lunes, 21 de diciembre de 2015

Mi estancia en urgencias



Han  pasado varios años desde que estuve ingresada en el hospital, y sinceramente tenía miedo, de acudir, tal y como está la Sanidad en estos momentos.
Hoy voy a contar mi experiencia y cómo me he sentido.

Para describir en dos palabras las urgencias del Hospital serían: saturación y caos.

Eran alrededor de las 5 de la mañana cuando empecé a sentir mucho frío y a tiritar; ya había pasado el día bastante mal. Me puse el termómetro; estaba a 38,4. Así que nos vinimos para el hospital. Mientras a mi me realizaban las preguntas pertinentes, mi marido fue a aparcar el coche (es una barbaridad lo que cobran y más los que se quedan en el hospital todo el día).
Me hicieron pasar a una sala de espera repleta de pacientes y sentarme en un sillón. Ahí mismo me colocaron la vía y me hicieron los análisis (hay que tener presente que estoy inmunodeprimida por el tratamiento del rechazo y que los riesgos de coger cualquier infección hospitalaria en mi caso es mucho mayor)
Pasé 6 horas en ese incómodo sillón, encontrándome fatal y sin que pudiera entrar mi marido.
Ya empezaba a estar agobiada, nerviosa, cada vez me sentía peor, no sabía como ponerme… pero aún queda más.
A eso de las 11 de la mañana me dicen que me pasan a box y que están esperando que quede libre una cama en planta, "bueno, al menos estaré ya tumbada" pensaba…. Pues no, me ponen en otro incomodísimo sillón durante dos o tres horas más.

Había un enorme trasiego de ir y venir... muchísima gente. Pacientes y familiares hablando a grito pelado, enfermeras corriendo y realizando sus tareas con rapidez y buena cara a pesar de todo.
Al cabo de unas horas me hicieron pasar al box, aunque no tardaron en cambiarme al pasillo.
Falta de intimidad total, hombres y mujeres juntos, jóvenes y ancianos casi pegados, exponiendo nuestras vergüenzas, sin timbre para llamar en caso de necesidad, llamando a pleno pulmón (el que podía) a la enfermera. El anciano que estaba en una camilla al lado de la mía con pañales y totalmente destapado... Ni una pizca de intimidad. Léase la intimidad del paciente.

En vez de las urgencias de un hospital, aquello parecía el mercadillo de la cháchara que había.
Ahí, en el pasillo pasé la noche, en una estrecha camilla y en la que además de la neumonía, me estaba comenzando a doler la espalda y la cabeza. Para colmo, tuve la 'gran suerte' de tener enfrente una mujer que no callaba ni estando enferma. Hablaba  y hablaba sin parar, muy deprisa y con voz chillona. Menos mal que la cambiaron al cabo de un rato de sitio.
Pasé en ese pasillo toda la noche y el día siguiente, y cada vez que tenía que ir al lavabo tenía que atravesar el pasillo repleto de pacientes y familiares. En una camilla incómoda, tanto tiempo, enferma sin poder hacer nada, y maldiciendo a ya sabéis quienes... Y a todo esto hay que añadir que estoy inmunodeprimida por tomar medicación contra el rechazo renal, y lo lógico sería que pudiera estar en una zona sin contacto con personas con infecciones o enfermedades contagiosas.

Cuando comenzaba a desesperarme a eso de las 7 de la tarde,(ya llevaba casi dos días en urgencias) vinieron a buscarme. Pregunté si nos íbamos a planta y me contesto el camillero que nos íbamos a otra sala….¿Otra sala?. ¡¡¡Alucinaba!! Y porque me encontraba mal que si no, salto de la camilla y salgo corriendo.
¡Ya lo que me faltaba! Me llevaron a una sala de espera, en la que habían varios pacientes más en camilla, algunos muy mayores, con una puerta que cada vez que se abría entraba corriente de aire, sin separaciones, todos juntos. ¡Qué locura, es la primera vez que veo esto en mi hospital! ¡Vamos de mal en peor!
Encima de que estaba hecha un desastre por la neumonía ahora estaba muy enfadada, pero no con el personal sanitario que era muy amable y solícito, sino con este gobierno que ha permitido esto.
Menos mal que ahí era una zona realmente de "espera", porque no era un lugar adecuado para personas enfermas.
Al cabo de un par de horas, ¡por fin!, me trasladaron a planta y se acabaron mis peripecias en urgencias.

A todo esto tengo que añadir que tengo un gran respeto y estoy maravillada del tremendo esfuerzo que realizan todo el personal médico, atendiendo a sus tareas con una sonrisa y unas palabras amables a pesar de estar saturados por el trabajo. Un enorme agradecimiento a todos ellos.

Ana Hidalgo





8 comentarios:

  1. Ana no sabes bien como te entiendo. En el hospital al que tengo que ir siempre,no voy a citar nombre porque puede ser cualquier hospital,las veces que me he tenido que quedar ingresada me hacían quedarme en los box de urgencias hasta que hubiera cama.Pero esa cama nunca llevaba pero la desesperación crecía y crecía. En fin..la experiencia en los box de urgencias no se la deseo a nadie,porque ves de todo menos algo bueno.Al margen de todo,me alegro que estés mejor.Un beso

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  2. Hola, Alicia..Muchas veces la peor experiencia son las urgencias, esperemos que esto cambie.
    Besos

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  3. Llevo muy mal la chachara y voces que hay en urgencias y salas de espera :(
    Vamos a tener que volver a la foto de la enfermera pidiendo silencio.

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  4. Difícil conseguir algo de silencio en medio de tanta gente. Y todos tan juntitos.
    Besos

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  5. Ufff que mal!! Esas urgencias son insoportables, una vergüenza que tengamos que pasar por ello, aunque los profesionales están igual que los pacientes, pidiendo que todo se solucione desde arriba! Lo importante es que estés bien, y que pases unas buenas fiestas!! Muchos muaksss y Salud!!

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  6. Sí, Rocío, vamos de mal en peor. En fin, yo también te deseo unas felices Fiestas
    Besos

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  7. Lo que me admira, con todos los problemas e inconvenientes que hay, es que tanto los médicos como las enfermeras sean capaces de sonreir.

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    Respuestas
    1. La verdad es que están sobrepasados, pero siempre tienen una palabra de ánimo y una sonrisa.

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