jueves, 16 de mayo de 2013

Diario de un trasplante: El post-operatorio y el mes en el hospital



Eva con su madre
Obviamente al final todo se sabe, y no tardé mucho en conocer los detalles de cómo había ido la operación, por qué había sido tan larga y demás.
Resultó que en la ecografía que hicieron entre operaciones vieron que el riñón no tenía buen flujo de sangre y estaba sufriendo. El cirujano me explicó que mis dos riñones poliquísticos son tan grandes que al abrir el vientre para colocar el nuevo tuvo problemas de espacio y le costó encontrar un buen lugar para ponerlo. No quedaba más remedio que meterme de nuevo a quirófano y recolocarlo.
Y menos mal que así lo hicieron. Cuando me abrieron apenas 20 minutos después por segunda vez, el riñón estaba ya la parte superior oscurecido y sin riego, asfixiándose. Seguramente lo hubiera perdido en 24 o 48 horas.

Por lo tanto la segunda operación lo salvó. Aunque luego me enteré que había sufrido daño tubular agudo al hacerme la biopsia tres semanas después de la operación. Lo que no saben es si ese daño es de la primera operación, o de los tratamientos posteriores.

Todos los días me sacaban sangre, tres veces o cuatro al día y me hacían una radiografía del pecho dos veces al día, ya que de la segunda operación salí con colapso pulmonar y encharcamiento. Por eso me tuvieron con respiración asistida hasta el quinto día cambiando según iba mejorando los tipos de máscaras de más grandes a más pequeñas hasta tener sólo los tubitos que se meten en la nariz. Además estaba conectada a los monitores, tenía la sonda de la orina que me quitaron el día 7, la sonda para el drenaje de sangre de la herida, una vía en el cuello para medicación intravenosa y otra vía en uno de los brazos y cientos de moratones por ambos brazos. Algunos de esos moratones aún los tengo después de un mes.

Con la vía subclavia

Mis vías en los brazos se rompían constantemente y tenían que ponerme nuevas. Esto fue a causa de la heparina, una medicación intravenosa para hacer la sangre menos densa, un diluyente, que el cirujano pidió que me pusieran para ayudar en la recuperación de esa parte del injerto que estaba oscura y sin flujo de sangre. Y a la que tuve una reacción alérgica. Aunque en un segundo examen salió que no era alérgica a la heparina 100% pero esta medicación me bajó las plaquetas a casi 30 y la hemoglobina a 6 y pico.

Hay que tener en cuenta que mi función renal anterior a la operación era aún de un 15% y que mis riñones aún funcionaban y por tanto orinaba sin problemas. Eso supuso después un desafío para los médicos que no podían calcular cómo iba en riñón nuevo en base a la orina que hacía.
Después de la operación estaba orinando entre 4 y 5 litros al día, una barbaridad para los médicos, pero eso no les servía de referencia, salvo para saber que tenía y tengo que beber un mínimo de 6 litros de agua al día para no deshidratarme. Y es que la deshidratación junto con el poco flujo de sangre al injerto son sus dos mayores enemigos. Esta es la razón de que durante muchos días tuvieran que ponerme suero para mantenerme hidratada. De hecho no comí nada hasta el cuarto día después de la operación y tampoco tenía hambre con tanto líquido en el cuerpo.

Durante la primera semana me hicieron casi todos los días dos o tres ecografías que mostraban buen flujo al riñón aunque seguía la parte superior del injerto sin alimentación sanguínea, cosa que no comenzó a mejorar hasta la tercera semana que parecía que se iba recuperando. El primer fin de semana después de la operación parecía que el riñón iba a comenzar a aclarar, es decir que la creatinina estaba bajando a buen paso, y de hecho llegó a bajar a 220. (Antes de la operación estaba en 287).

