miércoles, 31 de enero de 2018

Verduras congeladas


La alimentación para un enfermo renal es bastante complicada, sobre todo en la época de prediálisis y diálisis, ya que uno de los minerales que se acumula en nuestro cuerpo es el potasio, además del fósforo, pudiendo provocar debilidad muscular, hormigueos, palpitaciones... Controlar adecuadamente la cantidad que se consume es fundamental.

El potasio, como ya comenté en otro artículo, se encuentra sobretodo en alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, alimentos precocinados, bebidas gaseosas...

Hoy voy a hablaros de las verduras congeladas; es un buen método para eliminar más cantidad de potasio. Se pueden utilizar verduras frescas, y se congelan bien limpias, o bien se pueden utilizar productos ultracongelados, siempre que no sean platos de verduras precocinadas.

Las verduras congeladas tienen la ventaja de que ya están limpias, enteras o troceadas y listas para su cocción en agua hirviendo (en nuestro caso, remojo y doble cocción). Además, como entre la recolección y la congelación transcurre muy poco tiempo, estos productos conservan muy bien las cualidades nutritivas de las verduras y legumbres frescas, siendo incluso superior su contenido en vitaminas. Por poner un ejemplo, las espinacas frescas pueden llegar a la tienda varios días después de su recolección, por lo que la cantidad de vitamina C que aportan será menor que la que proporcionan unas espinacas congeladas.
Lo que si hay que evitar, son los alimentos precocinados, porque además de contener una cantidad enorme de potasio y fósforo añadidos, contienen más grasas y bastante más sal.

Las verduras congeladas están libres de conservantes, ya que el frío es su método natural de conservación. Es más, la mayoría no tienen ni aditivos, ni sal agregadas. Por ello son muy aconsejables para los enfermos renales.

El proceso de ultracongelación comienza en el mismo momento en que se realiza la recogida de las verduras, desde donde se trasladan a las fábricas, y allí las verduras se lavan concienzudamente, se escaldan, para después someterlas a ultracongelación, es decir, a temperaturas inferiores de -20 ºC, lo que aumenta la vida útil de los alimentos y evita que los microorganismos se desarrollen. Todo ello, realizado con estrictas medidas de seguridad.

Para descongelar la verdura y que pierda más potasio, se puede dejar a temperatura ambiente, o meter en agua durante unas horas, dependiendo del tipo de verdura o legumbre. Por poner un ejemplo: el brecol, lo dejo a temperatura ambiente porque al meterlo en agua queda muy blando (aunque alguna vez lo he hecho), y los guisantes, los pongo en remojo un rato y quedan perfectamente bien, consiguiendo rebajar, aún más, el nivel de potasio.

Y para aumentar el sabor de todas estas verduras y legumbres, y para sustituir a la sal, debemos tener en nuestra despensa todo un arsenal de condimentos, especias e hierbas aromáticas, que aportarán esa "chispa" a nuestras comidas.



Ana Hidalgo


miércoles, 24 de enero de 2018

Pausa relativa






La fuerza de la voluntad, estar en acción y tener mucha constancia, es algo que continuamente os aconsejo y por supuesto, practico. Sin embargo, a veces, lo que nos pide el cuerpo es "dejar de hacer", descansar y relajarnos.
De vez en cuando es bueno hacer una pausa relativa, y en vez de hacer deporte o ejercicio intenso, se puede pasear, caminar tranquilamente o bailar en casa al ritmo de una suave música. Sobre todo, después de pasar un tiempo enfermos, con algún resfriado, alguna gripe, infección estomacal... debemos pararnos y aprender a descansar sin sentir remordimientos de conciencia.

En esa circunstancia me encuentro actualmente; después de estar pasando (porque no hay manera de que me lo quite de encima) un más que molesto resfriado, no tengo ganas de acudir al gimnasio.  El lunes lo intenté, más por cabezonería que otra cosa, pero pude comprobar que no estaba al cien por cien... ni al cincuenta por ciento... ¡Madre mía, que cansancio! Cómo puede, un simple resfriado, dejarme tan "echa polvo".
Es un gran desafío para mí, ya que soy muy activa y enérgica y no estoy muy acostumbrada a detenerme, sino que me gusta estar en continuo movimiento.

Así que, debo tomarlo con paciencia y sí, claro que hago ejercicio, saco a mi perrita a realizar sus caminatas diarias...  Eso ya es algo y en unos días volveré a tener mis magníficas energías.

Si la vida te pide parar... escucha el mensaje y actúa en consecuencia



Ana Hidalgo  


jueves, 11 de enero de 2018

Vencer la apatía y la pereza




Como cada día, esta mañana ha sonado el despertador; con ojos soñolientos, lo apago y pienso: - "me tengo que levantar que tengo miles de cosas que hacer"-.

