miércoles, 9 de diciembre de 2015

Los micro-relatos de Esther: "Gonso, el caracol de peluche"


 
Daniela era una niña de 4 años que le encantaban los peluches, los tenía de todas clases y formas, osos, gatos, perros, koalas, ranas, un caracol, una vaca, un burro...
Su hermano pequeño, Nico, jugaba mucho con ellos y ella se enfadaba porque se los rompía.
-No cojas mis muñecos que me los estropeas.-Le decía enfadada.-
Había un peluche en especial; su antenita se había roto y la habían cosido con un hilo distinto al color de su tela, su mirada, reflejaba tristeza; era el caracol Gonso , una mascota de un tacto suave, ojos grandes y mirada penetrante.
Daniela lo cogía, le daba besos, acariciaba su antenita remendada y lo volvía a dejar encima de su mesilla de noche. Por la mañana lo miraba, veía sus ojos grandes que tristemente la observaban, ella le daba un besito y se iba a jugar con sus otros peluches.

Tenía una gata blanca con el morro y la colita gris que se la llevaba a todos sitios donde iba, un koala con un chupete rosa que le tenía mucho cariño, un oso gigante blanco con un babero azul, una rana verde con vestido rojo, un perro que cuando le apretabas la tripa ladraba...Todos los peluches parecían felices, todos menos Gonso, el caracol.


La pequeña Daniela no sabía qué hacer con él, no sabía como cambiarle esa mirada que tan desconsolado, ponía.

Un día, en uno de sus intentos por hacer cambiar a Gonso, le pintó con un rotulador negro unas grandes pestañas y unas cejas arqueadas para que la carita tuviese otra expresión. Antes de dormir y al despertar lo miraba, lo cogía suavemente, le daba un abrazo... pero Gonso seguía teniendo unos ojos afligidos.

Una mañana gris de lluvia fina, Daniela cogió a todos sus pequeños amiguitos, los puso encima de su cama para hacer una reunión.

-Necesito vuestra ayuda, por eso hemos convocado esta reunión de amigos.-Dijo Daniela con un disfraz de princesa, que llevaba una corona hecha de papel de aluminio y una varita de hada con una estrella con purpurina en la punta.-
-¿Qué hacemos con él?-Les dijo a todos señalando al caracol que estaba en su mesita con la mirada perdida.
De repente habló Paula, la vieja muñeca de trapo, con el pelo de lana y el vestido de raso.
-Daniela, a Gonso lo tienes dejar como es sin más. No puedes ni debes hacer nada más de lo que haces cada mañana, cada tarde, cada noche desde que conociste a Gonsito.
-Pero...titubea la pequeña...es que no me quiere como vosotros, gimoteaba.
-Bueno, -decía Paula la muñeca,- es su forma de ser, a él lo hicieron así, con sus ojos tristes y su cabeza grandota, y aun así, ¿lo quieres como a nosotros no? A ti no te importa que su antenita este recosida y sea fea, te aseguro que a nosotros tampoco nos preocupa esa pequeña “minusvalía” que sufre Gonso.
-Si, a mí me da igual su antenita rota, yo lo quiero mucho- decía Daniela pensativa y titubeando la respuesta.
-Pues ya está, Gonso es uno de nosotros, así que cuando juegues tráetelo también a tus fiestas, inclúyelo en tus fantasías y sueños, en tus ilusiones y en tus lloros, y quiérelo como es,  y ya veras, como Gonso, con el tiempo hace amigos y su cara incluso cambia de expresión. A él lo que más le preocupa es que nosotros no lo aceptemos por tener algo distinto a nosotros, por estar herido, cosido…

Desde ese día, el caracol ya no estaba en la mesita de noche sino en la habitación de los muñecos, con todos los demás, cuando Daniela hacia fiestas, invitaba  a Gonso que iba con un sombrero de paja y divertía a los demás peluches con sus chistes y bromas.

Con los años, los ojos grandes y tristes del caracol se convirtieron en unos ojos que solo demostraban ternura a quien los miraba.

Moraleja del cuento: Quiere a las personas como son, descubriendo sus almas. Sin importar su aspecto exterior, sin importar que estén enfermas, que sus corazones estén doloridos.  

No las apartes de tu vida aunque en sus ojos se reflejen tristeza, seguro que tu sonrisa consigue que su mirada irradie alegría.
    

Esther Castilla


1 comentario:

  1. Precioso cuento Esther, das en la clave pidiendo que seamos todos inclusivos y nos respetemos tal cual somos, algo difícil, pero que como nos invitas, intentare, que no se me cuele ninguna situación, sin pensar antes en ello. Un abrazo de Aurora Cortes.

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