Ese fin de semana y por la repentina bajada de plaquetas y hemoglobina a los médicos no les quedó más remedio que ponerme una transfusión de sangre. Y el lunes comenzaron los problemas serios. La creatinina se disparó a 300 y pico, y aparecieron los anticuerpos de rechazo. Los médicos perdieron los nervios y me hicieron una resonancia con contraste, cosa muy mala para el riñón, y a continuación una resonancia magnética nuclear para comprobar que no había bloqueo de las venas de entrada y salida del injerto. Y yo sólo quería que me dejaran en paz.

El siguiente paso al aparecer los anticuerpos es tratarlo con inmunosupresor en vena, que no es otra cosa que un medicamento de inmunosupresión que borra todas las defensas del organismo y las deja a cero y a continuación un ciclo de intercambio de plasma sanguíneo con una máquina que se viene usando desde hace diez años y que hace ese trabajo. Es un tipo de diálisis pero no para toda la sangre sino para plasma.
Te sacan tu plasma “contaminada” con los anticuerpos de rechazo y te meten plasma limpio que el laboratorio crea para ti. La sesión dura cerca de hora y media si la vía de acceso es buena y si no da problemas. Yo no tenía vía de acceso y por eso me tuvieron que poner una en la ingle, que solo aguantó hasta la quinta sesión que fue horrible. Duró cuatro horas y la vía al final estaba colgando de un hilito. Por eso para las otras cinco sesiones de plasma me pusieron una vía subclavia, que aún llevo puesta.
Los médicos aún no han decidido si voy a necesitar más plasma.
El jueves pasado me sangraba la vía y tuve que ir a urgencias por la noche a que la limpiaran y pusieran un vendaje de presión… parece que está estable.

Después de los diez tratamientos de plasma, vuelven a hacerte de nuevo otro tratamiento de inmunosupresión. En mi caso funcionó y los anticuerpos de rechazo dos de ellos desaparecieron y el otro andaba en mínimos.
De nuevo parecía que la creatinina quería bajar pero nunca ha vuelto a bajar de 300.

El caso es que los médicos necesitaban que mi hemoglobina estuviera por encima de 10 para hacerme la biopsia antes de mandarme a casa y de derivarme como paciente externa y por eso a la tercera semana volvieron a hacerme otra transfusión, de sangre “lavada” que le llaman, sólo la parte que necesitaba para subir la hemoglobina. Yo me negué durante toda la semana, no me había gustado nada que los problemas comenzaran después de la primera transfusión… pero la Epo que me estaban pinchando iba muy lenta y la hemoglobina no subía de 7 y pico. Dos bolsas después de sangre, la hemoglobina subió y pudieron biopsiar… pero… a los dos días la creatinina estaba otra vez en los límites altos, casi en 350.

Al menos la biopsia demostró que el riñón es bueno, que tiene riego, que no hay anticuerpos ni rechazo pero sí que había una cicatriz curándose y daño tubular agudo. Me explicaron que está como dormido. Y que tengo que tener paciencia pues la creatinina tardará en ir bajando. A pesar de que la paciencia y yo, no nos llevamos nada bien.

Hoy 12 de Mayo, a mes y dos días de mi trasplante, he tenido mi segunda visita como paciente externa; el sábado pasado tuve que ir al centro de diálisis del hospital y hacerme analíticas ya que el jueves pasado la creatinina estaba de nuevo en 348.
El médico que ha dicho que el sábado estaba en 321… y que si sigue bajando, cosa que descubriré el jueves en mi próxima consulta (por ahora voy lunes y jueves como paciente externa hasta nuevo aviso y tal vez los sábados para analíticas) tal vez no sea necesario hacer otra biopsia como planeaban. También me ha dicho que me van a dar cita para quitarme la vía subclavia, cosa que me alegra pues me duele bastante y es muy molesta para ducharse y dormir.


En mi próximo escrito os contaré cómo son las visitas externas para trasplantados y un poco sobre la medicación, y de paso os contaré algunas anécdotas divertidas que haberlas las hay de mi tiempo en el hospital.

Eva Palomeque


Ana Hidalgo

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