lunes, 1 de mayo de 2017

Personas y vidas. Mónica: "nuestro viaje con insuficiencia renal en pareja"


Mónica y su marido Iñigo

   Sí, "en pareja", porque tanto mi marido como yo tenemos insuficiencia renal, aunque actualmente estamos los dos trasplantados. Y no, no nos conocimos ni en un hospital, ni en una sala de diálisis ni nada parecido.

  Mi nombre es Mónica, tengo 44  y soy de Irún,  Gipuzkoa. Aproximadamente a los 12 años supe que tenía poliquistosis renal, una enfermedad hereditaria que no me era desconocida, puesto que una parte importante de mi familia materna la tenía, en aquel entonces mi abuela se dializaba, luego empezó mi madre, y posteriormente algunos de mis tíos y tías. Algunos actualmente también están trasplantados. Viví mi adolescencia como cualquier otro adolescente, pues mi  poliquistosis es de tipo adulto, no me causó ningún problema hasta los 35 años más o menos.

A los 18 años conocí a Iñigo, el que se convertiría en mi compañero de viaje en esta "aventura" que nos esperaba, de la que aún no éramos conscientes. Él acudía todos los años a revisión con los nefrólogos a raíz de un problema que tuvo con 14 años, pero no sabíamos que la nefropatía que él tenía, acabaría en una insuficiencia renal. Así que fue algún tiempo después de casarnos,  que supimos que, aunque con enfermedades totalmente distintas, los dos acabaríamos padeciendo una insuficiencia renal crónica. Al principio la noticia nos dejó en shock, además mi madre que había tenido muchas complicaciones, acababa de fallecer, pero enseguida nos dimos cuenta que teníamos que cambiar nuestra actitud. Fue, en ese momento, cuando comprendimos que la vida se compone de etapas, que no podemos llegar a la siguiente sin haber recorrido la anterior, que unas serían mejores y otras peores, por lo que teníamos que aprender a vivir cada momento, cada instante, sin pensar demasiado en el futuro, en la siguiente etapa, que en realidad nadie puede saber cómo será... algo que tuvimos más claro todavía cuando nació nuestra hija Oihane. Y desde luego, Iñigo ha sido y es  un complemento perfecto en cada etapa de este viaje.

LAS ETAPAS DE NUESTRO VIAJE

   El deterioro renal de Iñigo fue más rápido que el mío. Así que aquí comenzó nuestra primera etapa, el 19 de septiembre del 2005, cuando comenzó con la diálisis. Decidió  hacerse la diálisis peritoneal, en un principio con tres intercambios al día. Como él continuaba trabajando, se le hacía dura esta modalidad de diálisis, y terminó haciéndose la diálisis peritoneal automática con la cicladora por las noches. Resultó más llevadero por el día, aunque su descanso se vio afectado. Le llamaron un par de veces para un posible trasplante, pero no hubo suerte. Su madre le empezó a insistir mucho que ella quería donarle un riñón. Pero Iñigo al principio se negaba, no es una decisión tan fácil de tomar, aunque luego comprendes que ella como madre, qué mejor regalo le iba a dar. Así que al final aceptó, y tras todas las pruebas se consideró que era apta como donante.

  Y llegó el día, el 3 de noviembre del 2009, tras cuatro años en diálisis, por fin se hizo el esperado trasplante. Fue todo un éxito para los dos, para madre e hijo. Él estaba tan agradecido, y tan feliz porque comenzaba una  nueva vida, y ella también, porque de alguna manera, le daba la vida por segunda vez, no puede haber alegría mayor para una madre. Así que aquí comenzó otra etapa, etapa de  relativa libertad.

  Esta etapa volvió a cambiar el 25 de abril del 2013, cuando yo empecé en diálisis. Aunque mi idea era hacerme también diálisis peritoneal, no pudo ser, y tuve que hacerme hemodiálisis 3 veces a la semana. La verdad es que siempre lo llevé bien, no tuve grandes problemas, ni durante las sesiones ni después. Y algo positivo que me llevo de esa etapa, son las grandes personas que conocí, compañeros de diálisis, que eran oídos para escuchar penas, pero con los que compartí muchos momentos de alegrías y risas, que hacían que las sesiones pareciesen más cortas. Compañeros que llevo en el corazón y con los que a día de hoy nos juntamos de vez en cuando para pasar un buen rato.

  Esa etapa acabó la madrugada del 24 de julio del año pasado, cuando recibí la llamada, en mi caso, hubo esa única llamada, había un riñón para mí, un riñón que alguien anónimo o su familia generosamente habían decidido donar. Tengo que decir que en ese momento no tenía muchas ganas del trasplante, a pesar de llevar 3 años en diálisis ya. No sé por qué, pero sentía que no era el momento. Pero me equivoqué, y sí lo era. Desde hace 8 meses estamos disfrutando de otra etapa de nuestra vida.

   Son muchas las cosas e incluso anécdotas que podríamos contar. Ha habido momentos en estos años para todo, hemos llorado mucho, porque no siempre las cosas salen como a uno le gustaría, no siempre todo va bien, y las emociones muchas veces funcionan como una montaña rusa. Además, cuando uno tiene hijos, cualquier preocupación que se tiene, es mayor. Pero hemos tratado siempre de ver el lado bueno de la vida, precisamente también por nuestra hija, ella ha vivido nuestra enfermedad desde pequeña, así que hemos tratado de que no le marcara demasiado, esperamos haberlo conseguido. 
Siempre hemos tratado de hacer una vida lo más normal posible, hemos salido de vacaciones, hemos comido o cenado con los amigos, hemos ido al monte... bueno, hemos hecho las cosas normales de cualquier familia. Aunque en ocasiones no haya sido fácil, nos hemos esforzado por lograrlo. Como dije antes, hemos tratado de disfrutar cada momento de la vida, y valorar lo que tenemos, por pequeño que sea, por insignificante que parezca. Esto es algo que te enseña la enfermedad.

    A veces, la gente cuando nos conoce, nos dice
"qué  mala suerte, los dos igual", yo también lo he pensado muchas veces. Pero hoy día doy gracias, gracias porque para este viaje no podría haber tenido compañero mejor. Me ha comprendido, me ha mimado, me ha cuidado, porque él ha vivido antes lo que luego he vivido yo, por lo que ha podido ser totalmente empático conmigo, espero haber estado yo a la altura con él. No sabemos cuál será la siguiente etapa, ahora estamos disfrutando de la libertad de no vivir dependiendo de ninguna máquina, y mi mayor deseo es que llegue lo que llegue,  poder seguir con Iñigo disfrutando cada etapa de nuestro viaje, de nuestra vida.

Mónica

Mi comentario: Gracias, Mónica, por esta bellisíma historia de amor a pesar de la enfermedad. Te agradezco enormemente que hayas aceptado publicarla. Un fuerte abrazo para Iñigo y para ti. Cuidaros mucho.
Ana Hidalgo
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu comentario o tu testimonio. Esto da vida y anima mi blog. Os ruego que os identifiquéis con vuestro nombre o con vuestro nick, porque me gusta saber con quien estoy hablando.
NO PUBLICARÉ COMENTARIOS ANÓNIMOS.
Un abrazo

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

copyrigth info