viernes, 13 de enero de 2012

El tiempo en la consulta médica






Leyendo un post excelente en "El paciente y tú" he pensado que tenía que exponer mi parecer en relación a las visitas médicas de rutina.
Como enferma crónica, debo acudir cada 3 o 4 meses a mis visitas en nefrología. Siempre procuro llegar con bastante antelación a la consulta, aunque lo normal es que tenga que esperar como mínimo una hora y media. Una vez, recuerdo que llegué unos 20 minutos más tarde de la hora que tenía prevista la cita, y cuando llegué ya me habían nombrado. Tuve que  esperar que visitaran a todos los pacientes que se encontraban en ese momento en la sala de espera y me quedé la última. ¿Esto es justo?.

Yo no suelo quejarme, aguanto con resignación todo el tiempo de espera (¿será por eso que se nos llaman "pacientes"?) y procuro llevar lectura para pasar el rato entretenida e intentar relajarme, pero mis nervios están ahí. La incógnita de cómo van a salir los resultados de los análisis, va logrando que mi tensión poco a poco vaya subiendo, con el resultado de que al entrar mi corazón ya está galopando.
Intento concentrarme en la lectura, contemplo a las otras personas que a su vez contemplan a los demás, me remuevo contantemente en las incómodas sillas que están hechas para dejarnos la espalda molida después de horas de espera. Con todo esto, lo normal es que cuando me toca el turno para entrar esté como  "una moto".

Una cuestión que me enerva bastante, aunque ni digo "ni pio", y disimulo con la mejor de mis sonrisas, es que estando en consulta y esperando a que el médico, en mi caso el nefrólogo, termine de anotar todos los resultados y consultar el historial, entre de repente alguien sin llamar (otro médico, enfermera, administrativos etc) y entretenga al médico que en esos momentos me está visitando.
Mientras, con disimulo, voy consultando las preguntas, que llevo anotadas previamente en un papelito y que quiero formular al doctor.


Después de la interrupción, tengo que exponer mis dudas y preguntas "a toda leche", es decir, rápidamente porque de pronto el médico tiene prisa por terminar las visitas. Al salir, la gente que espera me mira con cara de "anda que no te has tirado rato dentro". 

Me gustaría que ese tiempo que los médicos disponen para dedicar a cada paciente, sean para nosotros, exclusivamente para nosotros. Que no tengamos que exponer nuestras dudas de carrerilla y olvidarlas en el transcurso de una interrupción.

Y me gustaría que los médicos, aunque nos conozcan de toda la vida, levantasen la cabeza, dejasen el ordenador o el bolígrafo a un lado unos minutos... y nos dedicasen una mirada y  nos escuchasen con paciencia.

Esto no quiere decir que todos sean igual, yo misma tengo algunos que me atienden y me escuchan e incluso me hacen reir. Pero no todos son así.

Espero que aquellos facultativos que lean esto, tengan estos pequeños detalles en cuenta; pequeños detalles, pero que para los enfermos representan un gran apoyo moral en nuestras visitas médicas de rutina.


Ana Hidalgo

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