martes, 11 de julio de 2017

Si estás triste... ¡Llora y exprésate!


Sabéis que en mi blog y en mi página de Facebook procuro siempre dar consejos de positividad y optimismo, de alegría y de vida. Pero, como ya he dicho en algún que otro artículo, no es beneficioso mantener una sonrisa de oreja a oreja cuando estás pasando por una mala etapa en tu vida.
No es obligatorio fingir que estás bien, aguantar las ganas de llorar y tragarte esas lágrimas que luchan por salir y hacer que te derrumbes.
No hay que forzarse a reír cuando no tienes otra cosa en tu cabeza que el dolor y la preocupación. La tristeza es un sentimiento muy natural.
Muy al contrario, hay que expresar lo que sientes, soltar el lastre que vas arrastrando y que te impide continuar con tu vida. La emociones contenidas son dañinas para la salud física y mental. El reprimir el llanto no favorece la salud. Otra consecuencia de aguantarse el deseo de llorar es que se contiene más rabia y agresividad.  Lo ideal es el equilibrio.

Date permiso para estar triste de vez en cuando, para llorar, para gritar y para enojarte. No pienses que haces mal, al contrario, después de soltar esa cadena de emociones te sentirás mejor. El cuerpo habrá expresado su pesar y te dará la oportunidad de poder relajarte y reflexionar.

Cuando se llora, se liberan hormonas del bienestar que ayudan a disminuir los niveles altos de angustia y que actúan como un calmante natural de las emociones intensas.

Después de ese "bajón"... de llorar y de expresar tu pena, tu rabia o tu enojo, remonta y vuelve a ser como siempre... alegre, positivo y optimista, e incluso mucho mejor.

Los enfermos renales pasamos por muchas etapas (prediálisis, diálisis, trasplante, rechazo, complicaciones...) y debemos aprender que aunque seamos luchadores, fuertes y positivos, podemos expresar nuestros sentimientos y nuestras emociones negativas cuando sea preciso.
Hay que enfrentarse a las emociones. Hay que aceptar que tanto las emociones positivas como las negativas forman parte de la vida y que en ocasiones hay que sentirlas.

Y luego, después de la tormenta, llega la calma y la tranquilidad y se entra en un estado de relajación. Vuelven de nuevo nuestras ganas de luchar, de seguir viviendo y  de disfrutar de los pequeños detalles de la vida.


Ana Hidalgo

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