martes, 24 de febrero de 2015

"Siempre es demasiado pronto para darse por vencido" Por Merche Forte


Foto de: Merche Forte
Hoy os presento a Merche. Ella va a contar su historia, una historia que le ha hecho luchar y valorar la vida. Una historia con nombres de enfermedades y tratamientos que nunca antes había oído y que ahora sufre en su propia piel. Y ahora me callo para que ella os cuente sus vivencias. 
Gracias, Merche, por tu colaboración.

Mi nombre es Merche Forte y hasta hace un año yo era igual de afortunada que vosotros porque nunca había oído hablar de ASHUA; ahora soy afortunada porque ASHUA existe y apoyan a sus socios enfermos de SHUa de manera incondicional.


Desde que entré en mi octavo mes de embarazo tuve síntomas, aparentemente aislados,que se manifestaban alternativamente. Hipertensión, anemia, marcadores inflamatorios en analíticas, inflamación de la cara o partes de ella como labio, oreja, cuello… todo hacía parecer que se trataba de reacciones alérgicas. Durante esos tres años visité varios especialistas: alergólogo, reumatólogo, internista, endocrino, estomatólogo, cardiólogo, un análisis tras otro sin hallar un diagnóstico, aunque todas mis signos eran leves.


Llevaba un mes en que el agotamiento invadía mi cuerpo, me costaba subir escaleras, caminar en pendiente, me faltaba el aire y las piernas se arrastraban por el asfalto sin que yo pudiera alzarlas más de un centímetro para avanzar camino. Mi situación familiar no ayudaba a concretar. Mi estado de ánimo de preocupación constante por mi prima, que acababa de ser diagnosticada con un cáncer fulminante, hizo que me viniera abajo. Todo lo que me pasaba se atribuía a depresión y falta de sueño, incluso pastillas ansiolíticas, que nunca llegué a tomar, me recetaron el último mes para calmar mis nervios y la angustia por la enfermedad de mi prima. Todo hizo enmascarar y no alertó a ningún médico de que algo grave podría estar desencadenándose. Mi debut en SHUa estaba próximo.


Recuerdo aquella noche de jueves santo, 17 de abril de 2014, como si estuviera sucediendo ahora. Después de tres años y medio, y por segunda vez, repetía la frase: ¡Niño despierta! con la intención de alertar a mi marido. En la primera ocasión fue para traer al mundo una nueva vida, la de mi pequeño que nos llenaría de alegría. 

Esta vez algo bien distinto estaba a punto de suceder. Sentía como se me iba la mía. En pocas horas pasé de acostarme sin ningún síntoma a tener vómitos, diarrea, taquicardias, mareos y debilidad extrema. Estaba claro que no se trataba de una simple enfermedad común pero ¿qué me estaba pasando?

Con la analítica de urgencias, llegó un primer diagnóstico alarmante: insuficiencia renal aguda. Mis riñones no estaban funcionando por lo que mi ingreso fue inmediato. Fueron días de analítica tras analítica, biopsia de riñón, y diversas pruebas para lograr el diagnóstico definitivo que llegaría al cuarto día de mi ingreso, en el que mis plaquetas empezaron a descender.  

El mismo día que escuché por primera vez Síndrome Hemolítico Urémico Atípico y sin tiempo de reacción, me introducían un catéter en el cuello y amanecía conectada a una máquina para efectuarme mi primera plasmaféresis de tres horas, a continuación mi primera sesión de diálisis. Todo eran filtros, mangueras cebadas con mi sangre que me encogían en un suspiro cada vez que pulsaban el botón de arranque. Volvía a la habitación del hospital a media tarde, abatida y con ganas de buscar en internet ese maldito nombre que había intentado memorizar repitiéndolo constantemente en mi cabeza,  ya que el tratamiento que estaba recibiendo hacía presagiar lo peor.

