martes, 28 de mayo de 2013

Diagnóstico: I.R.C (Insuficiencia Renal Crónica)

Últimamente recibo muchos e-mails de personas que acaban de ser diagnosticados de I.R.C, (insuficiencia renal crónica). Se encuentran perdidos, asustados y con muchisimas dudas. Es normal. De tener una vida absolutamente normal, pasan a tener unas estrictas normas dietéticas, un arsenal de medicamentos, un sinfin de pruebas médicas, la diálisis etc..., lo que hace que sus vidas se vuelvan del revés. El mundo se detiene para ellos y piensan que cómo pueden seguir las personas viviendo como si tal cosa, cuando a ellos se les ha venido todo abajo.

 Al principio lo niegan, no quieren saber nada , se esconden como un caracol, sin querer saber ni conocer su enfermedad. Luego, viene la rabia, una rabia contra todo y contra todos, hasta que, poco a poco, van aceptando y acostumbrándose a su nueva realidad.

 Lo más probable es que los médicos intenten ralentizar el proceso del deterioro renal con medicación, y una estricta dieta, que se deberá cumplir al pie de la letra.

 Es conveniente buscar tanta información como sea posible acerca de la enfermedad y las opciones de tratamiento, ya que es una forma positiva que ayudará a sentirse bajo control.  Conocer a otras personas en la misma situación ayuda también muchisimo a aceptar la enfermedad. Sobre todo dejar que la familia ofrezca su apoyo en esos momentos tan duros.

 Es aconsejable procurar mantener un estilo de vida activo dentro de las posibilidades del momento de la enfermedad.  Es posible que haya que dejar o cambiar algunos aspectos de la vida a partir del diagnóstico. Hay etapas en las que puedes mantener un ritmo elevado en las actividades diarias: trabajo, casa, deporte, aficiones... y hay etapas en las que fisicamente, por anemia por ejemplo, no estás en condiciones de abarcar tanto, y tienes que ralentizar un poco; entonces se puede dar paseos, leer, hacer algún curso etc... pero sobre todo mantenerse activo. Es cuestión de adaptarse al momento.

 Otra cosa que suele pasar sobre todo al principio de la enfermedad es que baja la autestima, entre otras cosas, por la dependencia que puede crear la enfermedad, la imagen corporal negativa, las dificultades en las relaciones con otros... Por eso, no me canso de repetir que hay que realizar acciones que nos logren aumentar la confianza en nosotros mismos: ejercicio, bailar, salir con amigos o la pareja e hijos, trabajar, cuidar el físico, apuntarse a cursos, etc.

 Pero sobre todo, hay que pensar que la vida no se detiene ahí y que según como vivamos y como nos la planteemos, seremos más o menos felices y haremos a los que nos quieren más o menos felices.

VIVE EL DIA A DIA Y SABOREA LOS PEQUEÑOS DETALLES DE LA VIDA.            

 Podeis consultar también mi artículo
Como adaptarse a vivir con insuficiencia renal


Ana Hidalgo

domingo, 26 de mayo de 2013

Diario de un trasplante: Consultas externas y medicación post trasplante


Eva regresando de
consultas externas
La vida después de un trasplante cambia en muchos aspectos, especialmente si sale todo bien, pero lo hace igualmente cuando hay algún problema o complicación.
Los médicos se convierten de repente en parte de la familia y las visitas a las consultas externas, parte de la rutina semanal, especialmente durante los primeros meses posteriores y dependiendo de la evolución del trasplante y el paciente.

Yo, de momento, tengo que ir dos veces a la semana a las consultas externas y a veces algún que otro día para análisis si los médicos lo consideran necesario.
Tengo que decir que soy de las personas que opina que más vale prevenir que curar, así que no me niego si me llaman para que me acerque a repetir una analítica o si necesitan una prueba extra. Eso significa primero que ellos están pendientes de mí y segundo que se pueden ir atajando cualquier tipo de problemas o despejar dudas y para esas cosas, cuanto antes mejor.

La consulta externa aunque parezca mentira para post trasplantados está bastante concurrida y casi siempre toca esperar un rato, algunas veces unas horas, pero no importa. A mí me encanta el ambiente que se respira allí, la esperanza, la alegría, y también el ver a otros pacientes que poco a poco comienzan a ser caras familiares.

Aquí, en mi hospital, todos tomamos la medicación anti rechazo a las 10 de la mañana y las 10 de la noche.
El día de consulta la toma de la mañana debemos llevarla con nosotros pero esperar a que nos hagan las analíticas para tomárnosla. Así, pueden medir en sangre las cantidades que tenemos de la toma de la noche anterior, y si el cuerpo hace picos de medicamento anti rechazo, que pueden ser también, si se toma en exceso de lo que se necesita, nocivos para el injerto.
Esto de la medicación anti rechazo es encontrar el equilibrio perfecto. Yo salí del hospital tomando 9 mg por la mañana y 8mg por la noche de una de ellas, ya que tomo dos diferentes, y la semana pasada me bajaron 1 mg la toma de la mañana porque estaba haciendo picos altos.

En la primera consulta tras el alta hospitalaria, al menos aquí en Inglaterra, tienes que pasar a la oficina de Farmacia, donde la encargada repasará contigo todas las medicinas que tomas. También se asegurará de que tienes la caja porta pastillas que deberían darte cuando te dan el alta y arreglará para que te apunten en la lista de entrega a domicilio de los anti rechazo, ya que aquí los cubre el gobierno. Ni el hospital ni la farmacia  dispensan estos medicamentos, sino que los mandan a casa en una furgoneta que sólo te los entrega a ti o a otra persona que nomines y que habrá de responder unas preguntas al conductor para asegurarse que se entregan a la persona correcta.

