domingo, 12 de febrero de 2012

"Una esperanza de vida" de Ramón L. Morales. CAPITULO 31


La rutina normal en el hospital era acudir al doctor, éste revisaba los análisis previos del mes pasado. Si no encontraba algo que fuera diferente a la norma, me daba las recetas a surtir, unos papeles solicitando más análisis para el siguiente mes y, para terminar, era obligado pedir cita nuevamente para en 30 días. Eso era una y otra vez, sin fallar.
Como comenté anteriormente, el doctor nos avisó de una ligera anomalía en el riñón a donar, esto podría ocasionar que todo el protocolo se retrasara o de plano que se suspendiera definitivamente con el donador actual para buscar otra opción. Al ir camino a casa mis pensamientos giraron en torno a los comentarios del galeno.
“¡Ya valió…!” Si encuentran algo mal ya no habrá trasplante. Quizás sea mejor así, de esta manera ya no me preocuparé porque a mi papá también lo tengan que abrir. ¿Qué será lo que tiene el riñón?, ¿Algún problema feo? ¿Y qué tal si se puede trasplantar y me toca ése y luego de poco tiempo me falla? ¿Y qué si se lo queda mi papá y esa mancha le provoca problemas? –suspiré.


Desearía que todo esto fuera más sencillo, como en las películas de ficción donde nomás reemplazan la pieza dañada y se acabo, pero no, la cosa es batallarle. Ni modo, mejor ni renegar.
Hace años esta enfermedad conducía a los brazos de la huesuda directo y sin escalas, hoy por lo menos hay chance de hablar con ella:
— ¡Qué onda, Huesitos! ¿Cómo te va en la vida...? o en la muerte, es como prefieras.
—Pues bien, nunca falta uno que otro que le caiga por acá. Ya ves con eso de las guerras y las hambrunas y la falta de voluntad de los gobernantes… no creas, chamba hay de sobra, la bronca es que no es bien pagado. Deberían de consentirme un poco más, a fin de cuentas mi trabajo no termina ni puedo tomarme vacaciones. ¡Pero es que muy pocos me quieren! Dios, esto no es vida… literalmente.
—No te quejes, hasta pareces político en campaña. Pero ahora que lo mencionas, creo que estaría muy bien que te fueras a las Bahamas por un tiempo, 100 años se me hace bien. Te haría mucho provecho asolearte un poco, si hasta pareces esqueleto de tumba del panteón de Belén. Tú vete tranquilo, deja tu changarro con llave para que a nadie se le ocurra usurpar tu lugar y vete a disfrutar del calor del sol, de un buen chapuzón en el mar, de las chicas en bikini… bueno, si vas a una playa nudista las chicas estarían sin bikini, pero ¿Quién se fija en esos detalles? Tú vete sin preocupaciones, deja tu hoz a un lado y ni te acuerdes de mí… esteee, bueno, de toda la humanidad.
—Ok, creo que lo voy a pensar. Bien podría tomar un receso, cargarme de energía y regresar con más ganas. Gracias, muchacho, me voy a acordar mucho de ti.
—No, no, no, no. De mí, nada, como si no existiera. Mejor piensa en las iguanas en las piedras y en asolearte. ¡Suerte, que te vaya muy bien y no te apures! Y te recuerdo: de mí, ni por casualidad, ¿eh?
Y se va feliz y contenta a comprar sus boletos de primera clase y todo sale bien en la operación. ¡Ufff! Esperemos que sea así de sencillo.”


