martes, 22 de diciembre de 2015

¡Os deseo unas Felices Fiestas!




Ya está a punto de llegar la Nochebuena y la Navidad, y por ello, quiero aprovechar para transmitir, desde este pequeño rinconcito de mi blog, un poco de fuerza positiva y un rayo de felicidad en vuestras vidas, ya que en la actualidad es algo que hace mucha falta, por desgracia.

Que estos días sean lo más felices posible y que podáis disfrutarlo con la familia y los amigos y, sobre todo, con la salud necesaria para ello.

No os olvidéis de reír, abrazar, perdonar, querer, colaborar, besar... y disfrutar

Y para los que estáis en diálisis o en pre-diálisis...¡Cuidadín con el potasio, fósforo y los líquidos! Pasadlo bien, pero sin sobrepasar los límites permitidos.

¡Ojalá que el próximo año todos aquellos que necesitan un órgano para vivir sean trasplantados!
Y aquellos que todavía no son donantes, en el 2016 se animen a serlo.

Desde aquí, abro los brazos para daros a todos un fuerte abrazo y desearos, de nuevo, unas FELICES FIESTAS.


Ana Hidalgo


lunes, 21 de diciembre de 2015

Mi estancia en urgencias



Han  pasado varios años desde que estuve ingresada en el hospital, y sinceramente tenía miedo, de acudir, tal y como está la Sanidad en estos momentos.
Hoy voy a contar mi experiencia y cómo me he sentido.

Para describir en dos palabras las urgencias del Hospital serían: saturación y caos.

Eran alrededor de las 5 de la mañana cuando empecé a sentir mucho frío y a tiritar; ya había pasado el día bastante mal. Me puse el termómetro; estaba a 38,4. Así que nos vinimos para el hospital. Mientras a mi me realizaban las preguntas pertinentes, mi marido fue a aparcar el coche (es una barbaridad lo que cobran y más los que se quedan en el hospital todo el día).
Me hicieron pasar a una sala de espera repleta de pacientes y sentarme en un sillón. Ahí mismo me colocaron la vía y me hicieron los análisis (hay que tener presente que estoy inmunodeprimida por el tratamiento del rechazo y que los riesgos de coger cualquier infección hospitalaria en mi caso es mucho mayor)
Pasé 6 horas en ese incómodo sillón, encontrándome fatal y sin que pudiera entrar mi marido.
Ya empezaba a estar agobiada, nerviosa, cada vez me sentía peor, no sabía como ponerme… pero aún queda más.
A eso de las 11 de la mañana me dicen que me pasan a box y que están esperando que quede libre una cama en planta, "bueno, al menos estaré ya tumbada" pensaba…. Pues no, me ponen en otro incomodísimo sillón durante dos o tres horas más.

Había un enorme trasiego de ir y venir... muchísima gente. Pacientes y familiares hablando a grito pelado, enfermeras corriendo y realizando sus tareas con rapidez y buena cara a pesar de todo.
Al cabo de unas horas me hicieron pasar al box, aunque no tardaron en cambiarme al pasillo.
Falta de intimidad total, hombres y mujeres juntos, jóvenes y ancianos casi pegados, exponiendo nuestras vergüenzas, sin timbre para llamar en caso de necesidad, llamando a pleno pulmón (el que podía) a la enfermera. El anciano que estaba en una camilla al lado de la mía con pañales y totalmente destapado... Ni una pizca de intimidad. Léase la intimidad del paciente.

En vez de las urgencias de un hospital, aquello parecía el mercadillo de la cháchara que había.
Ahí, en el pasillo pasé la noche, en una estrecha camilla y en la que además de la neumonía, me estaba comenzando a doler la espalda y la cabeza. Para colmo, tuve la 'gran suerte' de tener enfrente una mujer que no callaba ni estando enferma. Hablaba  y hablaba sin parar, muy deprisa y con voz chillona. Menos mal que la cambiaron al cabo de un rato de sitio.
Pasé en ese pasillo toda la noche y el día siguiente, y cada vez que tenía que ir al lavabo tenía que atravesar el pasillo repleto de pacientes y familiares. En una camilla incómoda, tanto tiempo, enferma sin poder hacer nada, y maldiciendo a ya sabéis quienes... Y a todo esto hay que añadir que estoy inmunodeprimida por tomar medicación contra el rechazo renal, y lo lógico sería que pudiera estar en una zona sin contacto con personas con infecciones o enfermedades contagiosas.

