miércoles, 17 de julio de 2013

No necesito que sea fácil, solo que sea posible



Paula Venero
Decidí escribir este artículo hace ya un tiempo, pero no encontraba momento de sacarlo a la luz, hasta que un día recibí un correo de ALCER pidiendo ideas para actualizar la revista nº50 y decidí que este ese era el momento, no dude en coger papel, boli y ponerme a redactarlo, ya que me parece que aportar mis experiencias  puede ser de gran ayuda para muchas de las personas que padecen enfermedades renales, en especial a los jóvenes, ya que yo tengo 19 años, y es más fácil que yo comprenda su situación y ellos a su vez la mía.

Comenzaré por el principio y así os contaré un poco de mí, aunque supongo que la gran mayoría ya conozcáis muchos de los tratamientos, pastillas, momentos…. Aun así haré un repaso.

Yo comencé con esta enfermedad a los 14 años, si, muchos pensareis, pobrecita, era una cría, pero a pesar de todo lo superé, conseguí luchar contra tratamientos muy duros como el rituximap y los bolos de ciclofosfamida, y a su vez con sus múltiples efectos secundarios, como caídas de pelo (bastante llamativas), vómitos, acné por dichos tratamientos, cansancio…. Sí, fue muy duro pero se supera, siempre hay que ver el vaso medio lleno y no medio vacío, además tomaba un montón de pastillas que me hacía sentir mal, me destrozaban el estómago... pero yo pensaba: Paula, ¡tienes que ponerte bien! Tienes una larga vida por delante y te van a pasar cosas muy bonitas, esto es solo un mal trago.

A pesar de intentar pensar siempre en positivo todos tenemos siempre momentos de bajón y supongo que muchos habréis pasado por psicólogos, y no pasa nada, el psicólogo no es para locos como piensan los ignorantes, es para gente que necesita ayuda y todos a lo largo de nuestra vida la necesitamos, y no es malo ya que nuestra enfermedad es muy larga y a su vez muy dura, pero pensad que podría ser peor ¡Nosotros tenemos tratamiento, nosotros tenemos cura!
Y pensad que sois héroes por poder con todo esto, que no es nada fácil.
Yo, aunque pasé por estos dos tratamientos, no conseguí evitar la diálisis, sí, fue un palo cuando recibí la gran noticia, todo era nuevo para mi ¿Una máquina? ¿Una fístula? ¿Un catéter? ¿La creatinina? Y un montón de términos que me sonaban a chino, pero no quedaba más remedio que afrontarlo con fuerza.
Tengo que reconocerlo, el primer día estaba muerta de miedo, pero cuando llegué allí todo el personal me trato con muchísimo cariño y al cabo del tiempo me sentía como en casa, conocí allí gente que me hacía sentir realmente a gusto.
Hasta que un día después de llevar en diálisis casi once meses, en pleno examen de literatura, me llamaron por alerta de trasplante, yo sin pensarlo ni un segundo dejé el bolígrafo y fui corriendo al hospital; de los nervios me desmayé un par de veces, pero bueno, realicé mi diálisis y después me bajaron a quirófano.
Fue una operación muy larga como ya sabéis (4h aproximadamente) pero sin complicaciones, a pesar de que parecía de que todo iba bien, el riñón se necrosó y el trasplante fue fallido.

Esa temporada fue muy mala para mí ya que además de que no fuese bien el trasplante, comencé con la diálisis peritoneal y también me fue mal y a los 6 meses me quitaron el injerto por numerosas y continuas fiebres provocadas por infecciones en él. Por lo tanto tuve que continuar con la hemodiálisis, en la que ya llevo dos años después de la operación.

Después de ese año tan horrible pasé una racha bastante mala psicológicamente hablando, pero justo al verano siguiente, Rosa me animó a ir al campamento de ALCER y conocer a niños con el mismo problema, y si soy sincera aquello me abrió los ojos, se despertaron cosas en mí que no había sentido nunca y me di cuenta de que aquellos niños si que era héroes y no los famosos, ELLOS, que a pesar de todo tenían vitalidad, ganas de vivir, alegría… y además entre ellos se cuidaban como una pequeña familia, los cuales me integraron desde el primer día, en especial uno, que ya el primer día mientras hacíamos una actividad en las cocinas me acabo llenando de huevo, harina y carne picada jajaja y que hoy por hoy es de mis mejores amigos.
Y desde ahí se convirtieron en mi familia también, en la que tengo unos amigos increíbles para toda la vida. Y eso que sentí aquella semana es un recuerdo que no podré sacarme nunca del corazón, porque  es donde me llegaron, al corazón.

Y sin alargarme más me gustaría darle las gracias a mi gran familia, mis amigos de Pedreña y mi mejor amiga por estar siempre ahí y ser mi muro.

Paula Venero Hidalgo


Ana Hidalgo


2 comentarios:

  1. Gran historia de vida.
    Gracias Paula por enseñarnos a ver el vaso medio lleno y no medio vacío.

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  2. mi niña..como siempre te dije..eres admirable y tu sonrisa nos da fuerzas a muchos..no cambies y nunca dejes fe luchar..vanesa(auxdialisis)

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