lunes, 29 de agosto de 2011

"Una esperanza de vida" de Ramón L. Morales. CAPITULO 9

Camino a lo que fue ©Giorgina Savio -Su uso es puramente ilustrativo.
La idea de tomar mi orina no me gustó para nada, pero en una cita con la homeópata, con la que seguía yendo para tratar de reforzar mi organismo, le pregunté si sabía algo de esto:
—Uroterapia —me comentó mientras asentía un par de veces—, sí, he escuchado de ello pero, para ser honestos, es muy poco factible que se la recomiendes a alguien y esta persona la practique de inmediato. La uroterapia es un proceso de asimilación y aceptación de tu cuerpo, pero te reitero, como la mayoría de la gente piensa que la orina es un desecho, algo sucio, es muy difícil de convencerla de que esto puede traerle un bien.
— ¿Y usted cree que yo debería hacerla? —Pregunté con el rostro mostrando entre rechazo y temor.
—Como te mencioné, tienes que pasar por un proceso de aceptación —me sonrió amable y se acercó un poco más a mí, de forma confidente—. Mira, si crees que esto podría hacerte un bien, podríamos hacer lo siguiente: tú me traerías la orina que juntes en la mañana y yo utilizaría el método que usamos para la homeopatía, en otras palabras, lo que yo te entregaría sería un preparado homeopático de tu orina. ¿Qué opinas?
—Que me parece bien —contesté contento teniendo en mente que con la uro terapia que yo haría no tendría que beber, al menos no directamente, de mi orina.


Le agradecí a la doctora y me dispuse a llevar a cabo lo que me pidió y así, al día siguiente y muy temprano, le di una botella con el líquido amarillo que ese día había orinado.
—Muy bien —me dijo sonriente—, ahora tengo que prepararlo y en dos días te tendré tu medicamento.
—Gracias —me despedí contento con la promesa de volver el día que me indicó.


Al llegarse el día me presenté en su consultorio; ella me entregó una bolsita de plástico transparente que contenía un frasquito tipo gotero de color blanco translucido con un líquido transparente, me dio indicaciones de como tomarlo y me instó a regresar por más cuando se me acabara.
— ¿Cuánto le debo? —Pregunté señalando la bolsita.
—No, nada. Tú no te preocupes por eso —me comentó con su natural sonrisa—, ésta va por cuenta de la casa.
— ¿Segura? —Insistí.
—Sí, tú no te apures. Pero te reitero: no dejes tu tratamiento ni tus exámenes del hospital.
Yo asentí un par de veces y me alejé del lugar.  Después de varios metros caminados, volteé y me aseguré que la doctora ya no me viera.
“Bueno —pensé—, a ver cómo nos resulta la orino terapia “Light”. Vamos a ver a qué huele.”


Saqué el frasquito de su envoltorio y lo destapé, me lo acerqué a la nariz lentamente y con mucha precaución le di un par de olfateadas.
“¡Qué chido! —exclamé gustoso—. Huele a puro alcoholito. Así deberían de hacer todas las medicinas. Tendríamos un mundo sin guerras, por lo menos sin guerras entre madres e hijos, porque con eso de “¡Tomate tu medicina!” “¡No, mamá, no quiero! ¡Sabe muy feo!” “¡Me importa un churro a qué te sepa, te la tomas o te la tomas!”, y luego agarra al pobre escuincle y le enjareta toda la botella. Pobres de nuestros niños.


En cambio si la medicina fuera como ésta… —reflexioné un poco—. No, creo que de cualquier manera seguirían los enfrentamientos, pero ésta vez al revés: “¡Qué onda, mi mamashita! Hic, ya me toca mi medishina ¿verda’?” “No, hijo, ya no tienes almorranas, ya no es necesario que tomes más” “Peros’que me duele la uña del dedo gordo del pie deresho. Nomás deme unos traguitos y ya‘stuvo.” “No, mijo, entiende que ya no te voy a dar” “Me sheva la shin… ¡Le’stoy dishiendo que me dé másh! ¡Qué me siento que me voy a morir!” “¡Se muere madres, pinche escuincle neurótico! ¡Ahora se me va a su cuarto a que se le baje el efecto de la dosis de la mañana!”  Y después le da un sopapo. Ni modo, así es la vida.”

Llegando a este punto yo ya me atendía en el hospital con el nefrólogo quien me daba medicina para mantenerme estable; me atendía con la zahorí para tratar de que se regeneraran mis riñones, y comencé a tomar la homeopatía hecha con mi orina para tratar de equilibrar el buen funcionamiento de mis órganos. Estaba probando con tres diferentes opciones… y aún faltaban más.

https://www.facebook.com/pages/Una-esperanza-de-vida/140564576022832

CAPÍTULO 10 - "Una esperanza de vida" 10

Ana Hidalgo

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