Cuando comenzaba a desesperarme a eso de las 7 de la tarde,(ya llevaba casi dos días en urgencias) vinieron a buscarme. Pregunté si nos íbamos a planta y me contesto el camillero que nos íbamos a otra sala….¿Otra sala?. ¡¡¡Alucinaba!! Y porque me encontraba mal que si no, salto de la camilla y salgo corriendo.
¡Ya lo que me faltaba! Me llevaron a una sala de espera, en la que habían varios pacientes más en camilla, algunos muy mayores, con una puerta que cada vez que se abría entraba corriente de aire, sin separaciones, todos juntos. ¡Qué locura, es la primera vez que veo esto en mi hospital! ¡Vamos de mal en peor!
Encima de que estaba hecha un desastre por la neumonía ahora estaba muy enfadada, pero no con el personal sanitario que era muy amable y solícito, sino con este gobierno que ha permitido esto.
Menos mal que ahí era una zona realmente de "espera", porque no era un lugar adecuado para personas enfermas.
Al cabo de un par de horas, ¡por fin!, me trasladaron a planta y se acabaron mis peripecias en urgencias.

A todo esto tengo que añadir que tengo un gran respeto y estoy maravillada del tremendo esfuerzo que realizan todo el personal médico, atendiendo a sus tareas con una sonrisa y unas palabras amables a pesar de estar saturados por el trabajo. Un enorme agradecimiento a todos ellos.

Ana Hidalgo





miércoles, 9 de diciembre de 2015

Los micro-relatos de Esther: "Gonso, el caracol de peluche"


 
Daniela era una niña de 4 años que le encantaban los peluches, los tenía de todas clases y formas, osos, gatos, perros, koalas, ranas, un caracol, una vaca, un burro...
Su hermano pequeño, Nico, jugaba mucho con ellos y ella se enfadaba porque se los rompía.
-No cojas mis muñecos que me los estropeas.-Le decía enfadada.-
Había un peluche en especial; su antenita se había roto y la habían cosido con un hilo distinto al color de su tela, su mirada, reflejaba tristeza; era el caracol Gonso , una mascota de un tacto suave, ojos grandes y mirada penetrante.
Daniela lo cogía, le daba besos, acariciaba su antenita remendada y lo volvía a dejar encima de su mesilla de noche. Por la mañana lo miraba, veía sus ojos grandes que tristemente la observaban, ella le daba un besito y se iba a jugar con sus otros peluches.

Tenía una gata blanca con el morro y la colita gris que se la llevaba a todos sitios donde iba, un koala con un chupete rosa que le tenía mucho cariño, un oso gigante blanco con un babero azul, una rana verde con vestido rojo, un perro que cuando le apretabas la tripa ladraba...Todos los peluches parecían felices, todos menos Gonso, el caracol.


La pequeña Daniela no sabía qué hacer con él, no sabía como cambiarle esa mirada que tan desconsolado, ponía.

Un día, en uno de sus intentos por hacer cambiar a Gonso, le pintó con un rotulador negro unas grandes pestañas y unas cejas arqueadas para que la carita tuviese otra expresión. Antes de dormir y al despertar lo miraba, lo cogía suavemente, le daba un abrazo... pero Gonso seguía teniendo unos ojos afligidos.

Una mañana gris de lluvia fina, Daniela cogió a todos sus pequeños amiguitos, los puso encima de su cama para hacer una reunión.

-Necesito vuestra ayuda, por eso hemos convocado esta reunión de amigos.-Dijo Daniela con un disfraz de princesa, que llevaba una corona hecha de papel de aluminio y una varita de hada con una estrella con purpurina en la punta.-
-¿Qué hacemos con él?-Les dijo a todos señalando al caracol que estaba en su mesita con la mirada perdida.
De repente habló Paula, la vieja muñeca de trapo, con el pelo de lana y el vestido de raso.
-Daniela, a Gonso lo tienes dejar como es sin más. No puedes ni debes hacer nada más de lo que haces cada mañana, cada tarde, cada noche desde que conociste a Gonsito.
-Pero...titubea la pequeña...es que no me quiere como vosotros, gimoteaba.
-Bueno, -decía Paula la muñeca,- es su forma de ser, a él lo hicieron así, con sus ojos tristes y su cabeza grandota, y aun así, ¿lo quieres como a nosotros no? A ti no te importa que su antenita este recosida y sea fea, te aseguro que a nosotros tampoco nos preocupa esa pequeña “minusvalía” que sufre Gonso.
-Si, a mí me da igual su antenita rota, yo lo quiero mucho- decía Daniela pensativa y titubeando la respuesta.
-Pues ya está, Gonso es uno de nosotros, así que cuando juegues tráetelo también a tus fiestas, inclúyelo en tus fantasías y sueños, en tus ilusiones y en tus lloros, y quiérelo como es,  y ya veras, como Gonso, con el tiempo hace amigos y su cara incluso cambia de expresión. A él lo que más le preocupa es que nosotros no lo aceptemos por tener algo distinto a nosotros, por estar herido, cosido…

Desde ese día, el caracol ya no estaba en la mesita de noche sino en la habitación de los muñecos, con todos los demás, cuando Daniela hacia fiestas, invitaba  a Gonso que iba con un sombrero de paja y divertía a los demás peluches con sus chistes y bromas.