Al final pasan cinco minutos cuando, poco a poco, comienzo a levantarme. Soy una persona que me gusta cumplir con mi horario y que tengo bastante fuerza de voluntad, aunque a veces no estoy en las mejores condiciones. Pero siempre pienso que hay que ponerse las pilas y funcionar, que la vida está para vivirla y no para quedarse estancado quejándose del cansancio y de los problemas.

Una vez levantada, realizo mis estiramientos, cinco minutos cada día, consiguiendo revitalizar todos mis sentidos y  que se "despierten" mis músculos y huesos aletargados por tantas horas en la misma postura... en esos momentos noto las agujetas que el zumba de la tarde anterior me ha dejado de recuerdo. No me desagradan, pero... ¡ cómo duelen, corcho!

Poco a poco me activo y me pongo en marcha, no dejo que la pereza y el cansancio me venzan. Si tengo que ir más despacio, voy, pero yo cumplo mi rutina y mis tareas.

Es difícil, para las personas con una enfermedad crónica, no dejarse vencer por la apatía y la pereza cuando no se está en las mejores condiciones (por un resfriado, una anemia, una infección, un dolor muscular, diálisis...) Pero lo peor que puedes hacer es, sentarte en el sofá o quedarte en la cama todo el día sin moverte, porque no tienes ganas de hacer nada o estás cansado.
Poco a poco, hay que ir realizando las actividades que se puedan, y aunque parezca contradictorio, hacer  algo de ejercicio suave ayuda a fortalecerse y tener más energía. Si no estás suficientemente en forma, caminar 30 minutos, o una sesión de yoga, pilates o taichi, te pueden ayudar a recuperar las energías más rápidamente.

En cambio, si te encuentras demasiado mal, no es conveniente moverte. Hay que reposar hasta que el cuerpo se recupere de nuevo. Un esfuerzo sobrehumano tampoco es conveniente. Si tienes mucho dolor y malestar, es mejor descansar y tener paciencia.

Todos pasamos momentos de sentirnos apáticos, desganados o simplemente cansados, por diversos motivos, bien sea por la anemia, por una mala noche, o por el trabajo...

En resumen puedo decir que, después de un pequeño esfuerzo, mi día está concluyendo de forma positiva. Parece como si a medida que pasara la jornada mis fuerzas hayan ido aumentando y a pesar del día ajetreado que he tenido, me siento mucho mejor que esta mañana.

Ana Hidalgo



sábado, 30 de diciembre de 2017

Los "no propósitos" para el 2018


Ya está aquí. Queda muy poquito para el 2018, para tirar el antiguo calendario y colgar el nuevo, lleno de buenos propósitos y de buenos objetivos.

Ahora es el momento ideal para hacer balance de todo cuanto nos ha sucedido en el año que estamos dejando atrás, el momento de plantearnos nuevas metas, nuevos compromisos, de atrevernos a hacer algo que estamos dejando de lado y de cumplir nuestros propósitos. Pero este año, en vez de aconsejarte con propósitos complicados y que cada año repites y no cumples, voy a hacerlo más sencillo, y te daré algunos consejos para objetivos que sí puedes realizar:

  • Si sabes que no vas a ir al gimnasio, ¡no te apuntes!- Cada año, muchas personas se apuntan al gimnasio para abandonarlo poco después. Si no estás convencido, en vez de gastarte ese dinero, intenta hacer ejercicio de manera que no lo notes: camina, baja una o dos paradas antes de llegar a tu destino, sube escaleras, baila con tu música favorita.
  • Aléjate de las personas que no te gustan- No te obligues a salir con personas que te caen mal o que te hacen sentir incómodo; huye de estas personas y busca la compañía de gente que te hagan reír y te ayuden en los malos momentos.
  • No te apuntes a ningún curso, si estás seguro de que no vas a poder terminarlo, ni tienes tiempo para ello- En lugar de ello, en tus ratos libres, sumérgete en la lectura. De esta forma además de enriquecerte mentalmente, adquirirás conocimiento y facilidad de palabra. 
  • Otro de los objetivos de muchas personas es viajar- Pero si durante el año no intentas ahorrar, te será complicado poder realizarlo (a no ser que seas rico). Entonces, empieza por ahorrar para conseguir ese viaje tan deseado.
  • Este es el más común de los propósitos: comenzar una dieta- Cada año te propones lo mismo y cada año fracasas en el intento. En vez de realizar una dieta estricta y "milagrosa" intenta ir poco a poco reduciendo la cantidad de comida que ingieres. No es cuestión de matarse de hambre, sino de ir cambiando poco a poco nuestra manera de comer. De esta forma ni tu salud ni tu carácter se resentirán.
  • Si tú no estás convencido, no dejes de fumar- No te comprometas con tu pareja, hijos, padres... porque ellos lo quieran. Si no te encuentras con las fuerzas necesarias para dejarlo por completo, lo mejor es que no lo hagas. Cuando estés plenamente predispuesto a ello, lo harás, ya sea principio, a mediados o final de año.


