jueves, 25 de mayo de 2017

Medicamentos genéricos ¿nos confunden?



Muchos de nosotros tomamos medicamentos que son genéricos, es decir fármacos que salen al mercado una vez caducada la patente del fármaco de marca. Los medicamentos genéricos contienen exactamente la misma cantidad de principio activo y producen exactamente el mismo efecto que los de marca. En resumen, son idénticos en calidad, eficacia y seguridad.

Estamos acostumbrados a identificar los medicamentos por la marca comercial que tomábamos o que son muy conocidos (Ejemplo: es frecuente que se hable de Nolotil en lugar de Metamizol, o de Gelocatil en vez de Paracetamol, o de Aspirina, en vez de ácido acetilsalicílico). Esto puede suponer un riesgo de duplicidad en la administración. Si quieres evitarlo, aprende el nombre de tus medicamentos no sólo por el nombre comercial, sino también por el principio activo correspondiente.

A veces, cuando voy a comprar a la farmacia mis medicamentos, veo que hay personas que se quejan de los cambios en la marca que les dan, con el trastorno que ello supone, sobre todo a las personas mayores o polimedicadas. Incluso en muchas ocasiones rechazan los medicamentos genéricos.

Para las personas polimedicadas puede suponer un quebradero de cabeza cuando un mismo medicamento tiene diferencias en la presentación; la apariencia es muy importante. Los genéricos también tienen diferentes "marcas", y cuando vas a la farmacia te pueden dar cualquiera, lo que puede crear confusión, sobre todo a las personas mayores. Yo misma he llegado a tener tres cajas diferentes de atorvastatina.

También es bastante frecuente que una misma pastilla, por ejemplo la atorvastatina, tenga diferentes formas y/o color, ya que los laboratorios que los fabrican no tienen la obligación de mantenerlas iguales. Esta complicación se añade a las diferentes cajas (más grandes, más pequeñas, con diferentes colores...). Las personas mayores o polimedicadas, una gran mayoría, están acostumbradas a nombrar las pastillas por su apariencia (es frecuente que hablen de sus pastillas como la pastilla grande y blanca, o la cápsula azul... por poner un ejemplo).
Como esto no se puede evitar, debemos tener algunos trucos que nos ayude en la identificación y evitar equivocarnos:
  • Es conveniente aprender, como he dicho más arriba, a identificar los medicamentos por su composición, además de la marca comercial. 
  • También es bastante útil tener siempre el mismo lugar para cada medicamento, de ese modo aunque tengan diferentes cajas y diferentes formas y colores, sabremos que ahí se pone, por seguir utilizando el mismo ejemplo, la atorvastatina, y al lado el atenolol... y así sucesivamente con los demás medicamentos.
  • A ser posible, pediremos en la farmacia que nos den siempre la misma marca; si es necesario llevaremos el cartón de la anterior medicación.
  • En caso de personas mayores o con las facultades cognitivas reducidas, siempre tendrán a otra persona que supervise la toma correcta de sus medicamentos.


Ana Hidalgo





domingo, 21 de mayo de 2017

Solomillo a la pimienta con patatas a la mantequilla



Ingredientes para el solomillo:

  • Solomillo de cerdo
  • Pimienta molida y en grano
  • Aceite de oliva 
  • 1 brick pequeño de nata para cocinar
  • Un vasito de brandy o whisky

Elaboración:
Lo primero que se hará es limpiar la carne de la grasa con un cuchillo y cortarla en medallones o en la forma que se quiera.
En una sartén, se echa una cucharada de aceite y se pone la carne a fuego medio o fuerte. Cuando la carne esté dorada se retira a un plato y se espolvorea de pimienta.
Para la salsa usaremos la misma sartén donde hemos preparado la carne. Lo primero que haremos es echar toda la nata dejando reducir un par de minutos minutos, removiendo los jugos que había dejado la carne. A continuación se añade un vasito de brandy o whisky y se añaden los granos de pimienta y un poco más de pimienta molida (si es al momento mejor) al gusto. Se deja evaporar el alcohol unos minutos, se vuelve a introducir la carne en la salsa y se deja un par de minutos más.