La farmacéutica también ajustará el listado impreso y el pasaporte de medicación que se debe llevar siempre encima, como un documento oficial y es tipo librito, como podéis ver en la foto, y que hay que mostrar siempre a dentistas, otros médicos como el de cabecera o cualquier otra persona que nos vea que no sea de nuestro equipo nefrólogo.
Las medicinas y el librito de pasaporte de medicinas que
se utiliza en Inglaterra
Cuando llegas a la consulta externa te presentas y al poco te llama la enfermera que recibe la muestra de orina que siempre debemos llevar, te pesa y te toma la tensión y te da el numerito para los análisis. Luego sales y esperas, te llaman y te hacen la extracción de sangre y después vuelves a salir para que por fin puedas ver al nefrólogo.
Cuando el médico te ha visto y te comenta los últimos resultados, casi siempre los resultados de los análisis de la consulta anterior y toma nota de la medicación, responde tus dudas y consultas y demás, entonces te puedes marchar. A no ser que aún tengas algún vendaje que deba ser tratado por enfermería, limpiado o revisado. Entonces sales y esperas a que te atienda la enfermera, pides la cita para la próxima consulta y a la próxima… volver a empezar.

Al final no es tan complicado y te terminas aprendiendo la rutina. La verdad es que tengo que decir que la primera consulta entre unas cosas y otras tardé cuatro horas en salir del hospital, pero la de la semana pasada, en una hora estaba toda completamente superada.

En cuanto a las medicaciones, y teniendo en cuenta que yo he tenido alguna que otra complicación y tenía la tensión alta antes de mi operación y el colesterol, tomo bastantes, pero menos de lo que yo me imaginaba.
Básicamente se toma la medicina anti rechazo, que es la más importante. También durante seis semanas después del trasplante se toma un tipo de jarabe que sirve para proteger la boca de llagas.
Hay un antibiótico que se toma solamente durante el tiempo que se tiene el catéter para evitar infecciones y otro que se toma durante los seis primeros meses posteriores al trasplante para prevenir infecciones de pecho y pulmonías o neumonías. Supongo que en cada país se llaman de una manera, pero al menos sé que el motivo de tomarlos es ese y no otro. Además te mandan un anti viral para prevenir cualquier tipo de infecciones y que se toma durante los tres meses posteriores al trasplante. 
En mi caso tengo también una dosis baja de esteroides y corticoides, los primeros para evitar el rechazo ya que actúa como inmunosupresor extra por mis propias complicaciones al haber creado anticuerpos y el segundo una pastilla a la noche para ayudar a que no orine tanto como venía orinando… casi 6 litros al día, lo que me obligaba a beber como una loca. Y me permite poder dormir algo mejor ya que no me levanto tanto al cuarto de baño.
El omeprazol lo tomo dos veces al día para proteger mi estómago, ya que sufro de gastritis. La Simvastatina por la noche para el colesterol y la vitamina D a media mañana. Para terminar un par de veces al día tomo medicación para la tensión arterial y el único calmante que tengo permitido es el paracetamol de 1 gramo cuando tenga dolor, pero éste apenas lo tomo en contadas ocasiones.
Ya sabemos todos que el mayor enemigo de nuestros riñones son los antiinflamatorios, entre ellos el ibuprofeno, así que ese ni lo huelo.
Tengo dos extras, las inyecciones de Epo los lunes, miércoles y viernes que me pincha mi marido en el brazo para que la hemoglobina se mantenga alta y las inyecciones de heparina que se pinchan en la tripa y sirven para diluir la sangre y que el injerto esté bien regadito. Estas últimas no me gustan mucho y por lo que he escuchado todos los trasplantados se marchan a casa del hospital con ellas recetadas al menos durante quince días post trasplante.
Obviamente cada paciente es diferente y es posible que las medicinas que yo tomo no las manden en todos los países, pero al menos aquí son pautas comunes para todos los trasplantados. Y si se piensa con cuidado, tiene sentido, pues las defensas están tan bajitas que los antibióticos y antivirales son necesarios.
Me han contado que cuando la creatinina baja y las cosas mejoran las medicaciones se van rebajando y ajustando… yo espero que poco a poco ese sea mi caso. De momento no me quejo… me sigo considerando afortunada… he visto la diálisis todos los días mientras estaba ingresada y sinceramente… me quedo con las pastillas y las inyecciones.
Y desde aquí aprovecho para dejar reflejado mi admiración y respeto por todos aquellos que se dializan, como mi tía, y miles de personas por todo el mundo. He tenido el privilegio de escuchar algunas de sus historias y de ver lo fuertes y valientes que son. ¡Chapó!
Eva Palomeque
Ana Hidalgo

jueves, 23 de mayo de 2013

Mis reflexiones: El camino de mi blog y mi página



De vez en cuando me paro a pensar en que, poco a poco, he ido acumulando experiencia y soltura en mi forma de escribir. Y de esto me doy cuenta repasando algunos de mis primeros artículos.
Hace algo más de dos años y medio que comencé este camino del blog, añadiendo al poco tiempo mi página en Facebook y Twitter.

En aquel entonces, el mundo del blog era para mí algo desconocido y sumamente complicado, aunque yo, terca como una mula, no paré hasta conseguir lo que me había propuesto. Sin más ayuda que la de buscar incansablemente a través de la red sobre como crear y organizar un blog, y pasando muchas horas corrigiendo errores, conseguí dejarlo a mi gusto.

