martes, 22 de octubre de 2013

El complicado prospecto de los medicamentos


En el caso del Advagraf, el prospecto
es larguísimo y por ambas caras
Foto de: Ana Hidalgo
Cuando el médico nos receta algún medicamento, lo que solemos hacer normalmente es: vamos a la farmacia a por el fármaco y cuando llegamos a casa, lo abrimos para ver, en primer lugar el tamaño de la pastilla (con la cantidad que tomamos los enfermos crónicos mejor si son pequeñas) y en segundo lugar el tamaño del prospecto: <<¡Ostras! ¿Pero qué es esto? Parece una enciclopedia de instrucciones, efectos secundarios, interacciones contraindicaciones...>> 
Y hay que leerlo, es un paso que no debemos saltarnos. Es importante hacerlo ya que nos lo advierten continuamente: "Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a tomar el medicamento".
Coges el papelito, que se encuentra doblado en una infinidad de pliegues, y que luego es imposible volver a doblar en su forma original, y lo despliegas por completo. Te encuentras con una enorme página llena de líneas escritas de manera muy apretada y con letras muy pequeñas, que resulta todo un desafío para la mayoría de personas, sobre todo para aquellas con mala visión o personas mayores.

Haciendo un esfuerzo tremendo y dejándote la vista en ello, comienzas a leer.

Vamos por partes:
En primer lugar te explica qué es el medicamento y para qué se utiliza. En el caso, por poner un ejemplo, de la atorvastatina, te explica detalladamente que sirve para bajar los niveles de colesterol, y si, por si acaso, no sabes lo que es el colesterol te ofrece una explicación detallada en un intento de ofrecer una información sencilla para los no entendidos. 

Después están las advertencias de "no tome tal medicamento si": eres alérgico, tienes enfermedad renal, enfermedad de hígado, corazón, pulmón, trastornos muscular, estás embarazada, tienes insuficiencia respiratoria ... en fin, que te preguntas si es un medicamento o una bomba de relojeria.

Luego están las interacciones con otros medicamentos, ¡esa es otra!, menuda lista de medicamentos que interactúan unos con otros. Esta lista se nos atraganta más que el montón de pastillas que debemos tomar, sin contar los nombres tan raros y difíciles de pronunciar (digoxina, amiodarona, gemfibrozilo, ketoconazol...). Los que tomamos gran cantidad de medicación debemos estar al tanto de cualquier medicamento que no sea recetado por nuestros médicos. 

Llegamos al capítulo de cómo tomar el medicamento, (esto va casi por fascículos). En primer lugar te aconsejan que sigas exactamente las instrucciones de administración que te ha indicado el médico... entonces  <<¿Nos saltamos esta parte?>>. Yo como soy muy obediente, y al principio del prospecto indican que leamos "todo" el contenido de la página, lo hago. En este apartado te indican si debes tomar el medicamento con agua, en la comida, o fuera de ellas, entre otras cosas. También te aconsejan qué hacer en caso de tomar más medicación de la cuenta... <<¡Eso lo sé yo! ¡Salir pitando hacia el hospital!>>. También te recomiendan que si se te olvida una dosis, la tomes lo más pronto posible y si ya es tarde dejarlo. No compensarlo con una dosis doble a la siguiente toma.

Y pasamos al más terrorífico de los apartados: "Posibles efectos secundarios". Comienzas a leer y se te eriza el vello de la piel. Aquí nos enumeran los efectos que nos pueden provocar el medicamento y los clasifican en varias categorías: frecuentes, poco frecuentes, raros y muy raros. 
De todos modos, se nota el esfuerzo que hacen por hacer comprensibles las palabras de los prospectos, porque si no sabes cualquiera de los efectos adversos que pueden provocar algunos medicamentos ellos se encargan de aclararlo, por ejemplo: trombocitopenia (reducción de plaquetas en la sangre) <<Eso suponiendo que el paciente sepa lo que son las plaquetas>>, anemia hemolítica (disminución de glóbulos rojos en sangre), urticaria (ronchas), ictericia (color amarillento de la piel y mucosas)...
Las personas con enfermedades crónicas y polimedicadas tenemos todos los números para que alguno de los efectos adversos de los medicamentos que tomamos aparezcan, aunque sólo sea al comienzo: náuseas, vómitos, dolor de estómago, urticaria, estreñimiento, sequedad de boca, etc... Por eso, cualquier síntoma que notes cuando estés tomando un medicamento debes notificarlo inmediatamente a tu médico.

Y ya por último, nos encontramos con la conservación y con la información adicional del medicamento que es la composición y el aspecto del producto y el contenido del envase.

Cuando has terminado de leerlo,con mucho cuidado, pruebas de doblarlo de nuevo con todos sus pliegues, intentas meterlo en su caja como se encontraba anteriormente, luchas con él, empujas para que entre, se arruga, lo sacas, lo aplanas, lo vuelves a doblar cuidando de que cada pliegue coincida con el original, lo vuelves a introducir... y así un rato, hasta que al final lo sacas y tienes tres opciones, o lo metes en la caja superarrugado, o lo guardas en un cajón aparte, porque no tienes más cajas de ese medicamento, o lo arrugas y lo tiras porque tienes más medicamento igual con su prospecto correspondiente . Eso sí, no es conveniente quedarse sin el prospecto, nos puede hacer falta en alguna ocasión para volver a leerlo o para echarle un vistazo cuando tengamos alguna duda.



Ana Hidalgo

2 comentarios:

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