sábado, 2 de marzo de 2013

Jonah Lomu, con el riñón bajo el brazo



Jonah Lemu
 (podéis observar su fístula en 
su brazo derecho)



Jonah Lomu fue el Mohamed Alí del rugby; un maorí de más de cien kilos de peso y un metro noventa de estatura, capaz de correr los cien metros en diez segundos. Los vídeos muestran a un rinoceronte con la agilidad de un bailarín. Agraciado con una complexión física que hacía compatible la rapidez de un velocista con la contundencia de un boxeador, corría la banda izquierda y a su paso los hombres de los equipos contrarios rebotaban como colegiales. 
Era imparable, serio; quizá, como su homólogo Alí en el cuadrilátero, engreído.
Vistió la zamarra negra de los All Blacks, la selección de rugby de Nueva Zelanda, entre 1994 y 2002. Verlo bailar la “haka”, la danza guerrera maorí que la selección de su país interpreta antes de cada partido frente al equipo contrario, era una exhibición de poderío físico y mental. Sin embargo, la silenciosa enfermedad ya le seguía los pasos, y en 1995 se le diagnosticó insuficiencia renal.
A pesar de ello siguió jugando en la selección de Nueva Zelanda. En ese periodo anotó treinta y seis ensayos; era el Maradona del rugby, un icono publicitario de la marca Adidas y protagonista de videojuegos; en definitiva: una celebridad en ese deporte que según los británicos -sus inventores-, es un juego de brutos jugado por caballeros.
Lomu llevó hasta el límite su cada vez más mermada capacidad física, hasta que la enfermedad le obligó a abandonar su legendaria carrera deportiva. A partir de entonces su partido lo tuvo que jugar en la sala de hemodiálisis. Y lo hizo.  No por ello olvidó su condición de enfermo renal; apareció en un anuncio televisivo para una compañía eléctrica de Nueva Zelanda en la que aludía a su tratamiento en hemodiálisis. 
Fue sometido a un trasplante, gracias a la donación de un amigo, el periodista Grant Kereama.
Ante el horror de los nefrólogos, trató de regresar a la práctica del rugby profesional, y lo hizo durante varios años en equipos de diversas categorías. Las frecuentes lesiones en las rodillas y los inmunosupresores –algunos de los cuales son considerados sustancias dopantes-, impusieron su estricta ley y, muy a su pesar, Lomu abandonó el deporte profesional.

En septiembre de 2012 el riñón donado se agotó. Jonah Lomu perdió en poco tiempo treinta kilos de peso y durante la pasada Copa del Mundo de Rugby fue ingresado en el hospital de Auckland (Nueva Zelanda). Hoy, con treinta y seis años, debe jugar su partido más duro. Todos los aficionados al rugby que hemos pasado por idénticas circunstancias deseamos que finte a la enfermedad, que coja el balón ovoidal, como si de un riñón se tratara, y corra a toda velocidad hacia la línea frontal del equipo contrario mientras las dolencias y pesadumbres de la insuficiencia renal rebotan contra su cuerpo de tanqueta. Que marque, de nuevo, el ensayo de su vida gracias a ese milagro cotidiano que es una donación.




Escrito por Juan Gracia Armendáriz
Escritor; autor de “Diario del hombre pálido” (2010) y “Piel roja” (2012), obras donde consigna su experiencia como enfermo renal. Ambas obras han sido editadas por la editorial Demipage
 



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Ana Hidalgo

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