En todo este proceso, lento pero seguro, he ido ganando seguidores, o mejor dicho... amigos, de los cuales he recibido muestras de apoyo y de confianza. Es para mí un enorme orgullo saber que tras la pantalla hay personas que leen mis artículos, mis frases, mis consejos... y que aunque sea por un momento se sienten acompañados y aliviados en sus penas y dolores.

No voy a negar que hay momentos en que siento que ya he escrito todo lo que había por escribir pues, en la actualidad, llevo contabilizados 765 artículos y pasan días en que mi mente no encuentra la inspiración, o tampoco tengo afán por buscarla. Pero vuestras palabras de aliento, vuestros mensajes dándome las gracias por la ayuda moral que recibís y los mensajes de apoyo y cariño en la página de facebook, vuelven a poner en marcha el mecanismo de engranaje de la inspiración y el pensamiento. 

Cierto es, que a veces resulta un sacrificio pasar horas delante del ordenador estrujando la mente para formar frases que, poco a poco, elaboren un tema que consiga gustar y atraer por lo menos a una mínima parte de mis seguidores.

Por eso, desde aquí os doy las gracias por seguir conmigo y os animo a que, si queréis colaborar con alguna historia o artículo me lo hagáis saber. Estaré encantada de compartirlo.



Ana Hidalgo


martes, 21 de mayo de 2013

"Con un golpe se estropeó mi fístula" por Lola Montalvo




Autora de la imagen: Lola Montalvo
Esta vez no voy a contar una historia inventada basada en algo real.
Esta vez la historia es completamente real... sucedió el día 27 de abril.

Esa mano conectada a las líneas arterial y venosa de un sistema de hemodiálisis pertenece a la persona a la que cuido y a la que le ayudo a dializarse 5 días por semana. Las otras dos manitas son de dos pequeños ayudantes.

Regresando de hacer deporte, él se golpeó con el vano de una puerta justo en la fístula que tiene en la muñeca derecha. Siempre se comprueba si tras un incidente de este tipo todo sigue bien, buscando el latido y el soplo que el flujo de sangre realiza a su paso por esta vía. Pero ese día iba con prisa y no lo hizo hasta esa misma tarde, en la que comprobó con estupor que no le funcionaba, que no tenía latido. Le ausculté con el fonendo y, efectivamente,  la fístula no latía, es decir, había perdido el flujo arterial, ése que le da un volumen de sangre mayor y que permite extraer unos volúmenes por minuto de entre 300 y 400 ml, en este caso.

Fuimos a urgencias y, como no podía ser de otra forma, le cogieron un catéter en el cuello, uno de dos vías para que yo pudiera seguir dializándole en casa.

                                                         Autora de las imágenes : Lola Montalvo
Por supuesto, los cuidados de esta vía deben ser escrupulosos de tal forma que le cambio apósitos con bata, mascarilla y guantes estériles, dejando cubiertas las conexiones con las líneas, arterial y venosa, con un paño estéril, como veis en la fotos. Las presiones no son como en la FAVI por lo que las diálisis se prolongan más tiempo para obtener igual volumen de sangre filtrada. Al retirarle al finalizar el tiempo de hemodiálisis, debo limpiar con suero cada vía y heparinizarla para que no se coagule hasta la siguiente sesión de hemodiálisis... ¡Vamos, una enorme responsabilidad!

A los pocos días, le intervinieron para realizarle una nueva fístula. Como existía esa posibilidad, aprovecharon el tramo de la fístula anterior: le realizaron una anastomosis arteriovenosa cogiendo una rama arterial cercana que le permitió aprovechar la dilatación venosa de la anterior fístula, lo veis en la foto de abajo:

Autora de la imagen: Lola Montalvo
El cuadrado recoge la intervención inicial arteriovenosa, la cicatriz vieja y el abultamiento de la varicosidad que se le había trombosado por el golpe sufrido. Los puntos, por supuesto, son los de la nueva intervención que, como veis en el óvalo blanco, se ha hecho aprovechando el recorrido varicoso de la fístula anterior. ¿Qué permite esto? Pues que se le pueda pinchar las líneas arteriales y venosas a la semana de realizar la intervención, porque no hay que esperar a que el flujo arterial dilate el vaso venoso para que pueda proporcionar un flujo adecuado para una sesión de hemodiálisis. Si hubiera sido una fístula nueva, habría tenido que esperar entre dos y tres meses para poder pinchar en ella, porque es lo que tarda en «madurar» una fístula.

¿Qué es una FAVI?
Quizá tendría que haber comenzado por este punto antes de narrar todo lo demás, pero necesitaba dar importancia al hecho del accidente en sí, algo que a cualquier paciente de ERC con fístula le puede suceder... ellos lo saben bien ¿verdad?



Imagen perteneciente a e-mergencia.com
La FAVI o Fístula Arterio-Venosa Interna puede verse en el dibujo. Es la unión quirúrgica o anastomosis entre una arteria y una vena. Lo que se consigue es que la sangre arterial, como tiene mucha más presión por el impulso cardíaco que la sangre venosa, pasa parte de su flujo a la vena; los vasos venosos tienen paredes menos musculosas y con menos tono. Con el tiempo, unas semanas o meses, el impulso de esa sangre arterial sobre las paredes de la vena van produciendo una dilatación de ese vaso, como ocurre en las varices, pero con pulso, porque la sangre arterial que pasa a esa vena entra con la fuerza producida del latido. Llegado a un punto, esa vena estará dilatada y con suficiente flujo de sangre como para soportar la extracción en cada sesión de hemodiálisis de un volumen mínimo de 300 ml/minuto y una entrada por la vía de retorno de un volumen similar (algo menor)

