domingo, 30 de enero de 2011

Juan Gracia Armendáriz, escritor atrapado por la hemodiálisis



"Juega a fondo las cartas que te reparte la vida"

 





Escritor o enfermo?

Yo no soy mi enfermedad. Mi enfermedad es sólo una circunstancia de mi vida..., aunque muy condicionante.

¿Hasta qué punto?
Tres días por semana, cuatro horas por día, yo los paso conectado a un riñón  artificial, una máquina en un hospital.

¿Qué pasaría si no acudiese a esa cita?
¡Moriría! Mi riñón no filtra líquidos tóxicos del organismo: mi sangre se  envenenaría, mi cuerpo se hincharía y los órganos fallarían, se colapsaría el corazón...

¿Desde cuándo vive así?
Desde hace tres años, cuando mi riñón trasplantado dejó de funcionar.

¿Vivía con un riñón trasplantado?
Sí, desde los 21 años. Y me ha hecho muy buen servicio: ¡durante veinte  años he llevado una vida normal! Incluso diría que he hecho más cosas que la mayoría: carrera, doctorado, trabajos, matrimonio, docencia universitaria, siete libros publicados, viajes...

¿Y ahora?
Ahora estoy muy limitado: en mi dieta, en mis movimientos... No puedo  comer verdura y fruta, pocos líquidos (¡siempre siento sed!). Dieta de  maratoniano: pasta, arroz, pan, con pequeñas porciones de proteína.

¿Hay algo que ahora lamente no haber hecho antes, cuando podía hacerlo?
¡Habría viajado más! Lo añoro. Ahora no puedo viajar. Más de tres días  alejado de la máquina de hemodiálisis, ¡y estoy muerto!

¿Adónde iría?
Escandinavia, Italia, Praga, Berlín... Y a Villa Lumina, en Oaxaca (México): hay allí un precioso bungalow frente al Pacífico, entre cormoranes, delfines y  pelícanos, donde pasé unos días prodigiosos con amigos...

¿Qué más haría?
¡Nadar! Llevo un catéter en la vena cava, para conectarme a la hemodiálisis, y no puede mojarse.

¿Deja esta enfermedad huella en su obra literaria?
La sensibilidad se exacerba, he madurado como escritor... Admiro al Umbral  que escribió sobre la muerte de su hijo en 'Mortal y rosa', obra de arte brillante y honda, sin máscara. Pero para escribir hay algo imprescindible: la ausencia de dolor físico.

¿En qué quedamos?
No se puede escribir nada en lo peor de una gripe. Pero la literatura es una muleta ante el dolor de la existencia. ¡Ojalá no hiciese falta la literatura...! Los dioses no escriben...

¿Le ayuda su enfermedad a escribir?
Yo siempre me quejaba de no tener tiempo para escribir... y esta enfermedad  me ha dado todo el tiempo. ¡Qué bromista es la vida!

¿Qué más le ha traído la enfermedad?
Compañeros de hemodiálisis impresionantes. Diez personas sentadas en  nuestros sofás durante horas, sin alternativa. Me dan una lección diaria de entereza, dignidad y humor. Cada gesto, cada mirada adquiere un valor brutal. ¡Verdaderos camaradas...!

¿Qué ha aprendido con ellos?
Que voy a jugar a fondo las cartas que me reparte la vida a cada instante. Y que el humor salva. ¡Todos los días allí nos reímos...!

¿En quién piensa?
En Gregoria, una adorable señora mayor con la que coincido en hemodiálisis, que el otro día nos soltaba: “Pero, a ver..., ¿cuándo nos sacarán de aquí...?”. Ja, ja, ja...

¿Es eso posible?
Sólo con un trasplante –a más edad, menos viable– o bien con la llegada del  día en que células madre puedan generar un riñón.

¿Ha vivido alguna situación extrema?
El primer año padecí infecciones, operaciones consecutivas, ¡un infierno hospitalario! Cuando tienes el alta, te asomas a la calle... y ves que la gente va en bicicleta, camina... Percibes que el río de la vida ha seguido fluyendo sin ti, y que ahora tú te reincorporas a su flujo y es... ¡es fantástico!

