martes, 28 de julio de 2015

La intimidad de un enfermo en un hospital o revisión médica


Seguro que más de uno o una se ha encontrado en una de estas situaciones:
  • Estás en urgencias, con el camisón del hospital, ese camisón último modelo que se te ve hasta el carnet de identidad y con el que te sientes degradado y humillado. La intimidad se queda en la puerta del hospital. Entonces te dicen que te levantes al baño a llenar un botecito para un análisis de orina. Tú te levantas como puedes (hay que pensar que estás ahí porque te encuentras mal), te sientes fatal e intentas por todos los medios colocarte ese odioso camisón de manera que no se te vean tus partes nobles. Hay que contar también con el brazo medio inutilizado por la vía que te han colocado para el suero. Para ir al baño tienes que atravesar todo un pasillo lleno de boxes, con enfermos y acompañantes que te siguen con la mirada. En esos momentos, a pesar de encontrarte enfermo, te sientes humillado y con una vergüenza que te mueres.
  • En la visita rutinaria de ginecología, te preparas para la revisión, te quitas el pantalón o la falda y las braguitas y te subes  a la camilla exploratoria, vulgarmente llamada "potro", que ya de por sí es deprimente. Es una postura en la que te sientes indefensa y extremadamente vulnerable, por lo que necesitas palabras amables y suaves...y si tienes suerte, y tu ginecólogo o ginecóloga es así, tienes mucho camino ganado y la revisión se supera de forma menos traumática... De pronto, aparece tu médico con tres residentes que se agachan y se acercan para intentar ver mejor tus "partes", como si estuvieran viendo un partido o alguna película muy interesante. En esos momentos tú, con las piernas abiertas de par en par y temporalmente inútil, sientes ganas de llorar del bochorno, la incomodidad, la humillación y la vergüenza que estás pasando.
  • Te han operado y pasan los médicos a revisar tu herida y tu evolución. Te quitan la sábana y tú te quedas completamente desnudo o desnuda. Las cortinas sin correr, sin ninguna intimidad, expuesto a las miradas de todo el que entre. Los médicos, sin apenas hablar contigo, empiezan a comentar entre ellos y a examinarte la herida. No sabes dónde meterte y te encoges en un vano intento de protección, mirando de reojo la sábana como si fuera tu castillo, tu refugio, tu salvación... y deseando poder taparte.
Muchas veces la intimidad en un hospital o en una visita médica se olvida en favor de otros aspectos más técnicos y otras necesidades consideradas más básicas por el personal médico o sanitario y que siempre giran en torno a la enfermedad, al tratamiento, a la intervención... más que a lo que siente el propio enfermo.

Ya sabemos que en un hospital o en una visita médica la intimidad es algo difícil de conseguir, pero se puede tener un poco de empatía y ponerse en el lugar del enfermo, que no está allí por gusto. Si los médicos y el personal sanitario tienen un poco de "tacto" y comprensión, resultará todo menos embarazoso y denigrante.


Algunas cosillas a tener en cuenta:

  1. Esos camisones...¡por favor! que vale que tienen que ser así, abiertos por detrás, para que los médicos puedan realizar mejor las exploraciones y pruebas médicas, pero podrían hacerlos que cerraran mejor, que los lazos no estuvieran siempre rotos, que fueran más fáciles de abrochar... Eso es una cosa que tendrían que cambiar, pues es de las cosas más humillantes que hay en un hospital.
  2. La educación también es muy importante como parte del respeto y de guardar la intimidad del enfermo. Por ejemplo: Cuando entra alguien en la habitación y lo hace sin llamar.
  3. El personal sanitario debe dar importancia al trato personalizado de cada enfermo. Hay que respetar la integridad del enfermo y evitar que su autoestima baje al verse despojado de algunas señas que le identifican (pelucas, gafas, dentadura postiza...). Por ejemplo: una señora que le dice a la enfermera que le coloque los dientes porque su marido no la ha visto nunca sin ellos.
  4. Si te han operado de una rodilla, no tienen por qué desnudarte por completo, ya que hay una total sensación de falta de protección y de estar expuestos como en un escaparate.
  5. Algo que también traumatiza mucho y  resulta realmente vergonzoso es tener que realizar las "necesidades" en la cama. A mucha gente les resulta muy difícil hacerlo, y se necesita comprensión y paciencia por parte del personal del hospital. Por ejemplo: Una señora que le dice a la acompañante de la enferma de al lado (una chica) que si le puede poner la cuña porque no quiere que se la ponga su hijo.
En fin, podría estar enumerando muchas situaciones embarazosas y que implican falta de intimidad.

Y ya para concluir quiero comentar, que hay muchos factores, bastante sencillos y simples que pueden hacer que los enfermos nos sintamos, si no bien, por lo menos un poco menos mal. Un entorno acondicionado (biombos, cortinas, puertas) junto con la empatía, simpatía y comprensión del personal médico y sanitario, pueden reducir notablemente la situaciones de incomodidad, vergüenza e indefensión del paciente. 




Ana Hidalgo



2 comentarios:

  1. Hace unos meses vi un video en el que un médico hacía pasar a sus residentes por esta experiencia para que entendieran como se siente el enfermo. Un poco de empatía nunca viene mal

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    Respuestas
    1. Es verdad, Angel, me acuerdo del vídeo. Creo que lo colgué en mi página de Facebook. El ponerse en el lugar del otro tendría que ser una asignatura que tuvieran que pasar todos los médicos.
      Un abrazo

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