jueves, 19 de enero de 2012

"Una esperanza de vida" de Ramón L. Morales. CAPITULO 29



La arteriografía es un examen que consiste en canalizar un catéter por la arteria del paciente, más específicamente la aguja se encaja en la ingle, para introducir un liquido de contraste y así, por medio de una especie de radiografía, poder visualizar todo el sistema circulatorio, o al menos el que se necesita en ese momento, para que el cirujano sepa con exactitud qué y donde cortar. Todo esto, aunado a los exámenes anteriores, podría darnos una idea de lo complicado que es hacer un trasplante, de la cantidad de personas que se involucran y de los recursos que se necesitan. Es algo que parece de ficción.
A nosotros como pacientes o donadores, sólo nos toca ver por encimita el trabajo requerido, claro, esto no le quita ni una pizca de dolor y de sentirse avergonzado cuando se nos hacen los estudios. Pero los médicos… A veces imagino a los doctores pasando horas de arduo trabajo leyendo expedientes, estudiando radiografías, comparando exámenes… en fin.

Esta exploración es complicada y atormentante, porque cuando se inyecta el líquido éste provoca dolor, y dicen que es bastante fuerte. Es el examen en donde los donadores demuestran si en realidad van a seguir o no. Es feo, pero nos han contado historias de personas que dicen sí al momento de comprometerse, pero cuando llega la hora del examen simplemente “se rajan” o, como pasó en un caso drástico que según dicen fue real,  el donante se fue a el país del norte, huyendo con la esperanza del receptor y dejando a su pariente con el sufrimiento y la desolación que esto implica.
Para mí es válido decir que no, que se tiene miedo, que no quieren exponerse…, en fin, que no se animan a donar en vida; en lo que no estoy de acuerdo es que le formen la ilusión a su enfermo quizás únicamente por quedar bien, por compromiso, por creer que si no lo hacen toda su parentela los va a despreciar. Creo que es más vil decir sí, y al final huir, que decir no, perdóname pero tengo miedo, no quiero arriesgarme.

Bueno, pues ya sólo faltaba este examen para que la gran operación se hiciera realidad, cuando nos llegó la noticia de la cancelación de la cita. Esto pasó en unas dos ocasiones donde la respuesta era la misma: la máquina se descompuso y aún no ha venido el técnico a arreglarla. Al enterarse de esto, nuestro nefrólogo, el doctor Becerra, habló con nosotros y nos sugirió que, si estaba en nuestras posibilidades, mi papá se hiciera el examen por fuera, en un hospital privado.
Sin pensarlo mis padres aceptaron y preguntaron por alguna opción. El galeno les propuso un hospital que, aunque particular, no cobraba muy elevado por los servicios. Sin perder más tiempo mis padres fueron a aquel lugar para sacar una cita. Al día siguiente ya estaba mi papá hospitalizado.

La espera fue agobiante, sobre todo por lo que se rumoraba respecto a la arteriografía. Anteriormente mencioné que era complicado ya que se necesita que el paciente dure inmovilizado por un espacio de 6 horas como mínimo, y no debe realizar ejercicios pesados por espacio de 24 a 48 horas, esto para impedir que la herida se abra. Recordemos que la punción se hace en la arteria, ahí radica su complejidad y peligro.
Para no correr riesgos, los doctores optaron por dejarlo hasta el siguiente día. Mi hermano junto con nuestra madre fueron a recogerlo. Ya en casa, y después de que descansara un poco del trajín que vivió, nos platicó cómo le fue.
—Pues estuvo un poco pesado.
— ¿Por qué? —Preguntó mi hermano con mucha intriga.
—Pues todo iba bien; llegamos y pronto me prepararon. Me abrieron aquí —señaló su ingle, justo bajo el pants— y me pusieron un tubo, pero antes me inyectaron para que no se fuera a sentir tanto dolor al abrirme. Ya no me dejaron que me levantara. Un doctor me dijo que no me moviera, que estuviera lo más quieto posible, porque si se abría más la herida retrasaría todo. Y pues ahí estaba yo, casi como paralizado.
—No digas eso —replicó mi madre—, se oye muy feo.
—Así estaba. Me tenían sin moverme en una camilla. De ahí me sacaron y me llevaron a otro lado. Llegamos al lugar, era un cuarto con una máquina grande y un monitor a un lado, cuando me pusieron bajo la máquina ahí empezó lo feo.
— ¿Por qué? —inquirí.
—Porque la fregada máquina no quiso funcionar; ya todo estaba preparado y el aparato se puso sus moños.
— ¿Entonces qué pasó con el examen?
—Pues después de un rato donde, no pudieron hacerla trabajar, me dijeron que me llevarían al sótano, que ahí tenían una máquina más vieja pero que funcionaba. Y pues que vamos abajo por unas rampas medio feas que provocaban que la camilla se tambaleara y yo con ella. El pendiente era que la herida pudiera abrirse y que sangrara, pero llegamos al destino y no pasó nada. Ya ahí, me colocaron bajo el armatoste y, después de verificar que esa sí trabajaba bien, me empezaron a inyectar el líquido. Y así estuvimos un rato, ellos inyectando y sacando las placas, y yo aguantándome el dolor —antes de que hiciéramos la pregunta lógica, mi padre se  nos adelantó—. Fíjense que no dolió mucho al principio, pero ya casi por terminar, y a lo mejor por la antigüedad de la máquina, me comenzaron a inyectar más y más; eso sí fue doloroso. Les pregunté a los enfermeros si faltaba mucho, ellos nomas contestaban que ya mero, que una más. Pero también se decían entre ellos: a ver, inyéctale otro poco porque como que no se ve muy bien aquí. La verdad hubo un rato donde si les reclamé que me dolía bastante y que no terminaban pronto.
—Pero lo bueno es que ya pasó y que ya estás aquí —dijo mi madre con voz de alivio—. ¿Y ahora qué sigue?
—Pues llevarle el examen a los doctores del IMSS, esperar a que estudien las placas y que nos llamen —contesté.


Prácticamente todos los exámenes estaban hechos. La próxima cita con el nefrólogo era en poco tiempo, y sabíamos que la operación era casi inminente aunque al parecer todavía faltaba algo de tiempo, especulábamos que eran meses. Pero la verdad nunca nos esperamos la gran sorpresa que vendría pronto: la cirugía estaba a punto de realizarse.

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Capítulo 30 - "Una esperanza de vida" 30

Ana Hidalgo

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