No os puedo explicar cómo me sentí después de aquel día, conectada a máquinas ocho horas, había firmado más papeles en una hora que en toda mi vida, todos ellos cargados de advertencias que no ayudaban a tranquilizar la mente y, para colmo, mi  lectura final de la enfermedad con datos recogidos en la red derrumbaban mi ánimo. Ésa, sin dudarlo fue la peor noche de mi vida, sentada en la cama pensando que me quedaban horas de vida, que no volvería a ver a mi hijo, desesperada rezaba a Dios que me dejara con la suficiente fuerza para coger su manita y darle su beso de buenas noches, volver a ver esa sonrisa aunque fuera postrada en un sillón, débil y enferma. 


miércoles, 18 de febrero de 2015

Vivir el presente, el día, el momento...





La vida es, aunque a veces no lo parezca, muy corta. En un instante se puede acabar, en un instante te puedes derrumbar, en un instante... sólo un instante.


Cuántas veces hemos oído nombrar la palabra "cuando": cuando termine mis estudios, cuando consiga trabajo, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando viaje por todo el mundo, cuando esté preparado, cuando me pida perdón, cuando llegue el momento..."Muchas personas se pasan la vida con esa palabra en la boca. De ese modo van postergando las posibilidades de vivir en el momento, dejando la vida pasar sin aprovechar otras oportunidades de ser feliz. 


Por otra parte, hay personas que no viven en el presente porque se queden añorando el pasado que no puede volver, o aquellas que se quejan continuamente de su mala suerte en el trabajo, en la salud, en el amor... provocando la infelicidad de ellas mismas y de su entorno. Además esta postura conlleva a sufrir más enfermedades o a agravar aquellas que ya se tienen.




Vivir en el pasado o en el futuro no tiene sentido porque nosotros estamos en el hoy, en el presente y es eso lo que debemos intentar disfrutar y aprovechar. El pasado es algo que ya pasó y que no puede volver, por lo tanto, lo dejaremos aparcado en un rincón de nuestra memoria. El futuro es algo que todavía no existe y que todavía no sabemos que nos deparará. ¿Entonces para que "calentarnos la cabeza" pensando?.
Lo mejor es aprovechar la vida y tomar las decisiones en el presente.

No se puede ser feliz si te pasas la vida esperando, ya sea para terminar el trabajo, para que llegue el fin de semana, para realizar ese viaje... en resumen, para que llegue el futuro. 


Por eso, vive este momento, disfruta de cada pequeño detalle (un paseo, el sol, tomar una taza de café, una brisa de aire, la lluvia, el olor de una flor, la contemplación de un hermoso paisaje, un momento de tranquilidad) y piensa que el futuro nos llegará, queramos o no, y que si tu presente lo tomas de forma amable y lo disfrutas, tienes mucho ganado. 


Ana Hidalgo



viernes, 6 de febrero de 2015

La diabetes. "Azúcar amargo"


El tener control de la diabetes es muy importante para prevenir futuras complicaciones. Sin el control es casi imposible que los niveles de azúcar (glucosa) permanezcan estables. 


Hay algunos factores que te ayudarán a controlar tu diabetes:

  • Vigilar los niveles de azúcar en la sangre.
  • Alimentación sana y adecuada.
  • Ejercicio físico de manera regular.
  • Mantener un peso estable.
  • Tener especial cuidado de los pies (mantener una higiene escrupulosa, aplicación de crema hidratante a diario y acudir al podólogo).
  • Evitar el alcohol y el tabaco
  • Reducir los niveles de estrés.
  • Si se necesita tratamiento, cumplirlo a rajatabla.
Aquí os dejo un vídeo preventivo donde un paciente diabético que lleva una vida desordenada, con mala alimentación y totalmente sedentaria, ve como su diabetes se complica con otros trastornos graves. 
A raíz de esto, decide cuidarse para tratar de no empeorar y mejorar su calidad de vida.

       




Ana Hidalgo


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