jueves, 11 de enero de 2018

Vencer la apatía y la pereza




Como cada día, esta mañana ha sonado el despertador; con ojos soñolientos, lo apago y pienso: - "me tengo que levantar que tengo miles de cosas que hacer"-.

Al final pasan cinco minutos cuando, poco a poco, comienzo a levantarme. Soy una persona que me gusta cumplir con mi horario y que tengo bastante fuerza de voluntad, aunque a veces no estoy en las mejores condiciones. Pero siempre pienso que hay que ponerse las pilas y funcionar, que la vida está para vivirla y no para quedarse estancado quejándose del cansancio y de los problemas.

Una vez levantada, realizo mis estiramientos, cinco minutos cada día, consiguiendo revitalizar todos mis sentidos y  que se "despierten" mis músculos y huesos aletargados por tantas horas en la misma postura... en esos momentos noto las agujetas que el zumba de la tarde anterior me ha dejado de recuerdo. No me desagradan, pero... ¡ cómo duelen, corcho!

Poco a poco me activo y me pongo en marcha, no dejo que la pereza y el cansancio me venzan. Si tengo que ir más despacio, voy, pero yo cumplo mi rutina y mis tareas.

Es difícil, para las personas con una enfermedad crónica, no dejarse vencer por la apatía y la pereza cuando no se está en las mejores condiciones (por un resfriado, una anemia, una infección, un dolor muscular, diálisis...) Pero lo peor que puedes hacer es, sentarte en el sofá o quedarte en la cama todo el día sin moverte, porque no tienes ganas de hacer nada o estás cansado.
Poco a poco, hay que ir realizando las actividades que se puedan, y aunque parezca contradictorio, hacer  algo de ejercicio suave ayuda a fortalecerse y tener más energía. Si no estás suficientemente en forma, caminar 30 minutos, o una sesión de yoga, pilates o taichi, te pueden ayudar a recuperar las energías más rápidamente.

En cambio, si te encuentras demasiado mal, no es conveniente moverte. Hay que reposar hasta que el cuerpo se recupere de nuevo. Un esfuerzo sobrehumano tampoco es conveniente. Si tienes mucho dolor y malestar, es mejor descansar y tener paciencia.

Todos pasamos momentos de sentirnos apáticos, desganados o simplemente cansados, por diversos motivos, bien sea por la anemia, por una mala noche, o por el trabajo...

En resumen puedo decir que, después de un pequeño esfuerzo, mi día está concluyendo de forma positiva. Parece como si a medida que pasara la jornada mis fuerzas hayan ido aumentando y a pesar del día ajetreado que he tenido, me siento mucho mejor que esta mañana.

Ana Hidalgo



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