Ingredientes para las patatas:

  • Un bote de patatas cocidas
  • Una cucharada de aceite de oliva
  • 3 o 4 dientes de ajo
  • Limón
  • Mantequilla, unos 40g más o menos
  • Pimienta negra
  • Romero fresco o en especias.

Preparación: 
Las patatas al ser en conserva contienen menos potasio pero más sal. Lo que se puede hacer es, unas horas antes aclarar bien el agua de esas patatas y volver a ponerlas en remojo (puede ser en el mismo tarro). Esto se hace dos o tres veces más. De esta forma se consigue reducir además de la sal que contienen, todavía más el potasio.
Los dientes de ajo sin pelar y la ramita de romero fresco, también se pueden poner a remojo durante unas horas.

Elaboración:
En una sartén se echa una cucharada de aceite y las patatas bien escurridas. A continuación se agrega la mantequilla, los ajos sin pelar pero partidos por la mitad y el romero.
Lava y seca con papel de cocina un limón. Ralla un poco de la piel y añádela por encima de las patatas.
Seguidamente añade pimienta negra al gusto.
Saltea las patatas a fuego fuerte hasta que la mantequilla esté derretida y todos los ingredientes estén integrados.
¡Riquísimas!

¿Lo sabías? Este es un plato que contiene bastante proteína animal, por lo que los que tienen que reducir su consumo deberán comer raciones pequeñas (una ración de 70-80 g). Como he dicho anteriormente las verduras y legumbres en conserva tienen menos potasio que las frescas, pero también contienen más sal. Hay que aclararlas bien e incluso dejarlas en remojo un tiempo cambiando el agua para quitar gran parte de la sal y reducir más el potasio.  Este plato es ideal para trasplantados con buena función renal. Para los demás enfermos renales, de forma ocasional. También se puede hacer con pollo o pavo

Solomillo de cerdo. 
Proteínas-22,30 g Potasio-370 mg Fósforo-196 mg
Patata         
Proteínas-2,10 g Potasio-410 mg Fósforo-53 mg

(nota: la patata está contabilizada como cruda, porque no he encontrado
la composición de la patata en conserva)


Ana Hidalgo

domingo, 7 de mayo de 2017

"No pienses demasiado en el mañana; el mañana llegará mañana"


Sentir y vivir... disfrutar de la vida, encarar los problemas y afrontarlos a medida que van llegando.
Para mí el día a día es lo más importante; no pienso demasiado en lo que pueda pasar mañana.

Es muy importante para cualquier persona vivir en el presente, disfrutar del momento, del aquí y ahora, sobre todo, junto a las personas queridas y a los amigos. No hay que pensar demasiado en el mañana, sólo lo suficiente para estar preparado cuando éste llegue. Aceptar, asumir y actuar en consecuencia.

La insuficiencia renal crónica es una enfermedad para toda la vida, y por la que se pasa por muchas etapas...continuamente. Debemos adaptarnos a cada una de ellas y aceptar la siguiente a medida que llega... no antes. De otro modo, se te va pasando la vida sin sentir y sin vivir. Ante todo, hay que afrontar las cosas con calma, porque de esta manera nos ayudará a tener mejor condición psicológica y a tener un buen estado de ánimo, influyendo también en la calidad de vida. Porque una persona que no se pasa la vida pensando en el futuro de manera negativa (me falla el riñón, voy a entrar en diálisis, me tienen que hacer una biopsia, tienen que operarme...) y tiene un buen estado de ánimo, tendrá siempre más disponibilidad de tener una mejor calidad de vida, sea la etapa que sea, ya que se preocupará más de cuidarse, de ser feliz, de aprender y de vivir, obteniendo resultados muy positivos para su salud.

Hay que enfrentarse a las circunstancias como vengan y a medida en que lo hagan. Esto no quiere decir que no debamos pensar en nuestro pasado o en nuestro futuro.  El pasado es algo que nos enseña, que nos guía y nos conduce; nos ayuda a progresar y a aprender. El futuro nos sirve para planear objetivos, para conseguir nuestras metas y nuestros sueños y sobre todo para motivarnos.