De todas formas hay propósitos que sí se deben intentar cumplir a toda costa, como el cuidar de nuestra salud y disponer un poco de tiempo para nosotros.


Y esto es todo por el momento. ¡FELIZ 2018!



Ana Hidalgo





jueves, 28 de diciembre de 2017

¡El desayuno! ¡Riiinnnngg!


Muchas personas salen de casa por las mañanas "escopeteadas", sin desayunar siquiera. La verdad es que es muy importante hacerlo, no sólo por la energía que nos ayudará a estar alertas y concentrados durante todo el día, sino porque evitará que engordemos, si nuestra intención es la de perder peso. La endocrinóloga Daniela Jakubowicz lo explica de manera muy ingeniosa:

¡Riiiinnnngg!
Suena el despertador y el cerebro empieza a preocuparse:
-"Ya hay que levantarse y nos comimos todo el combustible'"...
Llama a la primera neurona que tiene a mano y manda mensaje a ver qué disponibilidad hay de glucosa en la sangre.

Desde la sangre le responden:
-"Aquí hay azúcar para unos 15 a 20 minutos, nada más". 

El cerebro hace un gesto de duda, y le dice a la neurona mensajera:
-"De acuerdo, vayan hablando con el hígado a ver qué tiene en reserva". 

En el hígado consultan la cuenta de ahorros y responden que "a lo sumo los fondos alcanzan para unos 20 a 25 minutos". 

En total no hay sino cerca de 290 gramos de glucosa, es decir, alcanza para 45 minutos, tiempo en el cual el cerebro ha estado rogándole a todos los santos a ver si se nos ocurre desayunar.
Si estamos apurados o nos resulta insoportable comer en la mañana, el pobre órgano tendrá que ponerse en emergencia:
-"Alerta máxima: nos están tirando un paquete económico. Cortisona, hija, saque lo que pueda de las células musculares, los ligamentos de los huesos y el colágeno de la piel". 

La cortisona pondrá en marcha los mecanismos para que las células se abran cual cartera de mamá comprando útiles, y dejen salir sus proteínas. Estas pasarán al hígado para que las convierta en glucosa sanguínea. El proceso continuará hasta que volvamos a comer.
           
                                    ...........................................

Como se ve, quien cree que no desayuna se está engañando: Se come sus propios músculos, se auto devora. La consecuencia es la pérdida de tono muscular, y un cerebro que, en vez de ocuparse de sus funciones intelectuales, se pasa la mañana activando el sistema de emergencia para obtener combustible y alimento.

¿Cómo afecta eso nuestro peso? Al comenzar el día ayunando, se pone en marcha una estrategia de ahorro energético, por lo cual el metabolismo disminuye. El cerebro no sabe si el ayuno será por unas horas o por unos días, así que toma las medidas restrictivas más severas.

Por eso, si la persona decide luego almorzar, la comida será aceptada como excedente, se desviará hacia el almacén de 'grasa de reserva' y la persona engordará.

La razón de que los músculos sean los primeros utilizados como combustible de reserva en el ayuno matutino se debe a que en las horas de la mañana predomina la hormona cortisol que estimula la destrucción de las proteínas musculares y su conversión en glucosa.

Así que ya lo sabes ahora... nunca más salgas sin desayunar, tu organismo te lo agradecerá y compensará con mayor salud.

Desayunando temprano, llevarás energía suficiente misma que te ayudará a que tu mente sea más ágil, tus pensamientos más espontáneos, tu cuerpo más relajado, con mayor facilidad de movimiento y por lógica... te estresarás menos.

Fuente: Dra. Daniela Jakubowicz (Endocrinóloga)


Ana Hidalgo



martes, 19 de diciembre de 2017

¡Felices Fiestas a todos!



Estamos entrando en las Fiestas Navideñas... y ya casi tenemos encima la Nochebuena y la Navidad; por ello, quiero aprovechar para transmitir, desde este pequeño rinconcito de mi blog, un poco de fuerza positiva y un rayo de felicidad en vuestras vidas, ya que en la actualidad es algo que hace mucha falta, por desgracia.