Con los años, los ojos grandes y tristes del caracol se convirtieron en unos ojos que solo demostraban ternura a quien los miraba.

Moraleja del cuento: Quiere a las personas como son, descubriendo sus almas. Sin importar su aspecto exterior, sin importar que estén enfermas, que sus corazones estén doloridos.  

No las apartes de tu vida aunque en sus ojos se reflejen tristeza, seguro que tu sonrisa consigue que su mirada irradie alegría.
    

Esther Castilla


sábado, 5 de diciembre de 2015

Pronto llega la Navidad y con ella el estrés Navideño



Se acercan las fechas Navideñas y para muchas personas el estrés se acentúa. Un amplio porcentaje de la población asegura que a medida que se acercan las Navidades se van poniendo más nerviosos. 

Es verdad que en estas fechas llegan las luces de colores, las tiendas decoradas, las calles llenas de gente cargadas con paquetes y regalos; aunque, al igual que en años anteriores, con esta crisis más bien son paquetitos.
Llegan los días de comer y beber sin parar, de hacer excesos, y de empachos, gastritis y de las sales de frutas.
Llegan las eternas sobremesas y reuniones con familiares y amigos que solo vemos muy de vez en cuando. Llegan los días de dejar la Visa temblando, y temblando nosotros pensando en el mes siguiente cuando lleguen las facturas.
Llegan los días de las risas y los nervios de los niños esperando lo que les traerá el Papá Noel o los Reyes Magos o ambos a la vez. 

Pero también llegan los días para muchas personas de los agobios,del cansancio, del desear que pasen pronto, de las depresiones, de la tristeza, si en ese momento falta un ser querido. 

Uno de cada cinco españoles sufre del llamado estrés navideño. En esta época el estrés puede alcanzar niveles insospechados.La causas que más estrés provocan en estas fiestas son:

  • La compra de los regalos en el último momento.
  • No saber que regalar, o verse " forzados" a regalar   por compromiso.
  • La preocupación que conllevan los gastos extras.
  • Ir de compras, dar mil vueltas y no encontrar lo que se busca.
  • Tomar decisiones de dónde y cómo se van a celebrar las fiestas.
  • El estrés de las preparaciones; tanto de menús, como vestido, peluquería etc.
  • Sentirse forzados a "estar felices" porque es Navidad y es casi una obligación quererse en esta época.

La forma de enfrentarse a estas situaciones es teniendo mucha tranquilidad y anticiparse a todo:

  1. Organízate. Hay que preparar la lista de las compras y de los alimentos que se vayan a preparar con tiempo.
  2.  Prepara un presupuesto y no te pases de ahí.  Evita los desastres económicos. Las compras y los regalos deben estar de acorde con lo que puedes pagar.
  3. Hay que comprar los regalos poco a poco y fijarse una fecha tope. No dejarlo todo para el último minuto.
  4. En estas fechas se reúnen las familias que a veces tienen conflictos. Evita hacer comentarios que puedan causar molestias y arruinar la fiestas. Recuerda que la manera de pensar y las costumbres no se cambian porque llegue la Navidad.
  5. Ten expectativas realistas, no pretendas que todo vaya a quedar perfecto y que todo el mundo se vaya a portar a las mil maravillas.
  6. Evita quedar exhausto. Establece prioridades y piensa bien el tiempo que tienes disponible tú y tu familia.
  7. Planifica un tiempo para estar con tu pareja o para estar a solas.
  8. La Navidad puede ser muy relajada si decidimos tomarnos un tiempo para nosotros mismos, pequeñas acciones como salir a caminar, dormir una siesta, hacer respiraciones profundas (un arma ideal contra la tensión y el estrés) y disfrutar de un buen momento con amigos, puede ayudar a manejar el estrés, y estaremos así cuidando de la salud de nuestro corazón.
  9. Intenta dormir 8 horas diarias para funcionar bien durante el día. No podemos pretender rendir si no le hemos dado suficiente descanso a nuestro cuerpo

En fin, paciencia y a disfrutar.


Ana Hidalgo


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