Sé, sin ninguna duda, que vivir el momento presente no siempre resulta fácil. A veces, tantas preocupaciones, dudas y pensamientos se encuentran atrapados con arrepentimientos y tristezas del pasado o la ansiedad de lo que nos depara el futuro, lo cual puede hacer que sea difícil disfrutar del presente. Si te cuesta vivir en el momento, hay algunas cosas que puedes hacer que te pueden servir. Por ejemplo:

  • Durante el día, busca unos minutos para realizar unas respiraciones profundas. 
  • Intenta prestar atención a aquello que estás haciendo en esos momentos. Concéntrate en lo que estás haciendo, viendo, oliendo, escuchando.
  • Si notas que tu mente comienza a pensar en el futuro o en aquello que puede o no pasar, vuelve a prestar atención a tu presente de nuevo. Tampoco te obsesiones con ello y te molestes contigo mismo cuanto tu mente se disperse. 
  • Sonríe y ríete con frecuencia. Rodéate de personas que te alegren el presente y que te animen a disfrutar de la vida. 
  • Haz deporte. El realizar actividades físicas nos ayuda a centrarnos en lo que estamos haciendo en el momento. El ejercicio nos exige esfuerzo y concentración y funciona estupendamente para "desconectar" de las preocupaciones durante el tiempo que lo realizas.
Así que ya sabes... disfruta... NO PIENSES EN MAÑANA,  VIVE HOY... AHORA



Ana Hidalgo





lunes, 1 de mayo de 2017

Personas y vidas. Mónica: "nuestro viaje con insuficiencia renal en pareja"


Mónica y su marido Iñigo

   Sí, "en pareja", porque tanto mi marido como yo tenemos insuficiencia renal, aunque actualmente estamos los dos trasplantados. Y no, no nos conocimos ni en un hospital, ni en una sala de diálisis ni nada parecido.

  Mi nombre es Mónica, tengo 44  y soy de Irún,  Gipuzkoa. Aproximadamente a los 12 años supe que tenía poliquistosis renal, una enfermedad hereditaria que no me era desconocida, puesto que una parte importante de mi familia materna la tenía, en aquel entonces mi abuela se dializaba, luego empezó mi madre, y posteriormente algunos de mis tíos y tías. Algunos actualmente también están trasplantados. Viví mi adolescencia como cualquier otro adolescente, pues mi  poliquistosis es de tipo adulto, no me causó ningún problema hasta los 35 años más o menos.

A los 18 años conocí a Iñigo, el que se convertiría en mi compañero de viaje en esta "aventura" que nos esperaba, de la que aún no éramos conscientes. Él acudía todos los años a revisión con los nefrólogos a raíz de un problema que tuvo con 14 años, pero no sabíamos que la nefropatía que él tenía, acabaría en una insuficiencia renal. Así que fue algún tiempo después de casarnos,  que supimos que, aunque con enfermedades totalmente distintas, los dos acabaríamos padeciendo una insuficiencia renal crónica. Al principio la noticia nos dejó en shock, además mi madre que había tenido muchas complicaciones, acababa de fallecer, pero enseguida nos dimos cuenta que teníamos que cambiar nuestra actitud. Fue, en ese momento, cuando comprendimos que la vida se compone de etapas, que no podemos llegar a la siguiente sin haber recorrido la anterior, que unas serían mejores y otras peores, por lo que teníamos que aprender a vivir cada momento, cada instante, sin pensar demasiado en el futuro, en la siguiente etapa, que en realidad nadie puede saber cómo será... algo que tuvimos más claro todavía cuando nació nuestra hija Oihane. Y desde luego, Iñigo ha sido y es  un complemento perfecto en cada etapa de este viaje.

LAS ETAPAS DE NUESTRO VIAJE

   El deterioro renal de Iñigo fue más rápido que el mío. Así que aquí comenzó nuestra primera etapa, el 19 de septiembre del 2005, cuando comenzó con la diálisis. Decidió  hacerse la diálisis peritoneal, en un principio con tres intercambios al día. Como él continuaba trabajando, se le hacía dura esta modalidad de diálisis, y terminó haciéndose la diálisis peritoneal automática con la cicladora por las noches. Resultó más llevadero por el día, aunque su descanso se vio afectado. Le llamaron un par de veces para un posible trasplante, pero no hubo suerte. Su madre le empezó a insistir mucho que ella quería donarle un riñón. Pero Iñigo al principio se negaba, no es una decisión tan fácil de tomar, aunque luego comprendes que ella como madre, qué mejor regalo le iba a dar. Así que al final aceptó, y tras todas las pruebas se consideró que era apta como donante.