¿Llegas a sentir que caminar por la calle es un privilegio?
Lo es. ¡La vida es un regalo corto y precioso!

¿Cómo es su vida cotidiana ahora?
Gimnasio (me conviene sudar), paseos por el campo, leer muy buena  literatura y... lo mejor: sentarme al ordenador a escribir. ¡Escribir es un acto vitalista, de afirmación en la vida, incluidos Cioran, Houellebecq...!

¿Piensa a menudo en la muerte?
Ya he pedido que, si muero, lo sepan enseguida mis camaradas de  hemodiálisis. Un día no apareció uno, Francisco, y estuvimos intrigados y preocupados durante días...

¿Qué pasó?
Había muerto. Y los médicos no nos dijeron nada. Le dedico mi libro. ¡Qué falta de humanidad!: ¿no entienden los médicos que entre los pacientes se crea una fraternidad intensísima? Los médicos son técnicamente buenísimos, pero fallan en la información y la comunicación personal, en lo emocional. ¡Yo le daría una paliza al doctor House!

Desde su actual perspectiva: ¿qué es lo mejor que diría que ha hecho en su vida?
¡Adoptar a mi hija, Alejandra! Fuimos a China a buscarla. Es amor  incondicional. Vive en Madrid con su madre, y alejarme físicamente de ella es siempre lo más duro... La veo los fines de semana.

¿Qué consejo daría a alguien que esté a punto de ingresar en un hospital?
Afróntalo como una oportunidad para mejorar personalmente.

¿Así lo hace usted?
Y fantaseo: hasta pienso que la sangre de mi hemodiálisis es el alimento que sustenta todo el sistema hospitalario y sanitario, ja, ja...

Fuente:La Vanguardia.es

6 comentarios:

  1. Espero y deseo un descubrimiento para que el sufrimiento en las personas desaparezca.
    La enfermedad nos da la capacidad de ver la vida de otra manera y entenderla diferente, a la vez de fortalecernos interiormente. No es ningún consuelo, pero se debe aprender a vivir con ella lo mejor que se pueda y el medio espiritual es una forma que puede ayudar mucho.
    Un abrazo Ana, hoy triste entrada pero real, existe. El sufrimiento, la voluntad, el esfuerzo en las personas que padecen de alguna manera debe ser el motor para tirar siempre adelante y superarse.

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  2. Tienes mucha razón; la enfermedad nos hace ver la vida de otra forma y para los que sois escritores os debe influir mucho.
    Muchas gracis por tu comentario,Mari y gracias por estar ahí.
    Un abrazo

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  3. Una enterevista que deja sin aliento. Rezuma dignidad, serenidad, humanidad y unas ganas locas de vivir. De sorber minuto a minuto cada oportunidad que se presenta. Es contagioso.
    Y siempre cuando leo estos testimonios ejemplares me doy cuenta del valor de la vida y de nuestro día a día.
    Un beso

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  4. Hola Katy.
    Sí, es una entrevista muy humana y real.
    Además, su libro "Diario del hombre pálido", donde cuenta en una especie de diario no cronólogico su vida en diálisis, es genial. Yo acabo de leerlo y me ha encantado.
    Un abrazo

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  5. Gracias por esta entrevista. Yo también estoy en diálisis peritoneal. Es un poco menos dura que la hemodiálisis debido a que la dieta es mejor y te da más libertad durante el día.
    La enfermedad te hace fuerte y no debemos perder las ganas de vivir. La ilusión, que la ciencia avance para que se puedan regenerar los riñones enfermos.
    Yo soy maestra de vocación y he dejado de trabajar. Ahora me he convertido en una cocinera por afición y obligación. La vida es así y hay que aceptarla como viene.
    Un beso

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  6. Hola Marisa. Muy buen comentario, eso ayudará a otras personas a seguir adelante. Tienes mucha razón en que la vida hay que tomarla como viene, y que nunca debemos perder las ganas y la ilusión por vivir.
    Yo me he hecho los dos tipos de diálisis, y la peritoneal como tu dices es menos dura y tienes más libertad.
    Por cierto, como dices que te gusta la cocina podias pasarme alguna receta apta para enfermos renales que yo la colgaría en tu nombre.
    Un abrazo

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