¿Cuáles son los cuidados de la FAVI?
Ante todo y visto lo que he explicado más arriba, la FAVI hay que protegerla de todo tipo de golpes/agresiones. Los cuidados básicos son (tomado y ampliado de Enfermería y Cuidados):

  1. Evitar cualquier traumatismo y comprensión en el miembro portador del acceso vascular. Evitar apoyarse en esa zona al dormir o descansar.
  2. Protegerse la FAVI con una muñequera que no apriete ni incomode, sobre todo si la varicosidad es muy pronunciada.
  3. Lavarse el brazo de la FAVI. Tocar de nuevo la fistula para sentir el ruido provocado por el paso de la sangre.
  4. Evitar sacar sangre de la FAVI.
  5. Evitar tomar la TA (Tensión Arterial) en ese brazo, disponiendo en su domicilio del material necesario.
  6. Ponerse en contacto con la Unidad responsable en caso de cambios en la fistula: enrojecimiento, inflamación, dolor intenso repentino o no, pérdida del latido.
Bueno, y por último:

¿Qué hay que hacer cuando se detecta alguna alteración en la FAVI?
Sea la alteración que sea, acudir a la unidad de Hemodiálisis en la que sea atendido el paciente. Pero este tipo de incidencias, como nos sucedió a nosotros, tienen la costumbre de suceder en fines de semana o por la noche, cuando esas unidades no funcionan. Entonces se debe acudir a URGENCIAS. Es conveniente que os atienda un NEFRÓLOGO y un CIRUJANO VASCULAR, o sea que si el centro de urgencias no dispone de esos especialistas, como sucede en los centros de Urgencias de Atención Primaria, debéis acudir directamente a un hospital donde sí tengan en urgencias estas especialidades. ¿Por qué?

  • El cirujano vascular valorará la lesión de la fístula y si existe la posibilidad de solucionar sobre la marcha la alteración que esté ocasionando que la FAVI no funcione. Por ejemplo, administra urocinasa para disolver un trombo (coágulo) o dilatar quirúrgicamente un estrechamiento (estenosis).
  • El nefrólogo valorará si necesitáis una sesión de diálisis o si precisáis algún cuidado específico de la patología renal. Si el cirujano vascular no puede hacer nada por la FAVI o no considera que es nada urgente, el nefrólogo valorará la colocación de un catéter temporal y la realización de hemodiálisis en el hospital.
Si porque la FAVI se ha inutilizado o lesionado, os tienen que colocar un catéter venoso, éstos se colocan principalmente en el cuello, cogiendo la vena yugular, aunque también se pueden elegir otras localizaciones en base a la situación o necesidades de cada paciente. Estos catéteres tiene una serie de cuidados, que pasan, fundamentalmente, por evitar que se moje o manche el apósito, vigilar que están bien cerrados y evitar golpes/traumatismos en la zona, así como tirones, aunque AQUÍ TENÉIS LOS CUIDADOS DETALLADOS DE ESTE TIPO DE VÍAS PARA HEMODIÁLISIS

Con esto pongo fin a esta entrada. Espero que nuestra experiencia sirva de ayuda a otros pacientes que se puedan encontrar en la misma situación. Eso sí: ANTE CUALQUIER DUDA, CONSULTAD CON VUESTRO NEFRÓLOGO Y/O ENFERMERO DE NEFROLOGÍA

Escrito por: Lola Montalvo

Blog Lola Montalvo. Enfermería

Ana Hidalgo
 



domingo, 19 de mayo de 2013

Diario de un trasplante: Datos a tener en cuenta sobre trasplantes


Eva con su familia
 Hay cosas que nadie te las cuenta y que nadie te informa de ellas y a veces por muy seguro que estés te sorprenden y van sucediendo con el tiempo.
Yo me preocupé de informarme bien, visité la página de nuestra amiga Ana con su muchísima información y sus valiosos consejos y hablé largo y tendido con mis médicos. Además tengo la ventaja de que siempre supe desde los dieciséis años que el gen estaba en la familia y que yo podría desarrollar la misma enfermedad que mató a mi abuela y mi papá. Mi tía paterna, la única, lleva mucho tiempo en diálisis. Siempre me consideré afortunada de conocer los detalles pues a veces lo que más nos puede es el miedo a lo desconocido.


Tengo que decir que en el casi mes que he estado en el hospital he podido ver a muchos y diferentes enfermos y conversar con ellos.
Los hospitales en Inglaterra permiten visitas solamente de 2 a 8 de la tarde y no hay tele ni radio ni nada, y os contaré que leer no es algo que realmente apetezca en cuidados intensivos. Con lo que uno de los recursos son los compis de cama.

He tenido el enorme placer de ver a un chiquito de 17 años, que estaba en diálisis, ser trasplantado y a los tres días bajar a planta. Le he visto bajar de la cama por primera vez, mirar maravillado su orina, y gritar a los médicos cómo era capaz de ir al baño y caminar por cuidados intensivos sin hinchazón, ni dolores de piernas o calambres, ni cansancio. Lloraba de pura felicidad. Su injerto funcionó desde el primer momento y luego le he visto en consultas externas una vez más y seguía feliz y estupendamente.
También he visto a un trasplantado recuperarse y su mesita de junto a la mesa llena de bolsas de patatas fritas, bollos, coca-cola, chocolates… y los comentarios de médicos y enfermeras y las dietistas del hospital animándole a cambiar sus hábitos alimenticios si quiere conservar su nuevo riñón… o a una mujer con máscaras de oxígeno, recién trasplantada, pelear con los médicos para que la llevaran a la calle a fumar…


Una noche a las tres de la madrugada pude ver cómo el médico frustrado colgaba el teléfono y se llevaba las manos a la cabeza tras pasar casi media hora intentando convencer a una persona en lista de espera de que tenían un riñón para él. El paciente con apenas 15% de función renal lo rechazó pues dijo que él aún podía aguantar y que no estaba en diálisis. El médico contaba a las enfermeras que los pacientes que no han estado en diálisis no saben lo malo que son las máquinas de diálisis y lo que le hacen al cuerpo y la suerte que es que te llamen para un trasplante antes de diálisis. Pero a la gente no se le puede obligar a cambiar. Ni tampoco a operarse.

