viernes, 30 de enero de 2015

¡RIIINNNGGGG! ¡A desayunar !



Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse:

-"Ya hay que levantarse y nos comimos todo el combustible'"...
Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda mensaje a ver qué disponibilidad hay de glucosa en la sangre. 
Desde la sangre le responden: 
-"Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más". 
El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera: 
-"De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver qué tiene en reserva". 
En el hígado consultan la cuenta de ahorros y responden que "a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos". 
En total no hay sino cerca de 290 gramos de glucosa, es decir, alcanza para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si se nos ocurre desayunar. 
Si estamos apurados o nos resulta insoportable comer en la mañana, el pobre órgano tendrá que ponerse en emergencia: 
-"Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos de los huesos y el colágeno de la piel". 
La cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran cual cartera de mamá comprando útiles, y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en glucosa sanguínea. El proceso continuará hasta que volvamos a comer. 
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Como se ve, quien cree que no desayuna se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora. La consecuencia es la pérdida de tono muscular, y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento. 

¿Cómo afecta eso nuestro peso? Al comenzar el día ayunando, se pone en marcha una estrategia de ahorro energético, por lo cual el metabolismo disminuye. El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas. 

Por eso, si la persona decide luego almorzar, la comida será aceptada como excedente, se desviará hacia el almacén de 'grasa de reserva' y la persona engordará. 

La razón de que los músculos sean los primeros utilizados como combustible de reserva en el ayuno matutino se debe a que en las horas de la mañana predomina la hormona cortisol que estimula la destrucción de las proteínas musculares y su conversión en glucosa. 


Así que ya lo sabes ahora... nunca más salgas sin desayunar, tu organismo te lo agradecerá y compensará con mayor salud, misma que podrás disfrutar viviendo más tiempo y sano para que convivas con tus seres queridos.

Desayunando temprano, llevarás energía suficiente misma que te ayudará a que tu mente sea más ágil, tus pensamientos más espontáneos, tu cuerpo más relajado, con mayor facilidad de movimiento y por lógica... te estresarás menos.

Fuente: 
Dra. Daniela Jakubowicz (Endocrinóloga) 

Del Blog: Para hincar el diente




Ana Hidalgo

sábado, 24 de enero de 2015

Carta a mi riñón (trasplantado)




Esta carta va dedicada a mi riñón, tan importante y vital para mí.

Queridísimo riñón:

Hace mucho tiempo que estamos juntos y me gustaría dedicarte unas palabras para que sepas la gran fortuna que he tenido en la vida desde el primer momento en que te sentí. Te escribo también para demostrarte lo agradecida que me siento por tenerte a mi lado en este largo y arduo camino, con "sus más y sus menos", con las alegrías y los momentos difíciles... y que a pesar de todo lo que hemos pasado, sigues aquí conmigo.

Sé que el paso del tiempo empieza a hacer mella en ti, pero sabes que te cuido con mimo y cariño para que sigas con la vitalidad y la fuerza que me has demostrado hasta ahora. 

Mientras estemos juntos, nos vamos a encontrar con muchos obstáculos y dificultades que intentarán separarnos, e incluso puede que lo consigan. Pero lucharemos y haremos frente a todo para evitar tener que llegar a ese duro trance, o alargarlo lo máximo posible. 

Cada día contigo es una nueva victoria, un pasito más en este camino que realizamos unidos, al mismo compás. Todo lo que hago, lo hago pensando en ti, en tu salud y en tu bienestar que son los míos. 

Me gustaría estar junto a ti toda la vida, pero si un día has de abandonarme, sentiré pena y dolor, pero me quedará el recuerdo de todos estos años felices vividos junto a ti. 
Me has ayudado y me ayudas mucho: a realizar mis proyectos, a disfrutar de la vida, a viajar, a sentirme bien... en fin, a tener una buena calidad de vida.

Por el momento nos tenemos el uno al otro; yo te cuido y tú me das la salud, la energía y la vitalidad... hermoso intercambio.

Sin más que decir, pero mucho por sentir, me despido con un: 
"Te quiero, riñon".



