lunes, 20 de junio de 2016

Adelgazar sin sufrir... ¡NO a las dietas!



Seguro que más de uno y de una tiene la sensación de que aunque te pongas a dieta no hay manera de que pierdas peso. ¿Te has parado a pensar si el fallo puede estar en los malos hábitos que sin darte cuenta hacen que no tengas éxito en tu objetivo?.

Los enfermos renales, en especial los trasplantados, tenemos tendencia a engordar, debido en parte a la medicación, y en parte al apetito que se nos ve aumentado por esa medicación y porque, además, podemos comer de manera mucho más variada que estando en diálisis.

Suele suceder que una persona que está intentando adelgazar desde hace tiempo no lo consigue. Y aunque a veces consigue bajar algo de peso, al cabo de unos meses vuelve a estar como antes e incluso con algún kilo de más. ¿Por qué ocurre esto? Porque poco a poco vuelve a tomar los malos hábitos de antes: un día es un bocadillo porque no tiene ganas de cocinar, otro día se le antoja un cruasán, otro día se abre una bolsa de patatas fritas viendo la tele... Así, día tras día, va arrinconando los buenos propósitos que tenía al comenzar la dieta.
Esto es algo que ocurre muy a menudo. Y es que algunos errores son capaces de boicotear todos los esfuerzos por adelgazar, incluso con dietas estrictas. Como forman parte de nuestra rutina, muchas veces no somos conscientes de nuestros malos hábitos, restándoles importancia.

¿Qué hacer para cambiar de hábitos?

  1. Primero es importante automotivarse y mentalizarse. Hay que repetirse que vamos a mejorar nuestros hábitos porque queremos mejorar, en primer lugar, nuestra salud y después, lógicamente, nuestra figura... Y hay que creérselo.
  2. Plantearse metas realistas. Deben ser tanto a corto como a medio plazo. Según se vayan cumpliendo podremos comprobar que vamos progresando y nos ayudará a no decaer y a seguir mejorando nuestros hábitos de alimentación.
  3. Comenzar por cambiar lo que resulte más fácil. No lo hagas todo de una vez. De forma gradual, poco a poco, se debe ir introduciendo algún hábito sano de alimentación, cambiar un alimento por otro (por ejemplo a media mañana una fruta, una tostada, una gelatina o un yogur en vez de un bollo). Poco a poco, nuestra alimentación será variada y saludable e influirá no solo en nuestra figura, sino que será excelente para nuestra salud.
  4. Mucha paciencia. Además de estos cambios de hábitos en la alimentación, hay que premiarse cuando consigamos algún reto: estrenar nuevo peinado, nuevo vestido, un tratamiento corporal o masaje....

Repitendo muchas veces un hábito saludable conseguiremos convertirlo en rutina.


Ana Hidalgo

                                                                                                                                                                                                                 

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