Es muy importante, como siempre recomienda Ana, una mente positiva y siempre hacer lo que los médicos nos recomienden. Yo he notado personalmente en el trato de las enfermeras y los médicos cómo no atienden a todos los pacientes igual. Por ejemplo, había un paciente recién trasplantado que no dejaba de insultar, exigir calmantes más fuertes y protestar por cómo le trataban las enfermeras. El médico le dejó plantado en una de las rondas y le dijo todo enfadado: “aquí no mandas tú, mando yo”. Se dio media vuelta y se fue.
A pesar de todo el hombre fue tratado correctamente pero no igual. Y lo digo por experiencia propia, ese mismo médico, acudía a mi cama con una sonrisa, bromeaba siempre, me decía que admiraba mi entereza y que podía ver que yo quería luchar y era una persona muy positiva. Siempre tenía una caricia, una sonrisa, una mirada de comprensión y siempre fue amable al extremo conmigo, tomándose su tiempo para responder todas mis preguntas y hasta parando las rondas por mis preguntas para explicar cosas a los estudiantes que le seguían; de dichas lecciones también aprendía yo.
Cosas como que durante el trasplante te llenan el cuerpo de líquido, literalmente y por eso casi todos los trasplantados cogemos peso, pues necesitan que el injerto esté muy hidratado y la sangre fluya bien. Por eso casi todos salimos con algo de agua en los pulmones y con algo de respiración asistida que es previsible y se monitorea con radiografías y se va regulando en los días posteriores.
También que la medicación anti rechazo suele dar temblores, cuanta más dosis necesites, y que estos van a menos cuando se va reduciendo la medicación. Que un hormigueo en el cuerpo es normal también y que si se tiene frío es tal vez por anemia o falta de calcio que también da sensación de labios dormidos.

viernes, 17 de mayo de 2013

Pautas a recordar para perder peso

Foto extraída de :Ansiolíticos.com
Ahora vienen las prisas por recuperar nuestra figura que ha estado embutida entre las gruesas ropas de invierno. Sacamos el bikini o el bañador del armario y cuando nos los probamos... ¡Horror! Decimos : "¡No me entra!" "¡Parezco una butifarra!" "¡Se me ha encogido!"... y otras frases más por el estilo.
Debemos saber que las prisas no son buenas y las dietas extremas, por supuesto, que tampoco.
Partiendo de la base de que debemos llevar una alimentación correcta todo el año y no tener variaciones importantes de peso, provocando el efecto yo-yo, os daré unas pequeñas pautas para ayudaros a recuperar vuestro peso:
  • Nos marcaremos un objetivo concreto y, sobre todo, realista. Planifica bien la dieta de forma segura y sana, huyendo de las que se anuncian como "milagrosas".
  • No debemos ser tajantes y renunciar a todo lo que nos gusta o nos apetece. De lo contario, una vez terminaras la dieta, caerías en el ansia de comer lo que hasta ese momento tenías prohibido. Si te apasiona el chocolate, toma una onza de vez en cuando.
  • Bebe agua (si no la tienes restringida). Saciará tu apetito y depurará tu organismo. Si te creas el hábito de beber luego te será mucho más fácil.
  • Intenta cumplir el compromiso que te has propuesto. Piensa que cuando comes algo que engorda luego viene el arrepentimiento y la culpabilidad. Ahora intenta pensar que si logras vencer la tentación te alegrarás y la autoestima te subirá.
  • Retira las fuentes de comida de la mesa después de servir. Así no caerás en la tentación de repetir. Haz lo mismo con los dulces (mejor aún si no los compras).

Estos son algunos trucos para ayudar a perder algo de peso.  También podéis visitar mis artículos "Estrategias para no pasarse con la comida en la mesa"  y "Aprender a comer sí, dietas "milagro" no" 

Pero vuelvo a repetir que lo ideal no es hacer dieta cada vez que se acerca el buen tiempo; lo adecuado es aprender a comer. De todo un poco y mucho de nada.
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Ana Hidalgo

jueves, 16 de mayo de 2013

Diario de un trasplante: El post-operatorio y el mes en el hospital



Eva con su madre
Obviamente al final todo se sabe, y no tardé mucho en conocer los detalles de cómo había ido la operación, por qué había sido tan larga y demás.
Resultó que en la ecografía que hicieron entre operaciones vieron que el riñón no tenía buen flujo de sangre y estaba sufriendo. El cirujano me explicó que mis dos riñones poliquísticos son tan grandes que al abrir el vientre para colocar el nuevo tuvo problemas de espacio y le costó encontrar un buen lugar para ponerlo. No quedaba más remedio que meterme de nuevo a quirófano y recolocarlo.
Y menos mal que así lo hicieron. Cuando me abrieron apenas 20 minutos después por segunda vez, el riñón estaba ya la parte superior oscurecido y sin riego, asfixiándose. Seguramente lo hubiera perdido en 24 o 48 horas.

Por lo tanto la segunda operación lo salvó. Aunque luego me enteré que había sufrido daño tubular agudo al hacerme la biopsia tres semanas después de la operación. Lo que no saben es si ese daño es de la primera operación, o de los tratamientos posteriores.