Ana Hidalgo


lunes, 19 de enero de 2015

La cita con el médico



Tienes cita con el médico (nefrólogo), y por la mañana, al levantarte de la cama ya comienzas a sentir un "run-run" en el estómago. -"No estoy nervioso" -te dices tú mismo en un intento vano de  auto-convencerte y de tranquilizarte. 

Has dormido bien y has procurado no pensar demasiado en el día siguiente, ni en la visita médica del día siguiente, pero al levantarte ya tienes esa sensación en la boca del estómago. 
Estás harto de hospitales y médicos. Llevas toda la vida, o mucho tiempo, enfermo y no hay manera de relajarte ni templar los nervios, aunque a simple vista no lo parezca. 
Una revitalizante ducha y un buen desayuno no contribuyen a mejorar tu estado de inquietud.

Antes de salir de casa, compruebas todo lo que tienes que llevar, incluyendo la lista con todas las preguntas o dudas, que entre visita y visita se te plantean y que no quieres olvidar preguntar al médico.


Y que no falte un buen libro, la tableta, el lector electrónico o una revista... de alguna manera hay que entretenerse mientras esperas en la sala de espera, valga la redundancia.


De camino hacia el hospital o a la consulta médica, la sensación en el estómago va subiendo hacia el corazón. Notas que tu nerviosismo e inquietud se acrecienta. Es algo tenue pero en cada visita médica ocurre lo mismo; no tienes manera de controlarlo.

Llegas a la consulta, normalmente abarrotada, y te sientas en unas sillas de esas que están unidas, muy incómodas, y que si se mueve una se mueven todas. Si hay alguien que se balancea, todos los demás se mueven con su vaivén. No resulta agradable, estar meciéndose aunque no te apetezca. Te dan ganas de decirle al que se está moviendo, que sólo te falta el "meneíto" para terminar de ponerte nervioso.

Llega tu turno y te levantas de forma precipitada; cierras el libro, se te cae el abrigo, vas arrastrando la bufanda, casi te tropiezas... mientras dices -yo, yo, ya voy-... Y piensas: "para que corro si voy a entrar de todas formas". 

El corazón te late con fuerza (por eso a muchos nos sube la tensión en consulta) y te sientas mientras esperas que el médico termine con el ordenador. 
Lo miras, casi aguantando la respiración, y cuando dice las palabras esperadas y deseadas "el riñón está bien", sueltas todo el aire retenido y te relajas en la silla. 
Entonces es cuando comienzas con todas tus preguntas, mucho más relajado y contento.

Una vez terminada la consulta, mientras estás en la cola para nuevas citas y nuevos análisis, te dices que la próxima vez vendrás más relajado. Aunque luego volverá a pasar lo mismo


¿Te pasa a ti? ¿Te sientes identificado?

Es muy común en los trasplantados tener sensaciones parecidas. Es la incógnita de saber cómo han salido los resultados, aunque sepamos en nuestro interior que estamos bien.

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miércoles, 14 de enero de 2015

La piel de la cara en invierno.


Hay muchas personas que piensan que la cara tiene que hidratarse y protegerse de los rayos solares solamente en verano...¡ Pero nada más lejos de la verdad !.
La piel necesita la hidratación en invierno tanto o más que en verano, al igual que un factor de protección para los rayos solares.

Cuando salimos a la calle, con el frío y el viento, procuramos proteger nuestro cuerpo con abrigos, bufandas, guantes... ¿ pero el rostro?.

La piel de la cara está al descubierto, desprotegida y tirante. De hecho, es la estación más dura para nuestra piel. Pasamos de repente de un clima frío del exterior a una calefacción en el interior. Esto provoca que se altere la película hidrolipídica de la piel (envoltorio de protección que cubre la piel compuesta por sudor, sebo y agua), y la producción de glándulas sebáceas (que fabrican el sebo) se hace más lenta.

El resultado es que nuestra piel al ser menos grasa se convierte en menos flexible, se deshidrata y se reseca.
Por lo tanto, en invierno, utilizaremos cremas con componentes más nutritivos, hidratantes y protectores.