  Y llegó el día, el 3 de noviembre del 2009, tras cuatro años en diálisis, por fin se hizo el esperado trasplante. Fue todo un éxito para los dos, para madre e hijo. Él estaba tan agradecido, y tan feliz porque comenzaba una  nueva vida, y ella también, porque de alguna manera, le daba la vida por segunda vez, no puede haber alegría mayor para una madre. Así que aquí comenzó otra etapa, etapa de  relativa libertad.

  Esta etapa volvió a cambiar el 25 de abril del 2013, cuando yo empecé en diálisis. Aunque mi idea era hacerme también diálisis peritoneal, no pudo ser, y tuve que hacerme hemodiálisis 3 veces a la semana. La verdad es que siempre lo llevé bien, no tuve grandes problemas, ni durante las sesiones ni después. Y algo positivo que me llevo de esa etapa, son las grandes personas que conocí, compañeros de diálisis, que eran oídos para escuchar penas, pero con los que compartí muchos momentos de alegrías y risas, que hacían que las sesiones pareciesen más cortas. Compañeros que llevo en el corazón y con los que a día de hoy nos juntamos de vez en cuando para pasar un buen rato.

  Esa etapa acabó la madrugada del 24 de julio del año pasado, cuando recibí la llamada, en mi caso, hubo esa única llamada, había un riñón para mí, un riñón que alguien anónimo o su familia generosamente habían decidido donar. Tengo que decir que en ese momento no tenía muchas ganas del trasplante, a pesar de llevar 3 años en diálisis ya. No sé por qué, pero sentía que no era el momento. Pero me equivoqué, y sí lo era. Desde hace 8 meses estamos disfrutando de otra etapa de nuestra vida.

   Son muchas las cosas e incluso anécdotas que podríamos contar. Ha habido momentos en estos años para todo, hemos llorado mucho, porque no siempre las cosas salen como a uno le gustaría, no siempre todo va bien, y las emociones muchas veces funcionan como una montaña rusa. Además, cuando uno tiene hijos, cualquier preocupación que se tiene, es mayor. Pero hemos tratado siempre de ver el lado bueno de la vida, precisamente también por nuestra hija, ella ha vivido nuestra enfermedad desde pequeña, así que hemos tratado de que no le marcara demasiado, esperamos haberlo conseguido. 
Siempre hemos tratado de hacer una vida lo más normal posible, hemos salido de vacaciones, hemos comido o cenado con los amigos, hemos ido al monte... bueno, hemos hecho las cosas normales de cualquier familia. Aunque en ocasiones no haya sido fácil, nos hemos esforzado por lograrlo. Como dije antes, hemos tratado de disfrutar cada momento de la vida, y valorar lo que tenemos, por pequeño que sea, por insignificante que parezca. Esto es algo que te enseña la enfermedad.

    A veces, la gente cuando nos conoce, nos dice
"qué  mala suerte, los dos igual", yo también lo he pensado muchas veces. Pero hoy día doy gracias, gracias porque para este viaje no podría haber tenido compañero mejor. Me ha comprendido, me ha mimado, me ha cuidado, porque él ha vivido antes lo que luego he vivido yo, por lo que ha podido ser totalmente empático conmigo, espero haber estado yo a la altura con él. No sabemos cuál será la siguiente etapa, ahora estamos disfrutando de la libertad de no vivir dependiendo de ninguna máquina, y mi mayor deseo es que llegue lo que llegue,  poder seguir con Iñigo disfrutando cada etapa de nuestro viaje, de nuestra vida.

Mónica

Mi comentario: Gracias, Mónica, por esta bellisíma historia de amor a pesar de la enfermedad. Te agradezco enormemente que hayas aceptado publicarla. Un fuerte abrazo para Iñigo y para ti. Cuidaros mucho.
Ana Hidalgo
 

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