Todos los días me sacaban sangre, tres veces o cuatro al día y me hacían una radiografía del pecho dos veces al día, ya que de la segunda operación salí con colapso pulmonar y encharcamiento. Por eso me tuvieron con respiración asistida hasta el quinto día cambiando según iba mejorando los tipos de máscaras de más grandes a más pequeñas hasta tener sólo los tubitos que se meten en la nariz. Además estaba conectada a los monitores, tenía la sonda de la orina que me quitaron el día 7, la sonda para el drenaje de sangre de la herida, una vía en el cuello para medicación intravenosa y otra vía en uno de los brazos y cientos de moratones por ambos brazos. Algunos de esos moratones aún los tengo después de un mes.

Con la vía subclavia

Mis vías en los brazos se rompían constantemente y tenían que ponerme nuevas. Esto fue a causa de la heparina, una medicación intravenosa para hacer la sangre menos densa, un diluyente, que el cirujano pidió que me pusieran para ayudar en la recuperación de esa parte del injerto que estaba oscura y sin flujo de sangre. Y a la que tuve una reacción alérgica. Aunque en un segundo examen salió que no era alérgica a la heparina 100% pero esta medicación me bajó las plaquetas a casi 30 y la hemoglobina a 6 y pico.

Hay que tener en cuenta que mi función renal anterior a la operación era aún de un 15% y que mis riñones aún funcionaban y por tanto orinaba sin problemas. Eso supuso después un desafío para los médicos que no podían calcular cómo iba en riñón nuevo en base a la orina que hacía.
Después de la operación estaba orinando entre 4 y 5 litros al día, una barbaridad para los médicos, pero eso no les servía de referencia, salvo para saber que tenía y tengo que beber un mínimo de 6 litros de agua al día para no deshidratarme. Y es que la deshidratación junto con el poco flujo de sangre al injerto son sus dos mayores enemigos. Esta es la razón de que durante muchos días tuvieran que ponerme suero para mantenerme hidratada. De hecho no comí nada hasta el cuarto día después de la operación y tampoco tenía hambre con tanto líquido en el cuerpo.

Durante la primera semana me hicieron casi todos los días dos o tres ecografías que mostraban buen flujo al riñón aunque seguía la parte superior del injerto sin alimentación sanguínea, cosa que no comenzó a mejorar hasta la tercera semana que parecía que se iba recuperando. El primer fin de semana después de la operación parecía que el riñón iba a comenzar a aclarar, es decir que la creatinina estaba bajando a buen paso, y de hecho llegó a bajar a 220. (Antes de la operación estaba en 287).

martes, 14 de mayo de 2013

Diario de un trasplante: La operación



Eva, bajando al quirófano
A pesar de haber pasado ya un mes de la operación, aún la tengo muy presente.
Al final me bajaron a quirófano casi a las once de la mañana y salió la asistente del cirujano jefe a recibirme junto con la anestesista y la enfermera.
Me iban a dormir ahí mismo en la antesala de quirófano pero, Irene, la asistente del cirujano jefe quería que supiera que ya habían terminado con Johan y que le estaban cerrando. Que estaba fenomenal y ya le iban a subir a cuidados intensivos. Que el riñón se veía estupendamente y que todo había salido muy bien.
Recuerdo que pensé en mi familia y mis amigos, esperando fuera. De los que me acaba de despedir y mis dos hijos.
Bajé en el ascensor caminando a quirófano con una almohada entre mis manos y una sonrisa llena de ilusión pero algo preocupada por cómo había ido todo con mi marido, el donante. Y a continuación recuerdo que pensé, “genial, está todo bien con él, ya está todo bien”.

La anestesista me dijo que pensara en algún lugar o vacaciones que fuera un recuerdo feliz y me acordé de nuestras visitas a bucear en nuestro coral favorito y los peces de colores del caribe de cuando vivíamos en la República Dominicana, y no tardé ni un minuto en quedarme dormida. Eran entonces las 11 de la mañana.

A las 4 y media de la tarde recuerdo que se acercó Irene de nuevo a mi cama, estaba en una sala con enfermeras y monitores por todos lados y apenas me estaba despertando. Sentí que me estaban haciendo una ecografía justo antes de que ella viniera y de repente me dijo con muchísimo cariño:
“-Eva, parece que hay un problema, y tenemos que meterte de nuevo a quirófano. ¿Está bien, estás de acuerdo?-” Miré al reloj y recuerdo que pensé que habían pasado muchas horas cuando me habían dicho que la operación debía durar un par de horas. Y le dije: “Supongo que si hay que volver, hay que volver” Y me durmieron de nuevo.


Cuando me desperté al fin, estaba con respiración asistida con una máquina de oxígeno y una máscara que casi me cubría toda la cara y hacía muchísimo ruido y recuerdo que no quería despertar, estaba agotada y no terminaba de ser consciente de dónde estaba ni qué había pasado. El reloj marcaba las 11 de la noche y las dos enfermeras que tenía junto a la cama se decían una a la otra que no respiraba y que no quería terminar de despertar. Eso fue como un toque de atención y pensé, claro que estoy despierta… y por más que quería respirar con la máscara aquella era muy complicado… y la enfermera dale que te pego, a decirme que inspirase y expirase y que no parara.
Recuerdo que pensé, ya que no recordaba la conversación de las 4 y media aún, en cómo era posible que me hubieran metido a quirófano a las 11 y fueran las 11 de la noche y me estuviera despertando.