Pasaron un par de días con esa premisa en mi mente cuando nos llamaron un sábado por la mañana diciendo que era importante que nos presentáramos mi papá y yo en  Nefrología del CMNO: era para darnos fecha para el trasplante. Tal llamada nos sorprendió un poco, pero pensé que únicamente era alguna especie de aviso, nada por lo cual tener preocupación o nerviosismo… Gran error de mi parte.
Al llegar a las oficinas de nefrología nos atendió una trabajadora social. Al preguntar mi nombre y yo dárselo, sacó de un estante un sobre enorme y lo depositó sobre la mesa. Acto seguido revisó algunos apuntes y sin más preámbulo nos dijo:
—Bueno, todo está listo para su trasplante, es necesario que se presenten el lunes siguiente, 28 de octubre, para que se internen y prepararlos para su cirugía, la cual se hará el próximo… —hizo una pequeña pausa, revisó sus notas una vez más y por fin habló mientras yo no podía separarle los ojos, mis sentimientos se contrariaban y mi corazón latía a mil por hora—. Ok, aquí está; se internan el lunes por la mañana para que la cirugía se realice el miércoles 30 de octubre.
Cerró su cuaderno, nos miró fijamente. Todo fue silencio por unos segundos.
— ¿A qué hora tenemos que estar aquí? —preguntó mi papá.
— ¿Con quién deben presentarse? —le asegundó mi mamá.
— ¿Tengo que traer bolsas de diálisis o ya no me van a dializar? ¿Qué va a pasar con mi sistema? ¿Me lo van a quitar? ¿Lo van a dejar un tiempo? ¿Luego me van a operar para quitármelo? —no creo que sea necesario apuntar que ése fui yo.
—Tranquilos, todo se los voy a dar anotado para que no vaya a ver ningún problema —volteando a verme dijo—. Tú no te apures, mientras estés internado te vamos a hacer los recambios necesarios, no necesitas traer nada. Después que salgas de la operación veremos lo de las bolsas que les quedaron. Normalmente se les pide que se las proporcionen a otros pacientes que aún las necesitan. Cuando estén en cirugía te van a retirar el sistema porque ya no lo vas a requerir…
—Si todo sale bien —la interrumpí.
—Así es. Pero tranquilízate. Ambos están conscientes del cambio que tendrán sus vidas, ¿verdad? —ambos asentimos—. Bien, de hecho en ocasiones los pacientes trasplantados y el donante viven más que una persona común, esto se debe a que tienen que tener muchos cuidados: no desvelarse, no beber, dieta hiposódica o baja en sal, no comer en la calle… ¿acostumbras comer antojitos, tacos y cosas así?
—Sí —contesté con cierta pesadumbre.
—Bueno, pues vete haciendo a la idea de que eso se acabó, únicamente comerás en casa alimentos bien guisados. En la mayoría de los casos los trasplantados regresan a urgencias debido a que comieron en la calle y atraparon una infección. Los medicamentos que te darán son de por vida. Son llamados inmunosupresores ya que bajan las defensas del cuerpo a un mínimo. Tu organismo detectará al injerto como un objeto hostil y tratará de defenderse rechazándolo. Es por eso la importancia de los medicamentos y de que los tomes muy puntualmente, nada de: hoy me paso una dosis, que al cabo no sucede nada. Es en extremo importante que los tomes según te lo prescriban los médicos. También es muy bueno que hagas ejercicio, ¿actualmente realizas algo así?
—La verdad, no. Pero espero hacerlo ya una vez que pueda.
La mujer sonrió.
—Si actualmente no haces, y no estás acostumbrado a ejercitar el cuerpo, es muy improbable que después de operado lo hagas. A veces es lo malo: Se sienten tan bien después del trasplante que creen que pueden hacer su vida como antes, como si nada hubiera pasado, pero no es así; su vida a dado un gran cambio, de 180 grados, y eso lo deben de comprender y asimilar —después comentó mostrándonos la enorme carpeta que reposaba en el escritorio—. Aquí están todos los exámenes que se les han hecho a la fecha; cada radiografía, cada muestra de sangre… ¡Todo! Los doctores examinan minuciosamente cada cosa para saber si puede existir un riesgo en la operación. En el caso de ustedes dictaminaron que el trasplante ya se puede hacer. Felicidades —agradecimos su gesto mientras que ella sacaba un frasco que contenía un líquido lechoso y blanco. Se lo dio a mi mamá —. Este medicamento se llama tacrolimus, y es uno de los que tendrás que tomar de por vida. Cuídenlo muy bien ya que se lo van a pedir antes de la operación. Es muy, muy caro, por eso la insistencia del cuidado. Para tomarlo necesitas depositar la cantidad que te prescriban en un vaso con agua, jugo o leche y tomártelo. Debe de ser correctamente dosificado, y para eso les va a servir este instrumento —le alcanzó a mi madre una jeringa color naranja de 5mm de capacidad. No traía aguja y estaba asegurada de la punta por un tapón azul—. Les reitero, deben de traer el tacrolimus el día que los internen para que lo comience a tomar cuando el doctor lo indique, ya que la inmunosupresión debe de comenzar antes de la cirugía. Por los demás medicamentos no te preocupes, se te irán dando conforme los necesites. El importante es éste por el elevado costo que acarrea su compra. Bueno, si no hay más preguntas terminamos —silencio una vez más mientras todos compartíamos miradas—. Bueno, al parecer no. Por último, es muy importante que traigan a 10 donadores de sangre. De hecho traten de invitar a más personas, ya que a veces debemos de descartar a algunos por situaciones médicas: que estén anémicos, que no cumplan con los requisitos, etc. No crean que lo que ellos donen se les trasfundirá a ustedes; es para reemplazar la que pueda usarse en el momento de la cirugía. La sangre de sus amigos o parientes se utilizará en otra operación, y así sucesivamente.
Acto seguido nos dio un papel donde estaban anotadas las instrucciones junto con la hora a la cual deberíamos acudir al hospital. Nos levantamos y sonriendo agradecimos la ayuda de la señorita.


Salimos del lugar y caminamos en silencio por un rato. No podría imaginar qué emociones pasaban por la mente y el corazón de mis padres. A mí me temblaban las piernas, estaba excitado, nervioso y a la expectativa. Pero todo eso fue reemplazado por un sentimiento típico del miedo:
“Me estoy haciendo pipí.”


https://www.facebook.com/notes/una-esperanza-de-vida/cap%C3%ADtulo-31/175056249240331

Capítulo 32- "Una esperanza de vida " 32



Ana Hidalgo

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