sábado, 19 de febrero de 2011

Canelo, una historia de lealtad


 Canelo era el perro de un hombre que a finales de la década de los 80 vivía en la trimilenaria ciudad de Cádiz, España. Una mascota que seguía a su dueño a todas partes y en todo momento.
Este hombre anónimo vivía solo, por lo que el buen perro era su más leal amigo y único compañero. La compañía y el cariño mutuo los hacía cómplices en las miradas y hasta en los gestos.
Cada mañana se les podía ver caminando juntos por las tranquilas calles de la ciudad cuando el buen hombre sacaba a pasear a su amigo. Tres veces a la semana unos de esos paseos eran hacía el Hospital Puerta del Mar, ya que debido a complicaciones renales, el hombre se sometía a continuos tratamientos de diálisis.
Obviamente, como en un hospital no pueden entrar animales, él siempre dejaba a Canelo esperándolo en la puerta del mismo. “Espérame aquí, compañero”, y Canelo, como siempre, esperaba pacientemente a su amigo. El hombre salía de su diálisis, y juntos se dirigían a casa. Esa era una rutina que habían cumplido durante mucho tiempo.
Cierto día el hombre sufrió una complicación en medio de su tratamiento, los médicos no pudieron superarla, debó ser internado, y a los pocos días falleció. Mientras tanto Canelo como siempre, siguió esperando la salida de su dueño tumbado junto a la puerta del centro de salud. Pero su dueño nunca salió.
El perro permaneció allí sentado, esperando. Ni el hambre ni la sed lo apartaron de la puerta. Día tras día, con frío, lluvia, viento o calor seguía acostado en la puerta del hospital esperando a su amigo para ir a casa.
El personal del hospital le explicaba al perro que debía irse a casa, que su dueño habia fallecido, pero el perro no tenía intenciones de separarse de allí. Los días se transformaron en meses y los meses en años



Los vecinos de la zona se percataron de la situación y sintieron la necesidad de cuidar al animal. Se turnaban para llevarle agua y comida, incluso lograron la devolución e indulto de Canelo una ocasión en que alguien hizo una denuncia y la perrera municipal se lo llevó para sacrificarlo.
Nunca se aburrió. Nunca se fue en busca de alimento. Nunca buscó una nueva familia. Sabía que si su único amigo había entrado por esa puerta, por allí debía volver a salir como siempre, y él lo esperaría para volver juntos a casa.
 
La asociación Agadén lo adoptó y se encargó de cuidar de él. Quisieron darlo en adopción, pero el perro siempre huía para regresar una y otra vez a la puerta del hospital a esperar a su querido y único amigo. La gente de Cádiz lo cuidaba y Canelo se convirtió en el perro del pueblo, en el perro de todos.
DOCE AÑOS fue el tiempo que el noble animal pasó fuera del hospital esperando la salida de su amo con amorosa, estoica e inquebrantable paciencia.
La espera llegó a su fin el 9 de diciembre de 2002, cuando tristemente Canelo murió atropellado por un auto a las afueras del hospital, cuyo conductor huyó.La vida de Canelo se escurrió por la estela dibujada con su lealtad, pero nos dejó lo único que nos podía dejar: un inolvidable mensaje de amor. Canelo sólo vivía para encontrarse con su dueño, y ahora en la muerte, por fin regresaba con él.
La historia de Canelo fue muy conocida en toda la ciudad de Cádiz. El pueblo gaditano, en reconocimiento al cariño, dedicación y lealtad de Canelo, puso su nombre al callejón y anexo al hospital en el que solía merodear y un relieve en la pared recuerda a este excepcional animal.

A Canelo que durante 12 años esperó a las puertas del hospital a su amo fallecido. El pueblo de Cádiz como homenaje a su fidelidad. Mayo del 2002.
                                   
Fuente: Pasitos cortos


4 comentarios:

  1. Preciosa historia y no la única.
    Es muy triste y bonita a la vez, pero nos deja un gran mensaje de Amor y lealtad, como pocas.
    Un abrazo Ana, una lección a tomar por el ser humano.

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  2. Si, hay veces que el amor de un animal por su amo es tan fuerte que no hay nada que lo pueda romper. Un historia muy emotiva.
    Un abrazo y buenas noches, maric

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  3. Que bueno Ana, recordando viejas historias. Hace casi un año.
    Por cierto tengo un trancazo de cuidado. Menos mal que sin fiebre.
    Espero que los Reyes se hayan portado muy bien, te lo mereces.
    Bss

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  4. Pues sí, Katy... hay que ir recordando las historias para que no se olviden, y para que otros que no la leyeron en su día puedan también emocionarse.
    Cuida ese resfriado; yo ya pasé uno, pero tengo a toda la familia resfriada, así que espero no volver a pillarlo de nuevo.
    Cuídate mucho. Un fuerte abrazo

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