Fue entonces cuando decidieron, media hora más tarde, subirme a cuidados intensivos, a una cama junto a mi marido que se estaba tirando literalmente por las paredes. Y en la cama me pasaron por el pasillo junto a los ascensores y recuerdo a mis hijos, mi suegro, mi madre y hermana y una familia de amigos que estaban esperando, recuerdo sus caras, como de angustia y a la vez alegría de verme, al fin, pasar delante de ellos camino de cuidados intensivos. No olvidaré jamás la cara de mi mamá.

Una vez junto a mi marido y a pesar de la máscara para respirar pude ir descubriendo lo que había pasado. Al parecer a él no le habían querido decir nada para no preocuparle y eso había sido peor. Su cara a pesar de los dolores por su propia operación y estar medio dopado con morfina fue lo mejor, el verle y saber que estábamos juntos de nuevo. 

Eva, juntos a sus hijos, en
 cuidados intensivos
Cuando dejaron entrar a mi mamá y mi hermana a vernos antes de marcharse a casa por unos instantes, ninguna de ellas me dijo que estaba muy hinchada y daba miedo verme. Tampoco me dijeron hasta el día siguiente que había “cogido” durante la operación 7 kg.

Sorprendentemente sólo usé tres veces el botón de la medicación inyectada de morfina y calmantes ya que la herida en sí no me dolía, lo único que me costaba mucho respirar y estaba agotada. No logré apreciar hasta días después la sonda y lo maravilloso que es que la orina o ir al baño no sea una preocupación durante esos instantes.

Apenas pude dormir, pero ignorante de todo lo que había pasado durante la operación, descansé. Despertar junto a mi marido y poder cruzar un par de palabras fue una de las mayores alegrías, al igual que lo fue que le dejaran cuatro días a mi lado después de la operación y solo le bajaron a planta el día antes de darle el alta.

Eva Palomeque


Ana Hidalgo

miércoles, 8 de mayo de 2013

La Sanidad Pública, ¿Hasta dónde vamos a llegar?




Cada día en la televisión y en internet nos levantamos y nos acostamos con malas noticias; noticias que nos afectan a todos: enfermos, discapacitados, jubilados, parados... Pero el tema de la Sanidad Pública es algo que, últimamente, me produce escalofríos cada vez que lo nombran a través de las redes o de los medios sociales. Saber que la están desmantelando poco a poco y que los que más vamos a salir perdiendo somos los enfermos crónicos, es algo que preocupa bastante. La última noticia del cierre en Bellvitge de la planta de nefrología me ha dejado estupefacta, sin palabras y asombrada.
La noticia comienza así:

Los trabajadores, el pasado jueves, fueron a su lugar habitual de trabajo y se encontraron la planta de Nefrología (7-3) cerrada. Esta unidad es la encargada de acoger a los enfermos trasplantados de riñón tras permanecer unos días en la unidad de trasplante renal para finalizar su recuperación. Los enfermos, que están inmunodeprimidos para evitar el rechazo del implante, son llevados a cualquier unidad donde haya una cama libre, independientemente de la unidad que sea con el perjuicio que esto supone tanto para el paciente como para el personal de las unidades de destino ya que son pacientes con unas características especiales tanto en su dieta como en sus tratamientos y no deberían estar desperdigados en unidades no específicas para ellos. Por otro lado el cierre supone que un gran numero de pacientes con Insuficiencia Renal crónica que están ingresados “repartidos” por todo el hospital; cosa que aumenta mucho las cargas de trabajo, control y seguimiento de estos usuarios por parte de los facultativos como del personal de enfermería etc con una pérdida mas que evidente de la calidad asistencial. Hay que recordar el HUB es el hospital referencia de una población de más de 800.000 personas.

Toda la vida teniendo muchísima precaución cuando nos trasplantan (cámaras aisladas y esterilizadas, mascarillas y vestuario estéril para todo el que entra en la habitación y supervigilados) y de repente en este hospital cierran la planta de Nefrología y ubican a los pacientes trasplantados "por donde pille", repartiéndolos por otras plantas donde queden camas libres. Esto supone un tremendo riesgo para los enfermos inmunodeprimidos y un esfuerzo colosal para el personal sanitario ya que deben tener controladas las medicaciones y las dietas de estos enfermos.

Sabiendo que España es país líder mundial en el tema de las donaciones y los trasplantes, no me entra en la cabeza que realicen estos tremendos recortes que pueden afectar seriamente al buen funcionamiento y adaptación de un injerto renal. Si un paciente tiene un rechazo por una infección o por algún descuido en el tratamiento debido a no encontrarse en la planta adecuada, resultará que no ha sido tan "buena idea" este recorte tan brutal.

Los políticos que ordenan estos recortes deberían informarse antes del resultado de los mismos, pues no sólo exponen a los trasplantados a la pérdida del injerto con esta medida, sino que los obligan a volver a diálisis con un gasto muy superior y una calidad de vida inferior. Por no hablar de los sentimientos de estas personas, cosa que a los políticos les importan más bien nada.

A este paso, nos vamos hacia atrás como los cangrejos.


Ana Hidalgo
 
 

martes, 7 de mayo de 2013

Sevillana "Soy Donante". Ecos del Rocío

            
                      

               
 Fueron suficientes
media botellita fresca
y dos copas de aguardiente.
No traigo ná que ofrecerte
ni dios no te traigo nada
yo sé que ya no son horas
que la gloria esta cerrada
que dejé a mi madre sola. 


Con que alegría
que emocionante
fue alucinante
con que alegría
estando en mi agonía
me hice donante, me hice donante.


Con lo que tú donaste
puedo de nuevo tirar pa lante
tirar pa lante y decirte
olé tus huesos 
por ser donante.