Consejos:
  1. No olvides de utilizar todos los días un crema hidrante adecuada a tu piel y si la tuya se seca más en esta estación utiliza una crema extra hidratante.
  2. Aplícate mascarillas hidratantes según el tipo de piel que tengas; aunque ésta sea grasa hay formulas libres de aceites ideales para hidratar y cuidar ese tipo de piel.
  3. Utiliza una base de maquillaje en todo el rostro. Además de su función de unificar el tono de piel, te ayudará a proteger el rostro de las agresiones externas.
  4. Si eres propensa a tener los labios cortados, acostúmbrate a llevar en el bolso un bálsamo labial. En invierno los labios sufren mucho por lo que recuerda exfoliarlos una vez a la semana e hidratarlos por la mañana y por la noche.
  5. Usa un protector facial solar cada día (los hay con color que pueden sustituir al maquillaje) y si estás en la nieve o en la montaña, utiliza un factor de 50.
  6. Todos estos consejos, menos el del maquillaje, sirven también para hombres. Ellos también deben cuidar su piel, que aunque es más gruesa que la nuestra, también sufre las inclemencias del tiempo.



Ana Hidalgo


viernes, 9 de enero de 2015

Los miedos, angustias y dudas del recién trasplantado




Cuando una persona está esperando un trasplante, se imagina lo feliz que será y lo que cambiará su vida con ese nuevo órgano. Cambiará para bien, podrá comer normalmente, soltar las amarras de esos tubos que limpian su sangre y que la mantienen atada, se encontrará mejor y con más fuerzas.


Una vez trasplantado, en los primeros días, semanas e incluso meses, los sentimientos se entremezclan, sobre todo al poco tiempo de la intervención. La alegría es inmensa, a pesar del dolor que causa la operación, pero también empiezan a asomar el miedo, la angustia, las dudas y las preguntas.


El miedo: al rechazo, a contraer cualquier infección a causa de la inmunosupresión, miedo a realizar casi cualquier tarea que implique algún esfuerzo... "por si se sale el riñón del sitio". Sí, esto último parece una tontería pero más de uno lo ha pensado en los primeros días.

La angustia: ante cualquier pequeño síntoma, a no saber llevar de manera adecuada el estricto tratamiento inmunosupresor, al caos que se genera en la cabeza con tanta nueva información para cuidar el injerto. 
Las dudas y preguntas: qué hacer si hay diarrea, si hay fiebre, si se puede comer de esto o de aquello, si la zona donde se encuentra el riñón molesta, si se olvida una pastilla, si se puede hacer ejercicio... y así miles de dudas y preguntas que nos planteamos cuando estamos recién trasplantados, y que nos agobian a pesar de no haber motivo para ello. 
Os puedo asegurar que todo esto es completamente normal. A todos nos ha pasado al principio. 

Mi consejo es que mientras estéis todavía ingresados, preguntéis todo a vuestros nefrólogos o personal sanitario, que pidáis consejo cuando tengáis alguna duda y que os expliquen todo cuanto vaya sucediendo. Si es necesario apuntaros las preguntas para cuando llegue el momento de la visita médica. Es mejor ser un poco pesados y salir del hospital con toda la información y con la seguridad de haber entendido todo. 


El día que os dan el alta es un día bastante caótico, pues a la emoción de la vuelta a casa, se une la asimilación de toda la información relacionada con el tratamiento a tomar, nuevas pruebas, nuevas citas para visitas, consejos... Hay que procurar estar atentos a todo cuanto diga el médico que nos realiza el alta. Si es preciso anotaremos cuánto nos digan, y si hay otra persona atendiendo a todo lo que diga el médico, mucho mejor; cuatro oídos escuchan mejor que dos.


Una vez en casa, empezaremos con nuestra vida rutinaria poco a poco. Los primeros días serán extraños, procuraremos aprendernos bien el tratamiento que debemos tomar, y aunque hay que estar atentos a cualquier síntoma raro o anómalo, molestia o dolor, tampoco es cuestión de volvernos hipocondríacos y obsesivos.