Para mí, estas fechas, además de todos los momentos especiales, las compras, los regalos, las comidas... suponen un año más que estamos aquí, un año más que estamos vivos y un año más que estamos para contarlo.Y tú, si estás leyendo esto, es porque has superado un montón de obstáculos en este año anterior y porque estás aquí y ahora.

Así que mi deseo es que estos días sean lo más felices posible y que podáis disfrutarlo con la familia y los amigos y, sobre todo, con la salud necesaria para ello. Que no penséis en lo que os falta y sí en lo que tenéis.

No os olvidéis de reír, abrazar, perdonar, querer, colaborar, besar... y disfrutar

Y para los que estáis en diálisis o en pre-diálisis...¡Cuidadín con el potasio, fósforo y los líquidos! Pasadlo bien, pero sin sobrepasar los límites permitidos.

¡Ojalá que el próximo año todos aquellos que necesitan un órgano para vivir sean trasplantados!
Y aquellos que todavía no son donantes, en el 2018 se animen a serlo.

Desde aquí, abro los brazos para daros a todos un fuerte abrazo y desearos, de nuevo, unas
                                            ¡¡FELICES FIESTAS!!



Ana Hidalgo



jueves, 14 de diciembre de 2017

Cuando tienes cita con el médico


Tienes cita con el médico (nefrólogo), y por la mañana, al levantarte de la cama ya comienzas a sentir un "run-run" en el estómago. -"No estoy nervioso, todo va a ir como siempre" -te dices tú mismo en un intento vano de  auto-convencerte y de tranquilizarte.

Antes de acostarte ya habías preparado todo lo necesario para la visita (papel de las medicaciones, tensiones anotadas, lista de preguntas que quieres hacer, lectura para pasar el tiempo...) Es importante ir bien preparado y que no se olvide nada.
Has dormido bien y has procurado no pensar demasiado en el día siguiente, ni en la visita médica del día siguiente, pero al levantarte ya tienes esa molesta sensación en la boca del estómago, como las mariposas de cuando estás enamorado, pero más desagradable.

Estás harto de hospitales y médicos. Llevas toda la vida, o mucho tiempo, enfermo y no hay manera de relajarte ni templar los nervios, aunque a simple vista no lo parezca.
Una revitalizante ducha y un buen desayuno no contribuyen a mejorar tu estado de inquietud. Algo que te ayuda mucho a relajarte es escuchar música, así que te plantas tus auriculares y pones tu música preferida.

Antes de salir de casa, compruebas de nuevo todo lo que tienes que llevar, incluyendo la lista con todas las preguntas o dudas, que entre visita y visita se te plantean y que no quieres olvidar preguntar al médico.

Y que no falte un buen libro, la tableta, el lector electrónico o una revista... de alguna manera hay que entretenerse mientras esperas en la sala de espera, valga la redundancia.

De camino hacia el hospital o a la consulta médica, la sensación en el estómago va subiendo hacia el corazón. Notas que tu nerviosismo e inquietud se acrecienta. Es algo tenue pero en cada visita médica ocurre lo mismo; no tienes manera de controlarlo. Muchas veces te dicen que hagas meditación, pero bueno, en un autobús o en un coche no vas a ponerte con las piernas cruzadas, los dedos juntos y empezar a cantar el mantra "Oooommmm"... La verdad es que no quedaría muy bien visto.

Llegas a la consulta, normalmente abarrotada, y te sientas en unas sillas de esas que están unidas, muy incómodas, y que si se mueve una se mueven todas. Si hay alguien que se balancea, todos los demás se mueven con su vaivén. No resulta agradable, estar meciéndose aunque no te apetezca. Te dan ganas de decirle al que se está moviendo, que sólo te falta el "meneíto" para terminar de ponerte nervioso.

Llega tu turno y te levantas de forma precipitada; cierras el libro, se te cae el abrigo, vas arrastrando la bufanda, casi te tropiezas... mientras dices -yo, yo, ya voy-... Y piensas: "para que corro si voy a entrar de todas formas".

El corazón te late con fuerza (por eso a muchos nos sube la tensión en consulta) y te sientas mientras esperas que el médico termine con el ordenador. Lo miras, casi aguantando la respiración, y cuando dice las palabras esperadas y deseadas "el riñón está bien", sueltas todo el aire retenido y te relajas en la silla.
Entonces es cuando comienzas con todas tus preguntas, mucho más relajado y contento.

Una vez terminada la consulta, mientras estás esperando en la cola para nuevas citas y nuevos análisis, te dices que la próxima vez vendrás más relajado. Aunque luego volverá a pasar lo mismo


¿Te pasa a ti? ¿Te sientes identificado/a?

Es muy común en los trasplantados tener sensaciones parecidas. Es la incógnita de saber cómo han salido los resultados.


Ana Hidalgo





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