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Mostrando entradas de diciembre, 2015

¡Os deseo unas Felices Fiestas!

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Ya está a punto de llegar la Nochebuena y la Navidad, y por ello, quiero aprovechar para transmitir, desde este pequeño rinconcito de mi blog, un poco de fuerza positiva y un rayo de felicidad en vuestras vidas, ya que en la actualidad es algo que hace mucha falta, por desgracia.

Que estos días sean lo más felices posible y que podáis disfrutarlo con la familia y los amigos y, sobre todo, con la salud necesaria para ello.

No os olvidéis de reír, abrazar, perdonar, querer, colaborar, besar... y disfrutar

Y para los que estáis en diálisis o en pre-diálisis...¡Cuidadín con el potasio, fósforo y los líquidos! Pasadlo bien, pero sin sobrepasar los límites permitidos.

¡Ojalá que el próximo año todos aquellos que necesitan un órgano para vivir sean trasplantados!
Y aquellos que todavía no son donantes, en el 2016 se animen a serlo.

Desde aquí, abro los brazos para daros a todos un fuerte abrazo y desearos, de nuevo, unas FELICES FIESTAS.


Ana Hidalgo


Mi estancia en urgencias

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Han  pasado varios años desde que estuve ingresada en el hospital, y sinceramente tenía miedo, de acudir, tal y como está la Sanidad en estos momentos.
Hoy voy a contar mi experiencia y cómo me he sentido.

Para describir en dos palabras las urgencias del Hospital serían: saturación y caos.

Eran alrededor de las 5 de la mañana cuando empecé a sentir mucho frío y a tiritar; ya había pasado el día bastante mal. Me puse el termómetro; estaba a 38,4. Así que nos vinimos para el hospital. Mientras a mi me realizaban las preguntas pertinentes, mi marido fue a aparcar el coche (es una barbaridad lo que cobran y más los que se quedan en el hospital todo el día).
Me hicieron pasar a una sala de espera repleta de pacientes y sentarme en un sillón. Ahí mismo me colocaron la vía y me hicieron los análisis (hay que tener presente que estoy inmunodeprimida por el tratamiento del rechazo y que los riesgos de coger cualquier infección hospitalaria en mi caso es mucho mayor)
Pasé 6 horas en ese incómod…

Los micro-relatos de Esther: "Gonso, el caracol de peluche"

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Daniela era una niña de 4 años que le encantaban los peluches, los tenía de todas clases y formas, osos, gatos, perros, koalas, ranas, un caracol, una vaca, un burro...
Su hermano pequeño, Nico, jugaba mucho con ellos y ella se enfadaba porque se los rompía.
-No cojas mis muñecos que me los estropeas.-Le decía enfadada.-
Había un peluche en especial; su antenita se había roto y la habían cosido con un hilo distinto al color de su tela, su mirada, reflejaba tristeza; era el caracol Gonso , una mascota de un tacto suave, ojos grandes y mirada penetrante.
Daniela lo cogía, le daba besos, acariciaba su antenita remendada y lo volvía a dejar encima de su mesilla de noche. Por la mañana lo miraba, veía sus ojos grandes que tristemente la observaban, ella le daba un besito y se iba a jugar con sus otros peluches.

Tenía una gata blanca con el morro y la colita gris que se la llevaba a todos sitios donde iba, un koala con un chupete rosa que le tenía mucho cariño, un oso gigante blanco con un baber…