No me lo esperaba
tú viniste a buscarme
cuando menos lo esperaba.
La luz de mis ojos verdes
me di cuenta que una tarde
de repente se apagaban
y me dio tiempo a donarle
a otros ojos la mirada. 


Unos ojitos
quien me donara, quien me donara
unos ojitos
si un día cieguecito
yo me quedara, yo me quedara.


Con los que me donaste
miro a mis niños
veo a mi madre, veo a mi madre
y te digo con cariño
olé por ser donante.

Te da miedo el cirujano
y sin embargo no te asusta
que te coman los gusanos.
quien tiene un corazoncito
pa un luchador con derecho
por tres chiquillos que tengo
que les haga un sitio en mi pecho
para que siga latiendo.


Dale la vida
no te lo lleves, no te lo lleves
dale la vida
si se te para un día
pa que lo quieres
pa que lo quieres. 


Con el que me donaste
puedo de nuevo
enamorarme, enamorarme
y decirte olé tus huesos
por ser donante.


Solo diez años tenía
cuando se me fue mi amigo
y no le salvaron la vida.
y yo teniendo sus años
recuerdo que aquella tarde
doné todo lo que tenia
le di el encargo a mi madre
yo era chico y no podía. 


Con que alegría
con que cariño, con que cariño
con que alegría, donó las cositas
mias pa otros niños, pa otros niños. 


Con lo que tu donaste
puedo de nuevo
tirar pa lante, tirar pa lante
y decirte olé tus huesos

por ser donante.

Ana Hidalgo


lunes, 6 de mayo de 2013

Lenguado a la molinera

                 

Ingredientes para 4 personas:
  • 4 lenguados (de 250 g aprox. cada uno)
  • 1 y1/2 dl de aceite de oliva
  • 1 limón
  • 1 cucharadita de perejil picado
  • 2 cucharadas de harina
  • pimienta blanca o negra
Para la guarnición:
  • 8 patatas pequeñas (que no pasen de 150g en total)

Preparación:
La patatas se pelan y se ponen en remojo con agua fría, durante al menos 8 horas (cambiando el agua varias veces).
El limón se corta por la mitad. Una mitad se exprime y la otra se corta en cuatro rodajas.


Elaboración:

En una olla con agua fría, se ponen a cocer las patatas. Una vez cocidas, se sacan del agua y se reservan.
Aparte, ponemos una sartén al fuego con aceite que se vaya calentando. Los lenguados se enharinan y se fríen. Cuando estén dorados por las dos caras, los colocamos en una fuente y se reservan calientes.
En la misma sartén donde hemos hecho el pescado ponemos el zumo del limón y el perejil. Dejamos cocer el conjunto un instante, moviendo la sartén, y cuando forme espuma se vuelca sobre los lenguados. Encima de cada lenguado colocamos, una rodaja de limón y acompañamos con las patatas cocidas calientes, espolvoreadas con una pizca de perejil.



NOTAS-  En esta receta, con el limón y el perejil el pescado queda más sabroso para no echar demasiado en falta la sal. Las patatas se remojan para reducir el aporte de potasio.
Este plato es muy recomendable en la fase de prediálisis ya que no aporta mucha cantidad de proteínas ni fósforo. En la fase de diálisis tendremos que combinarlo con algún otro plato, como pasta o arroz, para completar el aporte necesario de calorías. Y también es muy aconsejado en el trasplante porque aporta poca cantidad de proteína y grasa. Hay que destacar que la grasa que nos aporta el pescado es muy beneficiosa para el sistema cardiovascular. Para disminuir las calorías del plato, una vez frito el lenguado se puede colocar sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.


Ana Hidalgo

domingo, 5 de mayo de 2013

Donación y Trasplante de órganos (vídeo)



Pablo es un hombre de 45 años que está enfermo porque sus riñones han dejado de funcionar. El médico le ha dicho que la única solución es un trasplante, pero, ¿qué es un trasplante?

Vídeo elaborado por estudiantes de medicina de la Universitat de Barcelona para la asignatura 'Implicación del estudiante en el proceso de donación y trasplante'.
  
           


  Ana Hidalgo

viernes, 3 de mayo de 2013

El vaso de agua y las preocupaciones




Hoy, navegando por internet, he encontrado este relato y me parecido interesante para compartir con vosotros. Leed con atención y reflexionad:

Una psicóloga en una sesión de gestión de estrés levantó un vaso de agua y todo el mundo esperaba la pregunta:
¿Está medio lleno o medio vacío?
Sin embargo, ella preguntó: ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.
Pero la psicóloga respondió: "El peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo 1 minuto, no es problema; si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo; si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado se vuelve.
Y continuó: " El estrés y las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellos un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más, empiezan a doler y, si piensas en ellos todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.
Es importante acordarse de dejar las tensiones tan pronto como puedas; al llegar, a casa suelta todas tus cargas. No las acarrees días y días.
Por cierto..., ¡Acuérdate de soltar el vaso, si no lo hubieras hecho!.
Uno de los sitios del hogar donde no deberíamos llevar los problemas y preocupaciones es en la cama. Lo mejor es, como he comentado alguna vez, escribir todo lo que nos ronda por la cabeza o todas las tareas pendientes para el día siguiente. Una vez hecho esto, olvidarnos por completo para poder descansar. De lo contrario, ocurrirá como con el vaso del relato; las cargas de las preocupaciones serán cada vez mayores y pueden desencadenar problemas de salud, aparte de los que ya tenemos.
Ya sé que es difícil, pero se puede, y se debe, intentar. Con el tiempo nos resultará más sencillo, desconectar.




Ana Hidalgo
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