En caso de algún síntoma como: fiebre, dolor en la zona del riñón, efecto no deseado de un medicamento, malestar general... llamaremos al hospital y haremos lo que nos digan. De todos modos al principio las visitas serán muy continuadas para asegurar el buen funcionamiento renal.

Pero lo más importante que hay que hacer es: disfrutar de ese nuevo cambio que nos ha sucedido, cuidarnos y cuidar nuestro riñón.


Ana Hidalgo




martes, 6 de enero de 2015

El cuidar nuestro atractivo ayuda en la enfermedad subiendo la autoestima



Foto de: Ana Hidalgo
Esto lo tengo comprobado. Y no es ningún estudio hecho por ninguna universidad, sino la experiencia propia.

Cuando una persona tiene que convivir con una enfermedad crónica, a veces le resulta difícil querer y cuidar su cuerpo. Muchos sienten que no tiene sentido arreglarse porque su vida la acapara la enfermedad, y su autoestima cae en picado al verse con cicatrices, con catéteres, con hinchazón, con poco pelo... Es como un pez que se muerde la cola; no te arreglas porque estás enfermo y al no verte atractivo/a te sientes peor.

No es necesario ser guapísimos/as o tener un cuerpo escultural para tener una buena imagen corporal. Tu imagen puede ganar atractivo y puede mejorar si te cuidas, aceptando tus limitaciones y resaltando tus partes más bellas.

Todos podemos estar espléndidos y guapos si sabemos realzar aquellas partes de nuestro cuerpo que nos hacen atractivos. Aquellos que aprenden a valorarse como son y que consiguen que nos fijemos en sus puntos fuertes, ya sean sus ojos, la boca o su silueta, son los que tienen una imagen más agradable y atractiva.

Una persona que se cuida con esmero día a día, y que al mirarse en el espejo se ve atractiva y está contenta con ella misma, gana en autoestima, en optimismo y en fuerzas para seguir luchando.

Puede que al principio te cueste empezar a cuidar tu imagen porque no te apetece arreglarte o porque estás muy bajo/a de moral por todo lo relacionado con tu enfermedad, pero comienza poco a poco.

Algunas cosas que se pueden hacer:
  • Mantener el peso adecuado. Procura huir de las dietas tipo yo-yo, que además de ser deprimentes, estropean la salud y el cuerpo, y come la cantidad justa, la que necesites, sin saltarte ninguna de las comidas.
  • Hacer algo de ejercicio. Un ejercicio suave y que te guste, ayudará, poco a poco, a que te sientas mejor y a moldear la figura.
  • Cuida tu piel. Una piel cuidada es muy atractiva y envejece más tarde. No seas perezoso/a y aplícate las cremas, corporales y faciales, que necesites.
  •  Arréglate el pelo, disimula ojeras y bolsas, maquíllate a diario. Simplemente con un toque de colorete y barra de labios puedes cambiar por completo tu imagen. Te sentirás mucho más segura de ti y tu autoestima subirá.
  • Para los hombres. Busca un corte de pelo que favorezca a tus facciones. Si te gusta llevar perilla o barba, dedica al ritual del afeitado los recursos y el tiempo suficientes.
  • Sueño reparador. El dormir bien, es un embellecedor natural. Nuestro organismo necesita del sueño para reponerse de las exigencias a las que nos sometemos a diario. Un buen descanso ayudará a sentirte con fuerzas al día siguiente.
  • Por último, sonríe. Una persona guapísima puede parecer fea si siempre está de malhumor. La sonrisa y la risa te convierte en un imán que atraerá a las personas hacia  ti. Además te ayudará a transmitir confianza, seguridad y alegría.
FRASES

"Existe una evidencia muy grande de que cuanto mayor sea nuestra autoestima mejor vamos a poder tratar a los demás".
"La adversidad y la perseverancia pueden diseñar tu vida. Ellas dan un valor y autoestima que no tiene precio".
"El éxito más grande es la aceptación de uno mismo".
"Yo soy cada vez más agradable conmigo mismo cada día. Yo empiezo a gustarme".





Ana Hidalgo
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