un hueso de ternera, una ramita de perejil, una hoja de laurel, un trozo de puerro...)


Elaboración:

En primer lugar, herviremos las habas y los guisantes durante unos minutos. Se escurren y se reserva.
En una paellera o en una cazuela ancha se echa aceite y se fríen las alas de pollo, sazonadas con pimienta y romero al gusto. Se dejan dorar bien, y se retiran un poco, para añadir, a continuación, los pimientos. Se dejan que pochen bien y, seguidamente, añadiremos el ajo bien picadito. Se dan unas vueltas y se echa una cucharadita de pimentón dulce, con cuidado de que no se queme. También se añade el tomate frito y se da unas vueltas. Se deja hacer unos minutos.

Después añadimos las habas y los guisantes y, con la cazuela tapada, lo dejaremos cocinar unos 5 minutos más a fuego suave. Echamos el arroz y removemos bien, durante un minuto y enseguida se echa el caldo. 
Si vemos que el arroz se seca, no tengáis problema de añadir un poco de agua. 
El arroz debe quedar en su punto y sin caldo. ¡Y a comer!

¿Lo sabias? El arroz es uno de los alimentos indicados para el enfermo renal, ya que aporta mucha energía con muy poca cantidad de proteína, fósforo y potasio. Para quitar aún más el potasio de las verduras, antes de realizar la paella se pueden hervir unos minutos. 
Recuerda que las verduras congeladas contienen menos potasio que las frescas. 



Ana Hidalgo





lunes, 16 de abril de 2018

Canelo, una historia de lealtad


Canelo era el perro de un hombre que a finales de la década de los 80 vivía en la trimilenaria ciudad de Cádiz, España. Una mascota que seguía a su dueño a todas partes y en todo momento.
Este hombre anónimo vivía solo, por lo que el buen perro era su más leal amigo y único compañero. La compañía y el cariño mutuo los hacía cómplices en las miradas y hasta en los gestos.
Cada mañana se les podía ver caminando juntos por las tranquilas calles de la ciudad cuando el buen hombre sacaba a pasear a su amigo. Tres veces a la semana unos de esos paseos eran hacía el Hospital Puerta del Mar, ya que debido a complicaciones renales, el hombre se sometía a continuos tratamientos de diálisis.

Obviamente, como en un hospital no pueden entrar animales, él siempre dejaba a Canelo esperándolo en la puerta del mismo. “Espérame aquí, compañero”, y Canelo, como siempre, esperaba pacientemente a su amigo. El hombre salía de su diálisis, y juntos se dirigían a casa. Esa era una rutina que habían cumplido durante mucho tiempo.

Cierto día el hombre sufrió una complicación en medio de su tratamiento, los médicos no pudieron superarla, debió ser internado, y a los pocos días falleció. Mientras tanto, Canelo, como siempre, siguió esperando la salida de su dueño tumbado junto a la puerta del centro de salud. Pero su dueño nunca salió.

El perro permaneció allí sentado, esperando. Ni el hambre ni la sed lo apartaron de la puerta. Día tras día, con frío, lluvia, viento o calor seguía acostado en la puerta del hospital esperando a su amigo para ir a casa.
El personal del hospital le explicaba al perro que debía irse a casa, que su dueño habia fallecido, pero el perro no tenía intenciones de separarse de allí. Los días se transformaron en meses y los meses en años


Los vecinos de la zona se percataron de la situación y sintieron la necesidad de cuidar al animal. Se turnaban para llevarle agua y comida, incluso lograron la devolución e indulto de Canelo una ocasión en que alguien hizo una denuncia y la perrera municipal se lo llevó para sacrificarlo.
Nunca se aburrió. Nunca se fue en busca de alimento. Nunca buscó una nueva familia. Sabía que si su único amigo había entrado por esa puerta, por allí debía volver a salir como siempre, y él lo esperaría para volver juntos a casa.

La asociación Agadén lo adoptó y se encargó de cuidar de él. Quisieron darlo en adopción, pero el perro siempre huía para regresar una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido y único amigo. La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.

DOCE AÑOS fue el tiempo que el noble animal pasó fuera del hospital esperando la salida de su amo con amorosa, estoica e inquebrantable paciencia.

La espera llegó a su fin el 9 de diciembre de 2002, cuando tristemente, Canelo murió atropellado por un auto a las afueras del hospital, cuyo conductor huyó. La vida de Canelo se escurrió por la estela dibujada con su lealtad, pero nos dejó lo único que nos podía dejar: un inolvidable mensaje de amor. Canelo sólo vivía para encontrarse con su dueño, y ahora en la muerte, por fin regresaba con él.

La historia de Canelo fue muy conocida en toda la ciudad de Cádiz. El pueblo gaditano, en reconocimiento al cariño, dedicación y lealtad de Canelo, puso su nombre al callejón y anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

Fuente: Pasitos cortos 

A Canelo que durante 12 años esperó a las puertas del hospital a su amo fallecido.
El pueblo de Cádiz como homenaje a su fidelidad. Mayo del 2002.








Ana Hidalgo



                                 
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